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21 de Jan de 2020

Nacional

Se apaga la luz del banco de ojos

La implementación de la cadena de custodia y la ausencia de una cultura de donación extingue al Banco de Ojos, una institución que durante 33 años ha provisto a los pacientes de más de tres mil córneas

‘Es algo especial, como un consuelo, saber que después de que mueras, un órgano de tu cuerpo que está destinado a convertirse en polvo y ceniza pueda, en su lugar, devolver la vista a un ciego o darle la luz a un niño', escuché decir, emocionada, a una voz a mis espaldas, mientras me acomodaba en la sala de espera del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, para recabar testimonios para este reportaje.

Al darme la vuelta, me di cuenta que quien me hablaba era una mujer que, enterada de mis intenciones de elaborar un reportaje sobre la cultura de donación de órganos, quería compartir sus sentimientos con los lectores de este diario.

‘Yo soy donante. Ese dato aparece en mi licencia de conducir. Cuando muera, mis córneas estarán disponibles para alguien que las necesite', prosigue Dayana Rodríguez, madre de dos hijos.

Como Dayana, en Panamá existen miles de personas que han decidido en vida donar sus órganos y han tramitado la documentación para que se proceda, una vez mueran. Se dispone que al morir, sus órganos sean extraídos y entregados a otro ser humano que los necesite. Tristemente, en algunos casos, al momento de la verdad, sus familiares se niegan a atender su voluntad.

Durante el proceso de entrevistas para este reportaje, un galeno relató la terrible experiencia que sufrió hace pocos años: fue amenazado por el padre de un joven recién fallecido que, con cuchillo en mano, quiso sacarle los ojos a él, tal y como había hecho con el cadáver de su hijo, donante por voluntad propia.

‘Somos consciente de que tenemos que impulsar una cultura de donación del tejido corneal', Roberto Arango, presidente del Club de Leones de Panamá.

‘Casos como este se deben a la falta de una cultura de donación', apuntó el médico que, por ética, prefirió reservar su nombre.

‘Es necesario hacer más esfuerzos por impulsar una cultura de donación del tejido corneal', afirmó Roberto Arango, presidente del Club de Leones de Panamá.

Al parecer, en este aspecto, el país ha ido involucionando. En la década de los cuarenta del Siglo XX, el Hospital Santo Tomás comenzó a realizar los primeros trasplantes de córneas. Cuarenta años después, en octubre de 1981, se estableció una moratoria en el servicio de oftalmología del hospital para la extracción de córneas.

La difícil decisión se tomó debido a la falta de un mecanismo adecuado para la preservación de las córneas. Los preparativos quirúrgicos tenían resultados poco satisfactorios, ya que las córneas se deterioraban a pocas horas de ser extraídas.

La moratoria trajo como consecuencia un aumento de los pacientes en espera del trasplante de córneas. El número de niños y adultos, en su mayoría indigentes, que estaban quedándose ciegos motivó a hacer una ley que legalizara la extracción de este tejido ocular.

Así se aprobó la Ley 10 del 11 de julio de 1983 para la implantación de órganos y partes anatómicas. Posteriormente, ésta fue sustituida por la Ley 52 del 12 de diciembre de 1995, que reglamenta la obtención, preservación, transporte y disposición final de órganos. Más adelante se creó la Ley 3 de 2010 sobre trasplantes, para mejorar la calidad de vida de las personas.

El siguiente paso fue la creación de un banco de ojos. El sueño se hizo realidad con el apoyo del presidente de la Asociación del Banco de Ojos de América, Emilio J. Farge. El primer y único banco de ojos de Panamá fue inaugurado el 25 de julio de 1984.

