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02 de Apr de 2020

Nacional

El Canal y nuestro destino

PANAMÁ. Nuestro país necesita ideales. Objetivos que nos identifiquen a todos los panameños por igual. Seguramente la ausencia de estas ...

PANAMÁ. Nuestro país necesita ideales. Objetivos que nos identifiquen a todos los panameños por igual. Seguramente la ausencia de estas metas es la causa de la dispersión, de la incertidumbre, de la incredulidad que caracteriza al hombre del Istmo en las horas que corren.

En otros países, Chile, por ejemplo, hay claros objetivos en las jornadas comunes, y en el andar del hombre chileno, a pesar de todas las penurias que actualmente confronta, tiene la posición del alpinista que sortea todos los riesgos porque sabe divisar, a lo lejos, los picos de las montañas, final de la misión. Nadie discute en Chile a estas alturas las mejores soluciones en la producción del cobre y del salitre. Hay unidad nacional ante soluciones ya dadas, ya discutidas y asimiladas en la opinión pública.

Por eso en Chile hay perfecta unidad cuando surge un peligro frente a un salitre sintético o cuando los Estados Unidos ordenan una baja de precios o establecen un impuesto al cobre extranjero.

Este país, en síntesis, tiene unidad nacional frente a sus grandes problemas y no pierde su tiempo discutiendo qué hacer, sino, tal vez, cómo va a hacer.

Es evidente que en Panamá aún tenemos que perder energías, que no el tiempo, en los debates sobre qué hacer. Luego de 55 años de República no se tiene un pensamiento uniformado, orgánico sobre el qué hacer, por ejemplo ante el problema del Canal. El país, empero, necesita ya un pensamiento definido y asimilado por el pueblo sobre el destino del canal. Nosotros debemos hablar sobre el destino del canal. Las veces que alguien habla sobre el destino del Canal recibe, generalmente, una sonrisa burlona como única respuesta. Esa sonrisa burlona debe ceder su lugar a un ceño sino adusto, si, sereno, decidido y enérgico.

Por eso es interesante que de vez en cuando una que otra voz anuncie probables soluciones al destino del Canal, según el criterio panameño.

EL FUTURO DEL CANAL

En relación al futuro del Canal hay diversas tesis. La más conocida fue la planteada por el Partido Aprista del Perú que incorporó entre sus cinco puntos básicos de lucha la internacionalización del Canal.

Hace treinta años la solución Aprista nos interesaba porque era mejor que la que imperaba de modo coetáneo. Entonces tenía plena vigencia el Tratado de 1904 y nuestro estatus jurídico era muy deprimente.

La tesis aprista sobre el Canal de Panamá se encuentra hoy cancelada, gracias al desarrollo histórico de nuestros pueblos que los lleva a un nacionalismo creciente.

En la actualidad postulan la internacionalización tanto los voceros del imperialismo yanqui como los títeres del comunismo soviético. Y el pueblo panameño no debe encontrar sus soluciones ni en planteamientos imperialistas, ni en los comunistas.

Asimismo, nuestra clase gobernante se ha conformado con sostener que debemos alcanzar, únicamente, aumentos periódicos en las llamadas anualidades: anualidades que como se sabe, están en vías de hipotecarse por el actual Gobierno. Esta tesis, mercantilista y enana, que ha prevalecido hasta hoy, está siendo reemplazada por el ‘fifty, fifty’, o sea mitad de las entradas brutas para Panamá y la otra mitad para los Estados Unidos.

Es cierto, que esta solución es práctica, que podría ser un pibote en el largo camino, una especie de plan inmediato en la lucha del panameño frente al Canal, pero no debemos aceptar esa solución como la conformadora del gran ideal nacional ante el destino del Canal. Nuestro ideal debe ser único e irremplazable; el Canal debe ser nacionalizado! Esa debe ser la gran aspiración nacional con relación al Canal.

No importa que las voces agoreras digan que semejante postulado es utópico porque los gringos jamás saldrán del Canal. Pero en la Historia encontramos la respuesta ¿Quién hace 50 años osaba hablar en Egipto de un Canal nacionalizado? En aquel entonces el mutismo del pueblo egipcio frente a la existencia del Canal era todo un silencio de esfinge. El ideal se fue plasmando poco a poco en la conciencia egipcia y cuando brotó fue torrente incontenible.

PLANTEAMIENTO

Sería interesente que el pueblo y sus instituciones meditaran sobre lo que aquí se expone. Lo que realmente se reclama es una discusión sobre el tema para uniformar el pensamiento nacional, por lo menos, en cuanto a los grandes y permanentes ideales. El qué hacer ante el destino del Canal se encuentra en discusión. El cómo hacer para que se pueda lograr semejante objetivo sería materia de nuevas crónicas, en las que se apelará necesariamente, al pedazo de conciencia patriótica que nunca debe morir en el buen panameño.