Temas Especiales

24 de May de 2020

Nacional

Carlos Bolívar Pedreschi: 'En Panamá hay mucho analfabetismo político'

En la práctica cotidiana, los años y la experiencia del abogado constitucionalista no hacen más que validar algunas de sus aserciones: después de la academia, el diploma más valioso, en el ejercicio del derecho, 'es el de la ética y la moral'

Carlos Bolívar Pedreschi es de esos personajes cuya obra ha logrado vencer el golpe de la amnesia colectiva. Su nombre es historia, academia, ideas, perspectivas y el anhelo de edificar un país con instituciones transparentes, que comulguen con el poder de la ética y de un nuevo esquema de constitucionalidad, tal y como lo plantea en uno de sus artículos: “Panamá necesita un nuevo orden constitucional, pero ese nuevo ordenamiento, por muy claro y positivo que fuera en su texto, en la práctica valdrá lo que valga la moral política y personal de los panameños”.

Carlos Bolívar Pedreschi: 'En Panamá hay mucho analfabetismo político'

Hoy me recibe en su despacho; pausado, amable, sonriente y deseoso de poner sobre la mesa un análisis de la panameñidad y otras cuestiones como el saber y la honorabilidad de un buen jurista. Pedreschi es un abogado constitucionalista de primerísimo orden, fue parte de la comisión revisora de la Constitución Política de la República de Panamá (1983) y de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya (1990-1994), así como de la junta directiva del Colegio Nacional de Abogados entre 1962 y 1964, y 1978 y 1979. Se desempeñó como catedrático de derecho constitucional en la Universidad de Panamá (1975-1980) y en la Universidad Católica Santa María la Antigua (1975-1983).

Es miembro de número de la Academia Panameña de la Lengua, donde ocupa la silla M, en sucesión del expresidente de la República Ernesto de la Guardia Navarro. Lleva en sus hombros las historias contadas a través de 21 libros de su autoría, como el autobiográfico Suelas de mis zapatos (2015). En 2018 fue homenajeado por el Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional, sección Panamá. Actualmente, a sus 87 años de edad, reafirma que al entendimiento de los fenómenos políticos y constitucionales solo se llega con disciplina e investigación y que las constituciones “valen lo que valen las sociedades para las cuales fueron dictadas”. Aquí las líneas de nuestro encuentro.

El sistema de justicia panameño es uno de los más cuestionados en la actualidad. ¿Cuáles son los vicios que más le preocupan?

Hay que hacer una sanidad radical en el sistema judicial y en el Ministerio Público. Para entender cualquier problema, hay que remitirse a sus raíces: los ciudadanos nos quejamos muy justificadamente de lo que tenemos por Órgano Judicial y de la forma en que actúa: como un órgano muy sensitivo al dinero, a las presiones políticas y a otros elementos que hablan de manera negativa. Sin embargo, el problema que afronta la sociedad no tiene que ver del todo con la composición del órgano, sino con la sociedad misma; ningún magistrado es designado por su mamá ni por su hermano mayor, son designados conjuntamente por el Órgano Ejecutivo, que los propone, y por el Órgano Legislativo, que los ratifica. Entonces, ¿quiénes escogen a los dos entes responsables de elegir buenos o malos magistrados? Nosotros.

No hay entonces veeduría ni criterio ciudadano en la elección de estos actores tan importantes.

Hay mucho analfabetismo político y más ideológico. Pero la verdad es que Panamá no tiene el monopolio de esa ignorancia.

¿Qué sucede exactamente con las ideologías?

Incluso los dirigentes son personas de poca cultura política y general. No son políticos en mayúscula, sino en minúscula. Son electoreristas y saben cómo ganar unas elecciones, conocen todas las artes para ganarlas, se sienten cómodos, pero no saben cómo manejarse en las posiciones que buscan, no saben cuántas ideologías existen y cuáles de esas ideologías se han desfigurado y distanciado de la original.

Como el socialismo en algunos países latinoamericanos...

Sí. En primer lugar el comunismo, que los mismos comunistas llaman socialismo y no es realmente así. Esta ignorancia, repito, no es patrimonio panameño. Todos nosotros somos el resultado de los factores que nos han condicionado; los abogados igual.

Quisiera conectar esto con su ensayo 'Del culto al progreso y de otras vagabunderías' donde plantea que 'el derecho, universalmente considerado, descansa no pocas veces sobre principios realmente irracionales', ¿por qué?

Creo que esa misma disertación la utilicé en un artículo de prensa donde indiqué porqué el derecho carece de fundamento racional y moral. En todas las profesiones lo principal es más importante que lo secundario, en derecho no. En derecho la forma puede ser más importante que el fondo y eso no es así en ninguna otra disciplina; todo eso da ocasión para que empiece el tránsito hacia la ausencia de fundamento moral.

