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18 de Apr de 2021

Nacional

Vengo de Panamá

errando la trilogía de poetas que mencionaron a Panamá en el siglo XVII, tenemos que el famosísimo, por sus poesías (A una nariz, Podero...

errando la trilogía de poetas que mencionaron a Panamá en el siglo XVII, tenemos que el famosísimo, por sus poesías (A una nariz, Poderoso caballero es don dinero, etc.), Francisco Quevedo, también mencionó el nombre de Panamá.

Su fama suele ser vinculada con lo satírico, los chistes, los sarcasmos y mucho de ello hay. Sin embargo, como lo comentan especialistas ‘quienes se quedan en una lectura superficial, ignoran que el sarcasmo y el humor fueron a menudo las actitudes que aquel gran español adoptó para desahogar su desengaño o su dolor ante la sociedad, la política y la cultura nacionales que habían entrado en franca decadencia’. (Literatura Española, Fernando Lázaro).

Hace años leíamos un artículo del humanista Fermín Azcárate (q.e.p.d.) en el que hacía referencia a la ‘historia de Panamá, unitaria y conocida’ y ‘que lo digan Quevedo y Lope de Vega’. Pregunté sobre la razón de su afirmación y me respondió que ambos autores (Lope y Quevedo) incluyeron entre sus escritos a Panamá; si desde ese tiempo ya ellos hablaban de Panamá ¿Cómo se va a decir que Panamá —nación y ciudad— empezó a existir en 1903?, preguntó para contestar.

En la sexta edición de Aguilar de las Obras en Prosa de Francisco de Quevedo aparece publicado ‘El discurso de todos los Diablos o infierno enmendado’.

Motivado por la acción de un censor contra la obra, Quevedo se vio obligado a cambiarle el nombre: ‘El entremetido, la dueña y el soplón: discurso del chilindrón legítimo del enfado’. Pues bien, en el ‘Discurso de todos los diablos o infierno enmendado’, de la edición Aguilar arriba citada, aparece cuando habla el ‘poeta de pícaros’, diciendo: ‘¿Y llámanme a mí el poeta de pícaros, porque sin gasto ni daño alegro y entretengo barato y brioso con Vengo de Panamá, y De qué tienes dulce el dedo y Don don Camaleón, y otras letrillas traviesas de son y comederas?’.

Una especialista en la obra de Quevedo ha comparado el ‘Discurso de todos los diablos’ con la técnica de otra de sus obras: Los sueños. Sostiene que ‘satiriza a la humanidad’ y en los sueños no deja esperanza para que el hombre cambie.

Cerrando este apartado, y ya que citamos a los poetas del Barroco, intuimos oportuno reproducir uno de los sonetos más famosos de Quevedo. Su texto nos podría llevar al sentimiento que alguna vez pudo albergar en el alma istmeña que celebró el apogeo y grandeza de la Ciudad de Panamá, pero también su colapso a manos del Pirata Morgan:

Miré los muros de la patria mía,/ si un tiempo fuertes ya desmoronados,/ de la carrera de la edad cansados,/ por quien caduca ya su valentía./ Salíme al campo, vi que el sol bebía/ los arroyos del hielo desatados,/ y del monte quejosos los ganados,/ que con sombras hurtó su luz al día./ Entré en mi casa; vi que amancillada/ de anciana habitación era despojos;/ mi báculo, más corvo y menos fuerte./ Vencida de la edad sentí mi espada,/ y no hallé cosa en que poner los ojos/ que no fuese recuerdo de la muerte.