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03 de Dec de 2020

Nacional

Bases militares ¿ patrimonio histórico?

Detrás de las garitas, hasta donde los panameños podíamos llegar, empezaba un mundo completamente distinto, exclusivo para el personal m...

Detrás de las garitas, hasta donde los panameños podíamos llegar, empezaba un mundo completamente distinto, exclusivo para el personal militar acantonado en el área del Canal de Panamá o para los denominados zonians, norteamericanos nacidos en la Zona del Canal. Para los demás, lo que ocurría allá adentro muchas veces se confundía con la ficción generada por rumores o posiblemente con sueños o deseos de quienes se sentían excluidos.

El gobierno estadounidense decidió instalar bases militares en el Istmo para garantizar la seguridad del recién construido canal a inicios del siglo XX. Estas mantuvieron su vigencia hasta 1977 con la firma de los Tratados Torrijos - Carter, que devolvían a Panamá la soberanía en los territorios militares y civiles que estaban bajo la jurisdicción de Estados Unidos, de forma gradual hasta el año 2000.

El paso más lógico a seguir era que estos espacios quedaran bajo la jurisdicción del ejército panameño, así cumplirían el mismo fin para el cual fueron creados. Sin embargo, a mediados de la década del 80 el panorama político entre Estados Unidos y Panamá se complicaba y esta tensión tuvo un final trágico: la llamada operación Causa Justa, una intervención militar de Estados Unidos el 20 de diciembre de 1989 que traería grandes cambios en el país, uno de ellos, el fin del ejército panameño y con ello, nuevos planes para el uso de estas áreas.

La Zona del Canal se había convertido en el espacio con mayor demanda en el país, esto debido a la larga espera que se había hecho para poder siquiera entrar a algunas de estas comunidades. Pero este territorio que volvía a jurisdicción panameña no albergaría solamente espacios residenciales. Se trataba de un espacio con un alto valor económico por su ubicación y que contaba ya con características e instalaciones muy específicas.

Diversos sectores del país discutieron las alternativas para dar el mejor uso a estos bienes, por lo que se creó, mediante la Ley 25 de febrero de 1993, la Autoridad de la Región Interoceánica, ente que, de acuerdo con las características de cada globo de terreno y a través de estudios, definiría un uso para ellos.

Para establecer parámetros más claros en cuanto al desarrollo de las áreas revertidas, se creó un Plan General de Uso, Conservación y Desarrollo del Área del Canal, que fue aprobado mediante le Ley 21 de 2 de julio de 1997 y tres años más tarde, el Ministerio de Vivienda, mediante la Resolución No 139-2000 de 8 de agosto de 2000, aprobó las normas especiales para mantener el carácter de Ciudad Jardín en la Región Interoceánica.

Con este nombre se denomina al desarrollo físico-espacial aplicado dentro de la región canalera, en que sus áreas residenciales, comerciales, industriales, turísticas, de transporte, administrativas y verdes se conjugan de forma armoniosa y dinámica.

Este modelo de desarrollo se convirtió en el principal atractivo para quienes buscaban, sobre todo, fijar su nueva residencia, aun dentro de una antigua base militar.

Pero debemos recordar que las reversiones tuvieron inicio en 1979, siendo uno de los primeros espacios militares en revertir a Panamá, parte de las instalaciones del Fuerte Amador, las islas Naos, Perico y Flamenco, conocidas como el Fuerte Grant (Segunda Guerra Mundial) y parte de las instalaciones de la Base Aérea de Albrook. No en todas las áreas revertidas se han respetado estas normas.

PARTE DE NUESTRA HISTORIA

Áreas como las residenciales en Albrook han sufrido grandes cambios. De espacios uniformes con casas idénticas pintadas de un inmaculado blanco se ha pasado a una gran diversidad de estilos que van desde el más sencillo al más ornamentado, dependiendo de gustos y bolsillos, mientras que edificios ocupados por entidades gubernamentales han sufrido pocas modificaciones, más que nada por limitaciones presupuestarias.

Mientras algunos panameños hubiesen querido que nada cambiase en aquellos amplios espacios caracterizados por el orden y donde no cabía suciedad, otros abogarían por eliminar todo cuanto había sobre la franja de tierra para eliminar cualquier vestigio de la presencia extranjera en el istmo.

‘La historia de Panamá en el siglo XX fue marcada por una lucha contra la ocupación neocolonial y militar de Estados Unidos. Es una realidad que no se puede borrar. No se entendería lo que es hoy Panamá si no conocemos mejor nuestra propia historia, cómo nos formamos y quiénes contribuyeron a formarnos’, afirma el sociólogo Marco Gandásegui hijo.

