Temas Especiales

05 de Ago de 2021

América

'En la primera línea'

El analista y excontralor de Cali sostuvo un encuentro con un grupo de jóvenes que conforman la 'primera línea' de las protestas en Colombia, quienes le contactaron tras una entrevista con este medio. Según Duque Jaramillo, los jóvenes colombianos no están interesados en tumbar al gobierno, lo que quieren es educación, salud y trabajo.

Fernando Duque Jaramillo estuvo en “la primera línea”, esa que enfrenta directamente a la fuerza policial, al escuadrón antimotines, son los jóvenes que reciben balas.

Fernando Duque Jaramillo.Cedida

Con cierta satisfacción, este colombiano, estudioso de las ciencias políticas, relata que se encontró con jóvenes cuya aspiración no es tumbar al Gobierno colombiano, pues ellos ni siquiera saben cómo se hace eso. Lo que reclaman es que se les reconozca como sujetos sociales y que se les dé la oportunidad de estudiar, trabajar y contar con un buen sistema de salud... “no quieren más nada”.

Y es que, en Colombia, los jóvenes tienen un panorama sombrío e incierto. Se sienten como los excluidos de la tierra.

Dos aspectos llamaron poderosamente la atención de lo ocurrido en el encuentro, según Duque: uno, la participación activa que tienen las jóvenes en el movimiento y el hecho de que los muchachos manifestaron su intención de terminar con las protestas, pero tienen temor de que les suceda lo mismo que ocurrió con los líderes del paro de Buenaventura (del 16 de mayo al 6 de junio de 2017), quienes, una vez finalizado el movimiento, fueron asesinados uno a uno.

Un punto que también resalta el analista es que los jóvenes no están solos: hay abogados, personal médico y paramédico, profesores universitarios, intelectuales... todos están muy cerca del fenómeno. Hay gente que lleva alimentos, medicinas, y personal dedicado a la salud integra lo que se denomina la “cuarta línea” con el establecimiento de “misiones médicas”, las cuales son hospitales improvisados que brindan las primeras atenciones a quienes resulten heridos.

Doctor Duque, entendemos que se ha reunido con integrantes de la llamada “primera línea” de las barricadas en Cali, ¿cómo se produjo el acercamiento?

Fui contactado por un abogado amigo. Me dijo: “Los jóvenes de las barricadas leyeron una entrevista que le hizo La Estrella de Panamá y desean hablarle”.

¿Cómo discurrió la conversación?

Acordamos unas reglas de actuación. No grabaciones, nada de nombres ni direcciones ni teléfonos. Todos los asistentes tenían cabeza y rostro cubiertos, de manera que tan solo pude ver sus ojos. Se definió que no se trataba de una discusión. Tan solo de ofrecer sus opiniones y conocer la percepción de “ustedes, los viejos”.

¿Cuántas personas hubo y de quiénes se trataba?

Unas 12 personas. Mitad hombres, mitad mujeres. Un representante de un colectivo de abogados penalistas. Un profesor de ciencia política y una filósofa, directora de grupos de investigación de Colciencias. Los jóvenes, estudiantes de sociología, de derecho, de comunicación social y de ciencias sociales. Habitantes de barrios cercanos a los bloqueos de La Luna, de Puerto Resistencia y del Paso de Comercio. Los duros-duros.

¿Universitarios en la primera línea?

Por supuesto, esa es una parte del drama. Justamente este aspecto está en la base, en la génesis del estallido social. Es la incertidumbre de presente y de futuro. “Sin nada nacimos, sin nada vivimos y, por lo visto, sin nada moriremos”. Así se ven y tal condición es compartida por todos, sin importar si son o no instruidos, si tienen o no trabajo, si tienen hogar o duermen bajo los puentes o en los parques.

Y, observe, después de más 45 días en las barricadas, no hay representación ni juvenil ni popular en el Comité Nacional de Paro, ni han logrado ningún acuerdo. Aunque hay que reconocer que el alcalde de Cali está hablando con ellos, en una postura constructiva y no negacionista, tal como lo es la del Gobierno nacional. Aún se encuentran en el proceso de identificar unas peticiones, “unos mínimos y unos máximos”, para llevar a la mesa de diálogo y negociación.

¿Qué plantean los jóvenes de la “primera línea”? ¿Cuál es su pensamiento?

Consideran que hay dos movimientos en el mundo con capacidad transformadora de lo social: el movimiento feminista y los jóvenes.

Aunque reconocen la capacidad del bloqueo para golpear al poder, estiman que las barricadas comienzan a perder importancia como instrumento de lucha. Más aún, adelantan una discusión en la “Unión de Resistencias” encaminada a levantarlas de forma definitiva prontamente”

Expresan que en la barricada están aprendiendo todos de todos. “Los muchachos olvidaron las rencillas”. Allí convergen varios tipos de jóvenes: los “ninis” (ni estudian ni trabajan) que conforman en gran parte la primera línea de choque con el Esmad (Escuadrón policial antimotines y antidisturbios); los universitarios; aun jóvenes que han encontrado un lugar en el sistema productivo; los integrantes de las pandillas; las barras bravas del América y del Deportivo Cali; incluso, jóvenes comprometidos con el microtráfico de estupefacientes.

En la barricada han descubierto un lugar de encuentro que los identifica entre sí y allí han superado antiguas diferencias. “Los bloqueos son una forma de expresión popular, equivalentes a la huelga en la fábrica. De otro modo no nos visibilizan”, expresan.

