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26 de Oct de 2020

Nacional

Una escuela sin trenzas ni pelucas

PANAMÁ. Una mañana de abril, como todos los días, Perla despertó a Ashley, preparó el desayuno y la peinó. Como todos los días, tomó un ...

PANAMÁ. Una mañana de abril, como todos los días, Perla despertó a Ashley, preparó el desayuno y la peinó. Como todos los días, tomó un mechón, dos, tres, los entrelazó. Otro, uno más y otro, entrecruzó. A los diez minutos de entretejer, la joven quedaría cuidadosamente peinada, con trenzas y moñitos. La viva imagen de su madre, de su abuela, de su bisabuela, y de varios antepasados. Ashley llegó contenta a la escuela: tendría su clase preferida. No sospechaba lo que le esperaba.

-No puedes entrar con eso.

Dijo la maestra, ceño serio, la mirada puesta en la cabeza a la que Perla le había dedicado diez minutos. Tenía ganas de gritar, de preguntar ¿qué, cómo? ¿Cómo así si hace más de un mes vengo aquí con este peinado? Pero no dijo nada. Volvió a la casa y le contó todo a su mamá.

Perla voló a pedir explicaciones y escuchó de la profesora: ‘No me importa si tiene calvicie, no puede venir con esas extensiones a la escuela’. Indignada, escribió una nota a Alberto Barrow, de la sociedad de la etnia negra de Panamá. Barrow denunció el caso en los medios, el país se indignó con la situación y

comenzó una campaña abierta contra el racismo y la discriminación en las escuelas.

Porque el caso de Ashley no es único ni exclusivo: ‘Se trata de una práctica repetitiva, sobre todo en las entidades públicas, que afecta a las estudiantes en edades donde son más vulnerables’, contó Eunice Meneses, secretaria de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Negras Panameñas (CONEGPA).

UN HÁBITO

¿Qué hacer con la estigmatización a niñas en etapa de consolidación de la personalidad? ¿Qué cuando el señalamiento puede malograr la autoestima? Porque de eso, y no de orden, disciplina o prolijidad, se trata esto para Meneses. Lo que hay que hacer, dice, es denunciar, intervenir y tratar de frenar el racismo, que permanece desde hace tres décadas y, peor, se ha ‘naturalizado’ en el imaginario colectivo.

El indicador apunta que ante la evidencia ignorada, la invisibilización estatal y la necesidad de erradicar este problema, urge una concientización. Por eso se creó una Comisión Nacional Contra la Discriminación, para monitorear las denuncias y establecer una campaña de concientización y apoyo.

‘Las personas deben saber dónde recurrir y a qué recursos apelar para defender sus derechos si sienten que han sido víctimas’, acota Alberto Barrow. Y, además, dónde pasan estas cosas. La lista es larga, en un repaso recuerda nombres como el Instituto Bolívar y el José Dolores Moscote. La escuela Isabel Herrera de Obaldía, el Instituto América y la República de Haití, agrega, también fueron denunciadas por prohibir a las alumnas asistir con trenzas.

Puntualizar los actores que segregan, entonces. Pero también identificar las causas y los problemas que avalaron (y avalan) la situación: ‘Uno de los grandes cómplices es el silencio’, dice Barrow.

Las víctimas no saben dónde acudir y tienen miedo de las represalias. La mayoría de las madres no formalizan denuncias y por eso la elaboración de documentación estadística se complica.

Esa es la razón por la que en esta ocasión organizaciones y representantes de la etnia negra decidieron hacer una campaña en positivo: ‘Queremos reafirmar la identidad de las niñas y jóvenes de nuestra etnia’, dice Eunice Meneses desde CONEGPA. Está contenta: gracias a la visibilización del suceso en las redes sociales mucha gente se ha sumado y por fin, están denunciando.

UNA REALIDAD NEGADA

Ante la avalancha de críticas, las escuelas se justificaron con normas y la obediencia debida al ‘reglamento interno’. Si se examina detalladamente el estatuto enarbolado, no existe ninguna prohibición a las trenzas y extensiones.

¿Entonces? Para Eunice se trata de una interpretación de la persona que ejerce la regulación en los colegios.

La explicación de por qué se interpreta de esa forma está en un rasgo social incrustado y negado: Panamá es un país racista. Algo que muy pocos notan o admiten: ‘Invisibilizamos una realidad latente y, tapando el sol con un dedo, ocultamos situaciones cotidianas de discriminación’, dice Barrow.

Pero el trabajo del Observatorio Panamá Afro, creado en junio de 2009, da cuenta de que la situación de racismo, conocida desde el inicio de la década pasada, existe y se sostiene como una tendencia. Señalan desde allí que mientras no reconozcamos esa realidad, creeremos que todo está bien, cuando está mal.

