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16 de Jan de 2021

Política

Indígenas ngäbes y buglés, enfrentados a la historia

La reciente confrontación entre los ngäbes y las autoridades del gobierno, sobre los temas de la minería y el uso de los recursos hídric...

La reciente confrontación entre los ngäbes y las autoridades del gobierno, sobre los temas de la minería y el uso de los recursos hídricos, trajo a la opinión pública un tema prácticamente desconocido por la mayor parte de la población, a pesar de los importantes cambios que se observan en ese grupo indígena como en los demás y de los esfuerzos, tanto institucionales como de los mismos grupos, para expresarse como sociedades con personalidad cultural propia.

LAS INTERROGANTES

¿Quiénes son los ngäbes o los buglés, por qué pretenden defender un territorio como si se tratara de un país distinto?, ¿qué son las comarcas? y ¿de dónde sale esa pretensión de negar el uso de los recursos del territorio como si fueran propios?

Estas preguntas se han planteado en una comunidad nacional que percibía a los indígenas con los ojos de un pasado colonial y sus prejuicios. Hoy, con el desarrollo del turismo, también se los mira como grupos exóticos, parte de los escenarios culturales del país que pueden ser exhibidos como atractivos, pero de los que no se esperaba que reaccionaran con las expresiones de protesta, antítesis del trabajador dócil que suponíamos que eran. Ha sido como un darse cuenta de su existencia, reflejo de una personalidad cultural que reclama su lugar en la sociedad panameña, por mucho tiempo ignorada.

REFERENCIAS HISTÓRICAS

Demográficamente, los ngäbes, buglés y bokotas, son 286,929 habitantes, de los cuales casi el 50% reside en la comarca que lleva sus nombres, un territorio de 6,673 kilómetros cuadrados, y una densidad de 21 personas. Los ngäbes y los buglés (y el subgrupo bokota), son dos de cinco grupos que pertenecen al tronco de lenguas Chibchas, de la misma manera que el castellano, el portugués, el italiano y el francés, derivan del latín y éste a su vez del tronco lingüístico indoeuropeo. Los otros tres grupos son los bribrí, los nasos o teribes y los gunas. Los emberá y los wounan, al este de Panamá, pertenecen a otra familia lingüística denominada chocó-paezan. Estas lenguas son tan estructuradas y actuales como los dialectos del español que hablamos entre santeños, colonenses y citadinos. Los ngäbes y buglés anteriormente eran conocidos como guaymíes, un gentilicio derivado del ngäbe pero castellanizado.

RECUPERANDO LA IDENTIDAD

En los años 80 la mayor parte de los grupos indígenas de América han pasado por un proceso de recuperación de sus identidades culturales demandando ser reconocidos como ellos se conocen a sí mismos. Las culturas materiales de ngäbes y buglé son semejantes, pero hay expresiones de su pensamiento religioso observado en la lengua que denotan las diferencias de origen.

Hay en la región del Tabasará, entre Veraguas y Chiriquí, una frontera imperceptible entre los grupos que hablan ngäbe y los que hablan buglé, estos últimos distribuidos hacia el este, y los primeros al oeste, tema que requiere mayor investigación. Su presencia en la región data probablemente de más de dos mil años. Los estudios de la lingüística histórica y de la genética, sugieren que en alguna parte de la baja Centroamérica entre Honduras y Panamá surgió una población hablante de algunas de las lenguas Chibchas hace poco más de siete mil años, que luego se subdividieron hasta las lenguas que conocemos, incluyendo otras que desaparecieron con la conquista y de las que apenas tenemos conocimiento, tales como los changuenas, doraces, etc.

El territorio pudo alcanzar hasta lo que hoy es Coclé y probablemente más al este. La conquista y las enfermedades redujeron sus poblaciones y confinaron sus sobrevivientes en las áreas de montañas donde se mantuvieron hasta el presente, recuperando lentamente sus poblaciones y reestructurando sus sociedades en una relación conflictiva de resistencia con el imperio español y luego con sus descendientes.

LAS CONSECUENCIAS DE LA CONQUISTA

Por efecto de la conquista y la pérdida de población ambos grupos carecieron de liderazgo formal o estructurado (Young, 1971) como los gunas al este. En su lugar desarrollaron instituciones que mantuvieron la unidad cultural, como los ritos de la balsería, la chichería, los ritos de iniciación de la pubertad masculina, la poligamia como sistema de matrimonio, en un territorio topográficamente difícil que propiciaba la dispersión de la población. Arqueólogos como Olga Linares y Richard Cooke han planteado la continuidad histórica entre los ngäbes y buglé de hoy con los materiales encontrados en los sitios excavados por ellos, en Bocas del Toro, en Chiriquí, en las provincias de Los Santos y Herrera como la de Coclé.

Durante el siglo XVIII, los ngäbes sufrieron la presión de los miskitos, estimulados por los ingleses para controlar territorios entre Nicaragua y Panamá. En 1815 un comerciante inglés de apellido Roberts, los encuentra confinados en la cabecera del río Cricamola, desde donde se dispersan lentamente hacia las tierras bajas para principios del siglo XX. Estos desplazamientos continuarán a lo largo del siglo XX en la medida que su población aumenta.

LA PRESENCIA NGÄBE

En la década de 1930 los ngäbes de Chiriquí son reclutados como trabajadores temporales en las bananeras, y ocurre lo mismo después de 1950 en las bananeras de Bocas del Toro. A principios de 1960 son protagonistas de la primera gran huelga bananera de 1960. Sus líderes serán perseguidos, coincidiendo con un movimiento migratorio desde las montañas hacia las tierras bajas ocupando la cuenca del Changuinola, las islas y los ríos entre Cricamola y Changuinola. La década de 1960 fue un periodo de crisis sociales, culturales y económicas que se traduce en movimientos espirituales nuevos como el surgimiento del movimiento de Mama Tata o Mama Chi, considerado por Young como una reacción nativista que promueve la protección territorial y cultural, suprimiendo las balserías por haberse convertido en la puerta de entrada de la introducción del licor promovida por los comerciantes de los poblados. La Dra. Araúz denominaba un resorte social a la balsería, elemento integrador de la población. Pero el licor externo al parecer tenía efectos disolutorios. Esto y la presión de los ganaderos sobre las tierras de los ngäbes y buglé condujo a su organización política.

EL CONGRESO GENERAL GUAYMI

En 1969 crean el Congreso General Guaymi (ahora Ngäbe-Buglé), similar al de los gunas, pero con elementos propios. Un congreso general, tres caciques, uno por Veraguas, otro por Chiriquí y otro por Bocas del Toro. El siguiente paso fue consolidar las reservas creadas entre 1934, 1952, 1957, pero no delimitadas físicamente. Después de los tratados Torrijos Carter de 1977, el general Torrijos abre la discusión del tema de la política hacia las poblaciones indígenas, lo que genera un periodo largo de negociaciones que dura entre 1977-78 hasta 1997, casi veinte años, con sus interrupciones.

Esta evolución corresponde con una creciente escolarización y participación política a nivel nacional, así como cambios culturales condicionados por su participación como fuerza de trabajo en las bananeras, cafetales, potreros, etc. Estos procesos son parte de su realidad actual.