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14 de Apr de 2021

Nacional

Arte urbano: subversión, protesta, estética y negocio

Democratizar el arte. Usarlo como arma. Despojarlo del privilegio de unos pocos para convertirlo en el derecho de muchos. Estas son algunas premisas de las que parte la expresión artística calificada como ‘urbana'

Arte urbano: subversión, protesta, estética y negocio
Vista de un grafiti del artista callejero británico Bansky en Queens (Nueva York, EE.UU.), 2013.

Los marchantes ya han entendido que algunos de los conocidos como artistas urbanos son los Piccasso y Monet de nuestra época. Sus acciones en las ciudades ponían en el mapa lugares olvidados y temas obviados, pero tiende cada vez más a un negocio. Y no siempre para los artistas.

PROTESTA, ACCIÓN Y REACCIÓN

En los años ochenta, Nueva York fue el escenario de la explosión del grafiti, uno de los cuatro pilares de la cultura hip hop, junto con la música rap, el ‘turntablism' y el ‘break dance'. En las calles, el hip hop se mezclaba con otras corrientes culturales subterráneas como el punk. Pronto el grafiti se convirtió en un modo de comunicación entre ellas.

Los artistas usaban espray para dejar sus firmas en paredes, baños públicos, estaciones de metro y tren, autobuses… A medida que su uso se extendía, el grafiti se utilizó para plasmar mensajes políticos y de protesta, dándole el carácter subversivo que algunos retienen hoy en día.

En el periodo entre los años sesenta a los ochenta se sitúan los artistas clave de la historia de este tipo de arte. Darryl McCray, más conocido como Cornbread, un chaval cuyo apodo le fue impuesto en el correccional en el que estuvo, es considerado el padre del grafiti.

Cuentan los gurús de este arte, que Cornbread se enamoró en los sesenta de una chica llamada Cynthia que también estaba en el reformatorio. Cuando salió, el joven escribió en las paredes cerca del edificio ‘Cornbread ama a Cynthia', para que ella lo leyese. Acabó tomándole gusto y siguió firmando por toda Filadelfia. También en el avión de The Jackson 5, lo que lo llevó a pasar un tiempo en el calabozo.

En la siguiente década, a finales de los setenta, Jean Michel Basquiat llenó todo Nueva York con su firma, SAMO, que venía acompañada de pequeñas frases reivindicativas, poéticas o sarcásticas. SAMO murió con un grafiti en 1980 que ponía SAMO IS DEAD. Pero se reencarnó en un artista más convencional, de lienzos y galerías.

Keith Haring, considerado uno de los impulsores del arte moderno y urbano y coetáneo de Basquiat, comenzó a pintar en las pizarras en las que se dejaban anuncios del metro de la Gran Manzana.

Más allá de firmas o frases, sus líneas simples y sus personajes reconocibles pronto le dieron reconocimiento fuera de su EE.UU. natal. Antes de que acabasen los ochenta, cuando aún era un escándalo invitar a artistas callejeros a eventos artísticos, Haring ya viajaba por todo el mundo acudiendo a la llamada de ciudades y museos.

Haring solía elegir los barrios más deprimidos de los sitios que visitaba para dejar sus murales. En Barcelona (España), eligió una de las calles más castigadas por la epidemia de la droga en el barrio del Raval para pintar su mural contra el VIH.

En Ámsterdam, el año pasado se descubrió un mural que pintó durante una visita a la ciudad en 1986 en uno de sus barrios más pobres.

Arte y activismo. Arte y protesta.

Arte y concienciación eran binomios que gran parte de los artistas urbanos dejaban claros con sus pinturas.

Europa no era una excepción y, cuando la cultura hip hop cruzó el charco, artistas locales empezaron a llenar las paredes con sus firmas y diseños. Xavier Prou, más conocido como Blek Le Rat, comenzó a pintar las paredes de su París natal en 1981.

Blek Le Rat fue el impulsor del esténcil, el uso de plantillas para pintar con espray. ‘Decidí usar plantillas por una razón: no quería imitar el grafiti americano que había visto en Nueva York en 1971. Quería tener mi propio estilo y empecé a plasmar con espray pequeñas ratas en las calles de París. Las ratas son los únicos animales salvajes que viven en las ciudades y solo ellas sobrevivirán cuando la raza humana haya desaparecido', cuenta Prou en su página web. A menudo sus pinturas tenían un trasfondo social.