Por eso las apelaciones de CONEGPA al Ministerio de Educación (MEDUCA), con notas formales y pedidos a los Ministros de turno para sentarse a debatir y dialogar una política inclusiva en materia de educación, no han tenido respuesta. Por eso la actual ministra, Lucinda Molinar, niega la prohibición y culpa a las maestras de las malas prácticas.

‘Deberían enseñar a las personas que ser un país pluriétnico y pluricultural significa tener la capacidad de mirarnos y mirar a los otros en igualdad de condiciones, derechos y garantías’, dice Eunice, para quien la negación es una de las razones que fortalecen el ‘perfilamiento racial’.

Un estereotipo creado en los agentes de policía que se traspola a la sociedad en general. Cualquier persona negra o pobre queda codificada persé como delincuente y se convierte fácilmente en objeto de maltrato, burla y situaciones vergonzosas.

El ‘perfilamiento racial’ afecta al niño o niña en todas sus formas. Si desde la niñez, pasando por la adolescencia, hasta llegar a la adultez, eres violentado sistemáticamente en tus derechos, ¿qué clase de ciudadano vas a ser? ‘Un sujeto resentido, que no se siente parte de un país, de una sociedad que entre comillas se llama ‘multiética y cultural’, concluye la representante de CONEGPA.

Para Barrow y Eunice la educación debe reformularse porque ‘no se trata de reducir este episodio a extensiones y pelucas: estamos hablando de algo muy importante como el derecho que tiene cualquier individuo de expresarse y no ser obligado a negar su cultura’.

PARA EL MEDUCA NO PASÓ

¿Cuál es el deber del Ministerio de Educación? Esta es la pregunta que ronda públicamente tras el incidente racista y discriminativo del que Ashley fue víctima. Pero estaba en el tintero desde muchos años atrás, cuando Barrow recibía las llamadas denunciando situaciones racistas en los colegios.

Las prohibiciones en ese momento nunca tuvieron que ver con pelucas y extensiones. ‘Se trataba más bien de los llamados cornrow’, explica Barrow.

Molinar niega y ampara. Se mostró muy molesta cuando La Estrella la consultó sobre el tema de la prohibición del uso de las trenzas en diferentes escuelas del país y el deber del Meduca. Y reiteró que no existe dicha prohibición y que en ninguna escuela se ha dado.

‘Yo lo he explicado hasta la saciedad, nadie ha prohibido eso, lo que sí se esta prohibiendo es el uso de pelucas de colores porque no se pueden llevar a las escuelas’ aseguró Molinar. Luego agregó: ‘Esa gente no se qué es lo que busca, ese fue un problema que se solucionó el año pasado y ahora vuelven a sacarlo a la luz pública. Que me diga ella (Eunice), en qué escuelas se dio eso para ir yo misma a averiguar’.

La afirmación de la Ministra no concuerda con las declaraciones de Perla, la madre de Ashley, ni de la profesora Cordella Parker de Best. Cordella cuenta que sus hijas estudiaban en el Comercial Panamá y en el 2006 a una de ellas le prohibieron ir peinada con cornrow, convirtiéndose en otra víctima de discriminación por expresar su identidad con un peinado propio de su etnia.

‘Yo no fui la única afectada, pero si fui la única persona que tomó cartas en el asunto. Escribí una nota, la publiqué en Internet y fui a la defensoría del pueblo’, dice.

La educadora también comentó que laboraba en el Instituto José Dolores Moscote, donde era recurrente esta situación: ‘La comisión de disciplina toma la decisión y los directores se quedan callados por comodidad. No les interesa respetar otras etnias’.

Ella asegura que en esa escuela prohibían el uso de los cornrow porque las autoridades decían que adentro del peinado guardaban droga: ‘Eso es una discriminación racial que atenta contra las representaciones culturales y dignidad étnica’, se enoja. Por eso, abogó por los estudiantes y se metió en problemas. Cómo no lo iba a hacer, dice, si ‘las trenzas son un peinado autóctono de la etnia negra y no es justo prohibir su utilización’.

El impacto por la discriminación étnica al interior de las escuelas panameñas se sintió fuerte. Y el ‘Día de las Trenzas, Panamá’, una convocatoria para que las niñas repitan mañana ese peinado en todas las instituciones, tuvo una aceptación amplia.

Molinar, al parecer, se siente indefensa. El sábado 5 de mayo llamó a Barrow y ‘sumamente airada’, como relata el organizador del evento, le reclamó por la campaña. Él, según dice, le propuso sentarse a conversar. Le explicó que al comunicarse con él ‘no se está comunicando con una persona sino una colectividad’. Después se indignó y colgó.

Mientras el diálogo no se concreta, Ashley mañana se levantará temprano, desayunará y entregará la cabeza a Perla para que entreteja uno, dos, tres mechones. Espera no recibir, esta vez y la próxima, la misma respuesta.