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03 de Jun de 2020

Nacional

La “guerra espectáculo”

En EEUU la invasión militar norteamericana de Panamá en 1989 fue considerada un triunfo de la Casa Blanca y, en particular, del presiden...

En EEUU la invasión militar norteamericana de Panamá en 1989 fue considerada un triunfo de la Casa Blanca y, en particular, del presidente Bush (padre). Los medios destacaron la eficacia del operativo contra un hombre tan “peligroso” como Manuel A. Noriega. Los críticos de Bush fueron silenciados y el “triunfo militar” despertó entusiasmo en ambos partidos políticos de ese país. El Congreso aplaudió la “fortaleza” demostrada por Bush y las encuestas de opinión reflejaron un apoyo del 80 por ciento de las personas consultadas.

Para los observadores más serios, sin embargo, la invasión fue considerada como una caricatura de “guerra diversionista”. Fue concebida, planeada y ejecutada por razones de política interna de EEUU. Una guerra diversionista es promovida y desatada por un líder político con “el propósito de lograr objetivos diplomáticos omilitares que pueden contribuir a solucionar sus problemas políticos domésticos”.

En el caso de Panamá, las razones que EEUU ofreció para justificar la invasión fueron banales y sin mayor sentido. ¿Qué justifica entonces el uso de una fuerza abrumadora contra un país que no representaba una mayor amenaza para EEUU? Bush invadió a Panamá bajo el supuesto falso de defender la democracia, de restaurar el orden y de defender a ciudadanos norteamericanos que residían en este país. Los hechos demuestran que esos objetivos, en realidad, no eran los que perseguía EEUU.

La invasión Panamá pretendía recordarle al mundo que Washington continuaba siendo hegemónica en el hemisferio. Además, la invasión militar demostraba que EEUU contaba con un líder, el presidente Bush (padre), decidido a “sobrematar” (over-kill) cualquier adversario. Panamá fue escogido en aquellas circunstancias para lograr esos objetivos políticos que le devolvieran al ocupante de la Casa Blanca su prestigio y posibilidades de reelegirse en las próximas elecciones.

La alianza de EEUU con los partidos políticos tradicionales y la Cruzada Civilista dio como resultado un híbrido político – todavía vigente - que reemplazó a las Fuerzas de Defensa. Esa alianza que cumple 20 años en el gobierno, a pesar de las alternancias en el poder, reproduce gran parte de las políticas desarrolladas por Noriega en la década de 1980: El tráfico de drogas, el neoliberalismo, la creciente violencia, el incremento de la pobreza, los servicios bancarios y la corrupción en todos los estratos gubernamentales y del sector privado.