El movimiento telúrico ocurrió a las 7:34 a.m., hora local, y tuvo una profundidad estimada de 76 kilómetros
- 10/12/2008 01:00
PAKISTÁN. Mumbai ya no arde en llamas, pero la huella de desolación y temor continúa en una ciudad que salió a marchar por la muerte de 188 personas en cuatro días. Pero mientras trata de recuperarse, otro tema ha pasado al tope de la agenda.
Las crecientes tensiones con Pakistán sobre los responsables de los atentados tienen al mundo con los ojos bien abiertos, y a la región más volátil del mundo cerca de una crisis.
El diario The New York Times lo explicó claramente en un artículo reciente: “Las tensiones entre India y Pakistán están en su peor momento desde 2001, cuando un ataque suicida en el Parlamento indio los empujó cerca de la guerra”.
Actualmente hay analistas que temen que los dos gobiernos vuelvan a movilizar tropas a sus fronteras, como ocurrió en 2001, y se acerquen a un nuevo enfrentamiento.
Para algunos expertos consultados por SEMANA es poco probable este escenario, aunque la situación entre los dos vecinos nucleares se vuelve cada vez más tensa.
India, que afronta una crisis política por las fallas de seguridad que permitieron los ataques, incluso ya afirmó que está dispuesta a actuar decisivamente para proteger su territorio. Pero en este momento las miradas están puestas en Pakistán y en sus grupos extremistas.
“Este es el momento para que todos cooperen y lo hagan transparentemente, y es especialmente un momento para que lo haga Pakistán”, explicó la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, en su viaje a Nueva Delhi el miércoles. Los consejos de Rice no son en vano.
Desde los primeros momentos del ataque a Mumbai, cuando las fuerzas de seguridad todavía combatían a los hombres armados en el majestuoso Hotel Taj Mahal Palace, se especuló sobre un vínculo con grupos armados paquistaníes.
Incluso, las autoridades indias explicaron que el único terrorista sobreviviente, hoy detenido, proviene de la provincia paquistaní de Punjab, se entrenó junto a sus compañeros en ese país islámico y salió originalmente del puerto de Karachi hacia India.
Las estimaciones indias apuntan a una facción terrorista, Lashkar-e-Toiba (LeT), ligada con Al-Qaeda y basada en Pakistán. Es un grupo creado con asistencia de la agencia de inteligencia paquistaní (ISI), que busca liberar a Cachemira del dominio indio.
Todas estas relaciones complican aun más el ya difícil panorama.
“Por eso, un proceso de paz genuino y real en la región, entre India y Pakistán, también debe incluir a Afganistán”, explicó a SEMANA Vijay Prashad, experto en historia del sur de Asia del Trinity College, en Connecticut, Estados Unidos. El gobierno en Islamabad negó de tajo cualquier participación oficial en el caos de Mumbai y rechazó la petición india de entregar a 20 sospechosos de terrorismo como gesto de buena voluntad. Sólo ofreció toda su colaboración y propuso una investigación conjunta, ofrecimiento que no le ha servido para frenar las acusaciones en su contra ni la firme presión internacional.
Es conocido que los grupos extremistas que tienen en jaque a la región se mueven libremente en Pakistán.
Ha hecho carrera una interpretación según la cual quienes se verían más favorecidos por una confrontación de India y Pakistán serían Al Qaeda, y sus protectores los talibanes de Afganistán. Según esa teoría, un enfrentamiento con su vecino del este obligaría a Asif Ali Zardari a trasladar los 100.000 soldados que tiene en su frontera con Afganistán, lo que les quitaría presión a los terroristas y, en especial, a su máximo líder, Osama Ben Laden. Eso explicaría que Rice hubiera viajado de urgencia a aplacar los ánimos. El hecho de que en el momento del ataque avanzaba el acercamiento de India y Pakistán parece confirmar esa tesis. En octubre se reabrió una línea férrea y una carretera en la frontera y desde la posesión de Zardari se había dado un paso adelante en las conversaciones. Justo el día de los ataques terroristas en Mumbai, los ministros de Relaciones Exteriores de India y Pakistán estaban reunidos para planear estrategias contra el terrorismo y discutir el espinoso tema de Cachemira.
Pero los avances están en la cuerda floja tras los recientes atentados. Los diálogos han dado paso a un juego de incriminaciones, y la ofensiva terrorista está generando tensión entre los dos vecinos. “Con toda seguridad los ataques significan un retroceso serio en el proceso de paz de cuatro años”, comentó a SEMANA Wilson John, de la Observer Research Foundation, basada en Nueva Delhi. Y esa noticia, en una región conflictiva por naturaleza y con dos poderes nucleares, es un tema de mucha preocupación.