¿Consideró como un avance la migración hacia el Sistema Penal Acusatorio como modelo procesal penal?

Era necesario un sistema que posibilitara la detención de quienes incurrieran en conductas que lo ameritaran, que posibilitara la inmediatez, que permitiera el juzgamiento rápido, que asegurara la presencia del eventual transgresor en una cárcel. Tiene algunos aspectos negativos que afortunadamente creo que pueden corregirse porque no veo cómo el interés político pueda interferir. Sin embargo, da la oportunidad de que el agresor y el agredido lleguen a un acuerdo, y hemos podido ver que el resultado son acuerdos que dan pésimos mensajes a la sociedad. Pareciera virtualmente un premio para el transgresor.

“Los dirigentes políticos son electoreristas y saben cómo ganar unas elecciones, conocen todas las artes para ganarlas, se sienten cómodos, pero no saben cómo manejarse en las posiciones que buscan, no saben cuántas ideologías existen y cuáles de esas ideologías se han desfigurado y distanciado de la original”.

La figura del magistrado de la Corte Suprema de Justicia, ¿qué perfil debería tener?

Antes de contestar esa pregunta, quiero volver a la afirmación de que todos somos el resultado de las escuelas que nos formaron. Antes de que la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Santa María la Antigua acogiera y pusiera en ejecución una iniciativa mía que finalmente compartieron, todos los estudiantes salían sin que los académicos les dijeran que ninguna de las ramas especializadas que se estaban exigiendo tenían valor si el egresado no hacía un uso ético de la información. Me vi en la necesidad de preparar un decálogo, de manera que no entregaran los diplomas si primero no se hacían merecedores del diploma de la ética y la moral. Sin embargo, en todas las demás universidades, los estudiantes salen sin ese conocimiento elemental. Es más peligrosa una persona instruida pero inmoral, que una ignorante con moral. El que administre justicia en cualquier nivel debe ser una persona honrada, que sienta que no está dotada para incurrir en corrupción y esa es una formación que debe venir del hogar, de la sociedad y de la Facultad de Derecho que le formó.

¿Qué dificultades enfrenta hoy el ejercicio de las leyes?

Personalmente no solo me he dado cuenta de que el derecho y su práctica universal carecen de fundamento racional y moral; he dictado conferencias donde he dicho: 'Les traigo una mala noticia, entre todas las profesiones conocidas en el mundo, la más desprestigiada es la abogacía. Les traigo otra peor, esta afirmación no solo es universal, sino que también es fundamentada'.

¿Cuál considera que fue el impacto real de los Panama Papers en nuestra marca país?

Los países que han calificado a Panamá, no tienen la autoridad moral que asumen frente al istmo; no hay Estados decentes y Estados delincuentes. No sé por qué Panamá no tiene su propia lista de esos Estados y por qué no protesta cuando sus ciudadanos vienen a tentar a los abogados panameños y de otros lugares para cometer fraude. Pienso que los paraísos fiscales fueron creados por ellos mismos y, además, hay países que tienen sus paraísos con los mismos beneficios; no sé si en el fondo haya un problema de competencia. Los gobiernos panameños no han hecho lo suficiente para mejorar la imagen del país y del sistema tributario, ¿cómo vamos a confiar en nuestro sistema si tenemos a dos presidentes que están siendo enjuiciados? Además, la persecución de los delitos no está funcionando como el país lo merece. Los gobiernos no parecen estar realmente interesados en que sus funcionarios no roben.

Entonces, ¿qué tanta importancia debe darle Panamá a las listas de paraísos fiscales?

Es importante porque de ello depende el flujo de inversión en el país. Además, hay razones para que cualquier ciudadano de afuera, que venga o no a invertir, sepa que aquí no hay garantías de una administración de justicia normal.

No puedo dejar de pedirle sus consideraciones sobre el desempeño de nuestros diputados.

Desafortunadamente debo decirle que la sociedad panameña tiene el Órgano Legislativo que eligió. Si tenemos una pésima Asamblea es porque la sociedad tomó una pésima decisión en cada uno de los circuitos. Es importante que reconozcamos que estas son las consecuencias de votar por amiguismo o por intereses de distinta naturaleza.

Hablemos de literatura, ¿qué esfuerzos nos resta ejecutar para promover el surgimiento de literatos con una base sólida en nuestro país?

Mucho tiene que ver con la educación. Desde hace tiempo tengo la convicción de que no estamos educando bien; se le presta más atención al aprendizaje de otros idiomas que a los fundamentos morales. Una enseñanza que no parta de la valoración de los fundamentos de la moral, es insuficiente. También tiene que ver con lo que difunden los medios de comunicación y con la formación de los educadores.