De acuerdo con el sociólogo, quienes quieren borrar esta historia ‘niegan el ser panameño, la historia y las luchas de varias generaciones. Son, además de antipatriotas, muy egoístas’.

Pero esto no tiene nada que ver con la conservación de instalaciones militares. ‘Al disolverse las Fuerzas de Defensa de Panamá y al desaparecer la antigua Zona del Canal y sus bases militares, no tiene sentido conservar los objetivos bélicos que alguna vez tuvieron las instalaciones de la antigua Zona del Canal’. Y más que convertir estas estructuras en atracciones turísticas, Gandásegui piensa que sería interesante para los turistas mostrar cómo se efectuó la conversión de esas bases militares en instalaciones civiles. ‘Hay que destacar cómo los panameños logramos recuperar toda la antigua Zona del Canal, las bases y, especialmente, el Canal de Panamá, sin enfrentamientos militares, combates o guerras’.

La historia, sobre todo la de las relaciones de Panamá con Estados Unidos, era enseñada en nuestras escuelas pero ‘en la actualidad, están eliminando estas materias de los colegios del país. Esta decisión inconsulta le hará mucho daño al tejido social del país. Le borrará la memoria de país a la población y tratará de convertir a los panameños en seres sin Patria. Sin estos conocimientos no podemos avanzar hacia un mejor futuro’.

ARQUITECTURA CANALERA

Además de la importancia histórica, existen elementos arquitectónicos muy propios de la Zona del Canal. La arquitectura zoneíta es reconocible por elementos como ‘grandes techos con aleros y la sencilla geometría de los edificios. En general, las edificaciones zoneítas están ligadas al diseño urbano, que integra magistralmente el paisajismo’, explica el arquitecto Eduardo Tejeira Davis.

Y este tipo de arquitectura es panameña ‘ya que el Panamá de hoy es la suma de muchas influencias, no solo la hispánica’, dice el arquitecto. Además, muchos panameños se identifican con la arquitectura zoneíta por razones ideológicas.

¿SE DEBE PRESERVAR?

La Zona del Canal, sobre todo las bases militares, no representan mucho en la vida de los panameños menores de 25 años y como establece Tejeira Davis en el libro Ciudad del Saber, un legado en construcción, ‘en la memoria colectiva panameña existe cierta ambivalencia. Por un lado, subsiste algo de resentimiento histórico contra la Zona del Canal y su mundo, y por otro, se da a veces una idealización sin matices’.

Generalmente grupos sociales que nunca tuvieron nada que ver con los estadounidenses o se sintieron menospreciados por ellos suelen no reconocer estas instalaciones como ‘nuestras’ y esto se traduce en el poco interés por preservar o mantener estos espacios versus aquellos relacionados con otras etapas históricas.

Frente a esta realidad, no es fácil establecer qué es valioso y rescatable y qué no. ‘Lo valioso (o no valioso) solo se puede determinar por consenso a través de la discusión. No hay respuestas preestablecidas’, dice Tejeira Davis.

Pero identificar elementos de este momento de nuestra historia como parte del patrimonio histórico-cultural de nuestro país es importante, pues ‘hay que reconocer las raíces de Panamá en toda su complejidad’.

ESPACIOS CON USOS ADECUADOS

Las bases militares revirtieron de forma paulatina y en ellas se han asentado los más variados proyectos: aeropuertos, oficinas estatales, hoteles, centros turísticos; áreas comerciales, industriales, centros científicos, pero Panamá también recibió espacios contaminados con explosivos y áreas ociosas que al no encontrar compradores interesados y a falta de un presupuesto de mantenimiento, con el paso del tiempo han caído en completo deterioro y abandono.

Gandásegui, estudioso del tema de la reversión del Canal, considera que haciendo un balance, ha sido poco el uso que se le ha dado a las antiguas bases militares norteamericanas que rodeaban el Canal de Panamá durante el siglo XX. Apunta el caso de la base militar de Clayton como uno muy positivo con el establecimiento de la Fundación Ciudad del Saber; sin embargo, en otros casos, considera, se ha carecido de planes de desarrollo y sus usos han sido deficientes.

‘Las antiguas bases son lugares excelentes para desarrollar actividades bien planificadas en educación, salud y actividades culturales’, dice Gandásegui, pero la forma en que se desarrollen en el futuro los espacios que aún no se han concesionado o vendido dependerá, principalmente, del dinamismo del mercado.

Otro detalle que no se debe dejar de tomar en cuenta, según Tejeira Davis, son las demás alternativas que se ofrecen en Panamá, muchas veces con resultados ‘mediocres y mal diseñados’. Esto hace que las áreas revertidas sigan siendo atractivas y se mantenga alta la demanda de espacios, no solo de viviendas sino para fines comerciales o industriales.