Destacan la entrega de las madres de los barrios aledaños, quienes montan ollas comunitarias en la “tercera línea”, para alimentar por igual a quienes combaten en la “primera línea”, a aquellos que tienen a cargo la logística en la “segunda línea” y a quienes en la “cuarta línea” –las misiones médicas– atienden a los heridos en hospitales improvisados.

Ponen de relieve cómo las familias de los barrios cercanos vacían sus despensas y sus botiquines para atender los requerimientos de la lucha. Valoran grandemente estos aspectos, porque la “Unión de Resistencias” (forma de organización que coordina a los líderes de los diferentes puntos de bloqueo) se nutre de jóvenes que nunca han estado organizados. De manera que, en la adversidad, después de poner más de 70 muertos –según sus cálculos– y centenares de desaparecidos, han ganado tres elementos que les eran anteriormente desconocidos.

¿Cuáles? 

Uno, la solidaridad. Dos, la organización. Tres, la fuerza enorme del liderazgo de las jóvenes. Liderazgo ganado en el enfrentamiento con la fuerza policial, pero reclamado igualmente con toda energía en las tareas organizacionales y en la definición de responsabilidades de manera igualitaria con los hombres.

Este último es de enorme trascendencia porque, según informaciones del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, durante el aislamiento originado en la pandemia se registran estadísticas según las cuales existen manifestaciones de violencia intrafamiliar en contra de la mujer en el 70% de los hogares colombianos.

¿Cuál es la ideología que orienta la acción de los jóvenes?

Esta pregunta desnuda una grave falencia de parte del estallido que protagoniza la juventud. No obedecen a ninguna postura ideológica conocida. No se reconocen ni de derecha ni de izquierda ni siquiera de centro. Desconfían de las tres ramas del poder público, de los organismos de control, de la fiscalía, del Órgano Electoral. Aparte de las madres que los acompañan en la “tercera línea”, no creen en “los viejos”. No creen en nadie, salvo en ellos mismos.

Reconocen los de la “primera línea” que carecen de un capital cultural como el que acreditan las juventudes de Chile y Argentina, y se han negado a conformar un comité político, porque rechazan de plano todo lo que tenga que ver con política. La mayoría de los jóvenes de 18 a 30 años invocan la democracia directa, por oposición a la democracia representativa. Su reclamo se centra en su reconocimiento como sujetos sociales, en la participación (curioso porque dicen que no quieren saber de política) y en la generación de oportunidades de salud, de educación y de trabajo.

Aunque reconocen la capacidad del bloqueo para golpear al poder, estiman que las barricadas comienzan a perder importancia como instrumento de lucha. Más aún, adelantan una discusión en la “Unión de Resistencias” encaminada a levantarlas de forma definitiva prontamente. Son varias las razones.

En primer lugar, el explicable rechazo de sectores de la ciudad por las pérdidas económicas generadas, por las serias dificultades en la movilidad interna de la ciudad, particularmente en cuanto tiene que ver con la atención de pacientes graves, y por el hastío que expresa la ciudadanía en general, lo que perjudica la protesta. “Los bloqueos perdieron efectividad y se han desgastado ante la ciudadanía”, según sus propias palabras.

Seguidamente, reconocen una degradación en los puntos de resistencia. “En la barricada están presentes todas las contradicciones propias de la sociedad”. Allí se encuentra, según su expresión, “la pobreza de la pobreza”. Por eso, tras la barricada, afloran los racismos. Cali es una ciudad hondamente fracturada. No solo desde los estratos 5 y 6 hacia los otros cuatro, sino que la población negra acusa fuertes manifestaciones de racismo y de igual modo ocurre con los indígenas. Cali, pese a su alegría, nunca fue una ciudad integrada. “Lo único que nos une es la brisa de la tarde”.

En tercer lugar, por momentos reaparecen las diferencias territoriales surgidas del microtráfico de estupefacientes. Antes del estallido del 28 de abril, los sectores populares acusaban una división territorial marcada. Los “parches” (pandillas) ejercían un dominio en determinadas áreas y, quien sobrepasara tales límites, sencillamente ponía en riesgo su integridad y hasta su vida.

Otro aspecto que robustece su desconfianza en lo institucional es la forma como “el terror”, según sus términos, recibe el apoyo del Congreso, patentizado en las dos infructuosas mociones de censura promovidas por la oposición en contra del ministro de Defensa. “Uno se acuesta pensando en dónde será la masacre mañana”.

Una vez levantados los bloqueos, ¿qué vendría?

Los jóvenes consideran que, aunque les maten a cuatro o cinco cada noche, están más seguros en la barricada que moviéndose en forma separada por sus barrios en el postbloqueo. Y hacen mención del caso de quienes lideraron el paro de Buenaventura hace cuatro años. “Durante los seis meses posteriores al levantamiento del paro, diezmaron a los líderes uno a uno. Eso es lo que no nos deja levantar los bloqueos”. “¿Cómo levantamos los bloqueos sin garantías?”, preguntaron.

UN POLÍTICO CON CRITERIO

Analista caleño, y excontralor de Cali

Nombre completo: Fernando Duque Jaramillo

Lugar de nacimiento: Tuluá (V), Colombia

Ocupación: Abogado litigante

Creencias religiosas: Ninguna

Resumen de su carrera: Abogado. Doctor en derecho y ciencias políticas de la Universidad Santiago de Cali. Cuenta con estudios de maestría en ciencia política de la Universidad Javeriana (Seccional de Cali). Fue secretario general de la Universidad del Valle, a los 26 años; alcalde de su natal Tuluá, a los 30; y contralor de Cali, después de aprobada la Constitución de 1991.