10 de Ago de 2022

Nacional

Medicinas, ausentes en las farmacias de la CSS

Desabastecimiento, uno de los graves problemas de la Caja del Seguro Social. Burocracia, intereses creados, medicinas de baja calidad

En ya casi siete meses, desde la primera vez que me indicaron que debía tomarlo, siempre que he ingresado la receta en la Caja del Seguro Social (CSS), nunca he podido conseguir Irbesartan, medicamento para la presión arterial. Al final, termino comprándola en alguna farmacia. Tomo 125 miligramos al día, así que, de una pastilla de 300 mg solo me tomo la mitad. Cada tableta me cuesta 32 centavos. Con cuatro, tengo para toda la semana.

Al mes, invierto $5.12 en este medicamento. Un gasto nimio en comparación con otras formas mucho más triviales de utilizar el dinero. Sin embargo, no es el único medicamento que debo tomar. También debo ingerir 20 mg gramos diarios de rosuvastatina, usado para reducir el colesterol y prevenir las enfermedades cardiovasculares. La primera vez que mi médico de cabecera me la recetó, me advirtió: ‘Compra la que se llama ‘Rustatina’, la de la caja chocolate, porque la que dan en el Seguro no sirve’. Hay medicina; sin embargo, no me va a curar. Para los fines prácticos, es como si no existiera.

Cada pastilla de Rustatina, cuesta 98 centavos. Si debo tomar una al día, básicamente, invierto $30 de mi salario en comprar el fármaco. Ya vamos por $35.12 en drogas que compro. Esto, sin contar lo que gasto en tiras para medirme la glucosa ($18, la caja de 25, o $30 si es la caja de 50) y lancetas para pincharme los dedos. Curiosamente, a las tiras y a las lancetas (así como los aparatos para la medición y las jeringuillas para inyectarse la insulina, en el caso de los diabéticos tipo 1), se les cobra el 7 % de ITBMS.

Y no es que en el Seguro no haya tiras; las hay (la mayoría del tiempo), pero no son compatibles con el medidor que tengo. Busqué en distintos establecimientos el glucómetro que es compatible con las tiras que proporciona la CSS, mas no lo encontré. Al final, terminé comprando otra máquina y, por ende, debo costear la compra de mis tiras.

Al principio, me medía seis veces al día, por lo que una caja de 50 bandas me rendía para poco más de 8 días. Básicamente, $30 a la semana, $120 al mes. Con el paso de los meses, empecé a medirme menos. Ahora, solo al despertar y antes de la cena. Dos veces por jornada. Mantener ese ritmo de seis pinchazos diarios me es imposible.

BUENAS INTENCIONES

En una crónica publicada en octubre del 2014 en La Estrella de Panamá , sobre la primera visita de Estivenson Girón, director de la Caja del Seguro Social, al complejo hospitalario del Complejo Arnulfo Arias Madrid, se recoge, en parte, lo experimentado por el economista cuando recorrió la sección de Farmacia del Complejo.

La queja recurrente era la carencia de drogas. Al momento de cuestionar por qué faltaban tantos medicamentos, la respuesta usual era que se debía a problemas con los registros sanitarios de las medicinas o que las casas farmacológicas no tenían la capacidad para surtir los pedidos. En aquella ocasión, el propio Girón tomaba nota de los medicamentos faltantes y, cuando su capacidad se vio sobrepasada ante la avalancha de reclamos, ordenaba a sus subalternos que registraran cada caso. Aunque ya lleva varios meses en el cargo, parece que el profesor Girón mantiene este método de abordar, directamente, los problemas.

Comenta Alaisa Melgar, de la Fundación Panameña de Hemofilia, que para lograr una pequeña compra que se hizo a finales del 2014, fue crucial la intervención del director de la CSS. ‘Tengo entendido que el propio director de la Caja estuvo muy pendiente por una firma, que faltaba en Farmacias y Drogas, para que pudieran liberar un factor de coagulación’. Girón tuvo que presionar, porque había problemas con los registros sanitarios. ‘Él intervino para que agilizaran en Farmacias y Drogas y así la empresa les pudiera entregar a ellos’, aclara la dirigente de los pacientes con hemofilia.

Orlando Quintero, director de la Fundación Pro Bienestar y Dignidad de las personas afectadas por el VIH/SIDA (Probidsida), coincide con Melgar en cuanto a que Estivenson Girón ha demostrado muy buena voluntad para resolver la falta de medicamentos en el Seguro Social. ‘Creo que hay mayor disposición de abordar, inclusive personalmente, el problema que existe’, comenta el médico. ‘Hemos estado en una comunicación bastante fluida en los momentos en que hemos necesitado el apoyo’, agrega el director de Probidsida, quien, sin embargo, considera que para que esto tenga un verdadero valor, ‘ahora falta que todo se haga realidad’.

