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21 de Jan de 2020

Mundo

Rige el caos y la desolación

PUERTO PRÍNCIPE. Un día después de una serie de terremotos, escenas de caos se apoderaron de las calles de la capital, ...

PUERTO PRÍNCIPE. Un día después de una serie de terremotos, escenas de caos se apoderaron de las calles de la capital, con la gente llorando y deambulando aturdida en medio de los escombros de esta ciudad empobrecida.

El presidente de Haití, René Préval, calificó la situación de "inimaginable”. En tanto, el primer ministro, Jean Max Bellerive, dijo a CNN que son “cientos de miles” los que han perdido la vida. Hasta ahora, sin embargo, no hay un recuento oficial.

Préval dijo haber caminado ayer entre cuerpos aplastados y oído los gritos de las personas atrapadas en los escombros del edificio del Parlamento, uno de los tantos que no pudo resistir el embate de un terremoto de 7 grados Richter, seguido de tres réplicas, y cuyo epicentro se situó a solo 15 kilómetros de la ciudad de Puerto Príncipe.

El primer ministro, que al igual que Préval reclamó ayuda urgente para Haití, destacó que pese a la horrible situación que se vive la población “ha reaccionado con madurez”. “La gente está tratando de ayudarse unos a otros, tratando de organizarse”, indicó.

Bellerive subrayó la importancia de que el aeropuerto de la capital vuelva a funcionar con normalidad, pues es una infraestructura imprescindible para comenzar a recibir cargamentos de ayuda humanitaria y personal especializado.

Compañías aéreas en Santo Domingo confirmaron que el aeropuerto de Puerto Príncipe está abierto, pero que solo hay un controlador aéreo operativo.

"La ciudad es muerte. Una parte de Haití se ha destruido", afirmó el portal Haiti Press Network (HPN), uno de los pocos que ha podido actualizar sus informaciones, pues la red de telecomunicaciones ha colapsado.

También se han venido abajo o han resultado dañados cientos de edificios, entre ellos algunos tan significativos como la catedral de Puerto Príncipe, el Palacio Presidencial o la sede de la ONU, además de ministerios, hoteles y escuelas.

Ayer, la historia de Ruddy Bennet, un dominicano atrapado bajo los escombros de unos de los principales hoteles de Puerto Príncipe, el Montana, acaparó por un momento los medios, ya que éste logró comunicar su situación a través de mensajes de texto enviados a otros dominicanos desde un teléfono móvil.

Por su parte, la emisora Radio Metropole señala en su web que mientras la ayuda internacional comienza a organizarse, “los haitianos apilan los cadáveres en las calles devastadas de la capital y otros buscan sobrevivientes y muertos entre las ruinas”.

“El caos reina en las calles de Puerto Príncipe, donde varias decenas de miles de personas están en la calle, incluidos heridos graves que reclaman atención médica”, agregó Radio Metropole.

Entre los pocos fallecidos cuya identidad está confirmada está el arzobispo de Puerto Príncipe, Serge Miot, de 61 años. Además, el jefe de la Misión de Estabilización de la ONU en Haití (MINUSTAH), el tunecino Hedi Annabi, fue dado por muerto como consecuencia del derrumbe del edificio del organismo internacional a causa del terremoto, según el ministro francés de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner.

A ellos se suman diez militares brasileños, tres jordanos y un haitiano que trabajaban en la misión de la ONU, así como un gendarme argentino, cuyas muertes están confirmadas.

Además, otros 56 miembros de la misión de paz de la ONU en Haití (Minustah) resultaron heridos y siete fueron evacuados fuera del país.

La Federación Internacional de la Cruz Roja calculó desde Ginebra que puede haber hasta 3 millones de damnificados, especialmente en la capital, Puerto Príncipe, mientras que la reaseguradora alemana Hannover Rückversiger se atrevió a hacer una estimación de los daños que le supondrá esta tragedia: hasta 29 millones de dólares.

En tanto, haitianos en el exterior esperaban ansiosos por noticias sobre sus familiares en la isla. Por los amplios apagones y cortes en el servicio telefónico, era difícil conseguir detalles sobre la situación.

Entre estos estaba Edwidge Danticat, laureada escritora de origen haitiano, quien reunió a familiares y amigos en su residencia de Miami, sin poder comunicarse con sus parientes en Haití.

“Uno quisiera ir allí, pero debe esperar”, dijo. “Lo peor es no tener información”.