En principio, las córneas eran importadas desde California, en su mayoría. Pero, se trataba de un proceso largo que traía consigo algunos inconvenientes. ‘En Colombia, por ejemplo, están obligados a satisfacer la demanda local. Solo las córneas que sobran pueden ser exportadas', explicó Arango,

EL SERVICIO

Los problemas se multiplicaban. Las importaciones implicaban algunos riesgos. El tiempo de vida de las córneas es corto, por lo que las córneas importadas no poseen la misma calidad y solubilidad que las extraídas localmente. Esto aumenta la probabilidad del rechazo, según el presidente de Club de Leones de Panamá.

Desde su creación hasta nuestros días, el Banco de Ojos del Club de Leones ha suplido tres mil trescientas córneas para los servicios públicos y privados del país.

Los tejidos son entregados gratuitamente a los hospitales públicos. A los pacientes de los privados, sin embargo, se les solicita una donación para mantener andando la operación de esta actividad de la asociación cívica.

La desgracia de perder una córnea

El banco se encarga de verificar que la cantidad de células y las condiciones del tejido sean viables para garantizar un exitoso procedimiento quirúrgico, explicó Thais Wong, directora y recolectora del Banco de Ojos.

Las pruebas sanguíneas también son importantes para evitar que sean trasplantadas córneas de personas que hayan padecido de enfermedades venéreas que pudieran acarrear repercusiones al receptor del trasplante.

‘Aquí nos encargamos de que todo funcione bien para asegurarnos que el paciente pueda volver a la vida diaria, a trabajar, a pasear, a ver televisión. Es ese pedacito de pellejo el que permite al donante ofrecer a otro ser humano una de las mayores bendiciones: poder funcionar en la vida diaria', añadió Wong.

La disposición de los tejidos es efectuada a través de la Organización Panameña de Trasplante (OPT), en conjunto con el club cívico. Por temas éticos, el nombre de los donantes y de los receptores se mantiene como el secreto mejor guardado.

El Banco de Ojos del Club de Leones necesita mejoras. Sus equipos están desgastados por los años y, a simple vista, queda en evidencia que su infraestructura requiere de una pronta inversión para actualizarla y adecuarla a las exigencias de este siglo.

Lo más duro sería que tuviese que cerrar sus puertas. Y todo parece indicar que ése es el camino que le queda.

Actualmente, el personal solo acude al laboratorio cuando llega una córnea y debe ser evaluada, algo que cada vez se da con menos frecuencia. Desde 2017, solo han realizado unas cuarenta y dos cirugías. La nevera donde antes reposaron cientos de tejidos donados ahora está vacía. En su interior solo están los recipientes vacíos.

Hasta el mismo lema del banco que establece que ‘el don de la vista no tiene precio' debe ceder ante las exigencias del recién estrenado Sistema Penal Acusatorio (SPA), que impone una cadena de custodia para proteger los indicios de las investigaciones judiciales en casos de muertes violentas.

Tras la implementación del SPA, los cadáveres solo pueden ser manipulados por el perito o médico que realiza la necropsia, un procedimiento que se puede hacer hasta doce horas después de producida la muerte, lo que impide la extracción de las córneas en un tiempo viable.

‘El SPA ha impedido que se extraigan las córneas a las personas que así lo decidieron en vida', explicó Rita Yee, presidente de la Asociación de Oftalmólogos de Panamá.

Antes de la implementación de la cadena de custodia de este sistema judicial, se realizaban cada año dos centenares de cirugías de córneas, que permitían a un número correspondiente de personas volver a una vida normal. El 2008 fue el mejor de los años registrados: se contabilizaron 391 trasplantes.

Durante treinta y tres años, el Banco de Ojos del Club de Leones cumplió con su noble misión: devolverle la visión a miles de personas a través de las donaciones de este pequeño tejido de diez milímetros, algo así como el tamaño de una uña. ‘Pero hoy la continuidad de esta tarea es incierta, como consecuencia de las exigencias de un sistema de justicia que imposibilita la extracción de córneas de los cadáveres de la morgue judicial y la ausencia de una cultura de donación de órganos', concluye tajantemente Arango.