EL SISTEMA

Pero hay algo que destaca el Quintero: ‘El problema no es de una persona, de un funcionario; sino del sistema, que es lo que hay que arreglar’.

Y es que, el sistema ha demostrado ser ineficiente e ineficaz, tan solo hay que recordar lo sucedido en el 2013 con la licitación de unos 60 medicamentos que, por distintas razones, tuvo que cancelarse en múltiples ocasiones y que, a finales del 2014, terminó con el ingreso de un recurso en la Corte Suprema de Justicia.

Comenta Orlando Quintero que la burocracia es algo ‘de siempre, un problema que se ha intentado arreglar desde hace muchos años, disminuir los procesos de compra’. El médico señala que el fallo no está solo en los engorrosos procedimientos de compra y en los extensos actos públicos; sino, también, en ‘algo que hace mucho no se veía: elevar recursos a la Corte Suprema de Justicia (CSJ) por parte de algunos competidores del proceso de compra’.

Alaisa Melgar coincide y censura lo complicado y complejo que es realizar la compra de un medicamento: ‘Los procesos influyen mucho. Estos se deben mejorar, porque son trámites muy burocráticos’.

La dirigente comenta que como parte de este grupo, les ha tocado ‘ ir a Contraloría, a Compras, a Abastos’. Seguir todo un proceso que es muy extenso. Melgar indica que, mientras se cumple con todo el protocolo ‘el paciente, desabastecido’.

DILEMA

La salud no tiene precio, es cierto; pero, hasta cierto punto, hay un leve nivel de injusticia con esto. ¿Por qué comprar medicinas cuando una parte de mi salario se lo doy a la Caja del Seguro Social, ya que cotizo?

Muchos son los asegurados, pensionados o jubilados que, en vano, acuden a esta entidad de salud para buscar algún medicamento que requieran. La falta de medicinas es uno de los más grandes problemas que enfrenta la CSS desde hace ya mucho tiempo. No todos los cotizantes tienen la posibilidad de comprar las medicinas que les recetan cuando no las hay en el Seguro.

Por ejemplo, Eladio Fernández, vocero de los jubilados, indica que para una persona de la tercera edad, la compra de medicamentos puede convertirse en un lujo debido al poco dinero que reciben las personas retiradas una vez las pensionan y al alto precio de los fármacos.

Fernández acepta que el desabastecimiento no es un asunto exclusivo de Panamá, pues es algo que se da en los sistemas de seguridad social de la región; no obstante, comenta el jubilado, en otros países buscan alternativas para paliar el problema. Fernández menciona el caso de Costa Rica: ‘Allá, cuando se acaban los medicamentos, uno los compra y luego te los reembolsan. Aquí, en cambio, nos aplican la eutanasia o algo parecido. Aquí, los jubilados no tenemos medicinas’.

Aunque sean caros, siempre estará la alternativa de comprar la medicina en la farmacia; pero, ¿qué pasa si el medicamento que necesitas está agotado en la Caja y es de uso restringido? Esa es la situación que viven las personas con hemofilia.

Comenta Alaisa Melgar, de la Fundación Panameña de Hemofilia, que, en el caso de quienes sufren esta enfermedad, la compra de los factores coagulantes que necesitan es imposible: Primero, por su alto costo, y, segundo, porque no son de venta abierta en las farmacias. Explica la presidente de la Fundación, que esto se debe a que las casas farmacológicas fabrican cantidades limitadas de este producto. ‘Los factores de coagulación son componentes de sangre, no se pueden producir en demasía, porque si no se consumen en determinado tiempo, se pierden’. Esto hace que las productoras de estos factores tengan una programación anual de cuánto deben fabricar, según el país, ‘los factores de coagulación, sé que las farmacéuticas los producen en base a la demanda por país’.

Debido a la paralización de la licitación que ordenaba la compra, entre otras cosas, de factor de coagulación, Panamá llegó al punto de que los centros de atención del Seguro Social no había ni siquiera producto para usar en las salas de urgencia. Cuenta Melgar que, justamente por esta razón, para la compra de emergencia que se hizo a finales del 2014, hubo que recurrir al excedente en el inventario de los otros países. Melgar explica que, además del Seguro Social, algunos hospitales privados compran factor coagulante, pero es solo para suplir sus propias necesidades.

En el caso del Ministerio de Salud (Minsa), actualmente, hay factor coagulante en sus hospitales y centros de salud; sin embargo, durante la administración pasada, lo habitual es que tampoco las dependencias del Minsa contaran con este elemento: ‘El Minsa, en el quinquenio pasado, hizo una sola compra, casi al final del periodo’.

A MEDIAS

Al preguntarle si las compras de emergencias los ayudan, Melgar comenta que sí, que resolvieron la crisis de forma temporal; mas no es una solución definitiva: ‘Entregaron, a finales de año, 1200 viales del Factor VIII rico en Von Willebrand. Lo están usando en aquellos que requieren Factor VIII, pues, más o menos, les sirve. Esto ayuda, pero no soluciona. Si el paciente va, no le despachan la receta completa’, comenta la dirigente de los pacientes con hemofilia.

INSERVIBLE

¿Y qué pasa si hay medicina; pero esta no sirve? Esa también es una probabilidad.

Aunque no quiere sonar alarmista, Orlando Quintero, de Probidsida, acepta que el Seguro, a veces, despacha medicina de baja calidad: ‘Sí, hay medicamentos que, se ha demostrado, no son de calidad. No me refiero a todos ni a la gran mayoría, pero sí a varios que no tienen la calidad necesaria’.

Alaisa Melgar, en este aspecto, comenta que ese es un problema muy conocido por todos y que, su grupo, ‘como confederación de enfermedades críticas, luchamos por la eficacia, calidad y seguridad del medicamento. No puede ser que se compren medicamentos que no sirvan’. Justamente, explica la dirigente que, el rechazar la compra de medicamentos de poca calidad, ‘fue uno de los motivos que causó que, el año pasado, se cancelara la compra en la CSS’.

Añade Melgar que, al ver que la licitación que presentó el Seguro fue ganada por una empresa que estaba ofreciendo productos de baja calidad, se interpuso una demanda. A pesar de los motivos de la acción, ‘ la empresa que ganó quería que se les compraran esos medicamentos. Como no lo aceptamos, la empresa demandó al Seguro’, asegura.

La única forma en que las medicinas que se distribuyen a la población cumplan con los requisitos de calidad, opina Orlando Quintero, es aplicando la ‘ vigilancia farmacológica’, que no es más que el hecho de denunciar si un medicamento cumple o no con su función. ‘En la Federación Nacional de Enfermedades Críticas, Crónicas y Degenerativas estamos hablando muy fuerte de que se tenga, por delante de todo, la eficacia terapéutica comprobada, no que solo se compren medicamentos por precios. Que sean medicamentos de calidad, particularmente en el campo de las enfermedades críticas, crónicas y degenerativas, en las cuales la diferencia entre la vida y la muerte pende de un hilo muy delgado’, añade el director de Probidsida.

INTERESES CREADOS

La venta de drogas legales es una industria sumamente lucrativa, ¿por qué no pensar que el desabastecimiento no es una forma de beneficiar a las farmacéuticas al hacer que las personas las compren en las farmacias?

Al respecto, comenta Orlando Quintero: ‘Desafortunadamente, esto es un negocio multimillonario y cuando hay muchos millones, estos intereses creados, la empresa privada logra que se interpongan estos recursos en contra de los actos públicos ya que no se hizo tal cosa o por competencia desleal, que es lo que alegan. Más que todo, fijado en los requisitos’. Sin embargo, el médico considera que las cosas están lo suficientemente claras como para que estos intereses particulares no afecten: ‘La ley y todo lo que se establece en el proceso de compras han logrado acabar con estos intereses’, considera.

Alaisa Melgar, por el contrario, considera que, en este tema ‘hay una mafia’, ya que, asegura, ‘hay un negocio detrás de todo esto’. La dirigente agrega que no es posible que en Panamá las medicinas tengan precios tan altos, comparado con otros países. Melgar cuenta, como anécdota, que un día, una hematóloga panameña, ‘fue a un congreso en el exterior y me llamó sorprendida diciéndome que no podía creer los costos por unidad de los factores en otros países. Ella vino admirada por el bajo precio’.

EL FUTURO

Alaisa Melgar, cuando se le pregunta cómo ve las cosas con esta nueva administración de la Caja del Seguro Social, solo comenta: ‘Esperemos que las cosas mejores. Estamos en respuesta, como agrupación, de que nos den una cita con Estivenson Girón. Todavía no hemos tenido respuesta. Esperemos que la situación cambie y que él nos escuche, ya sea como asociación individual o, bien, como confederación, ya que son muchas las necesidades ’.

Orlando Quintero, por su parte, atina a decir: ‘No solo el Seguro Social, sino el sistema de salud en general (CSS y el Minsa) tiene el gran reto de facilitar o favorecer un adecuado proceso de compras en los medicamentos.