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27 de May de 2020

Política

Las paradojas detrás de la llegada de Colón a América

A partir del 12 de octubre de 1492 nació un nuevo tipo de relación hasta ese momento inédito en la historia de nuestro continente: la re...

A partir del 12 de octubre de 1492 nació un nuevo tipo de relación hasta ese momento inédito en la historia de nuestro continente: la relación colonizado-colonizador entre españoles y americanos, a quienes la ignorancia llamó ‘indios’, materializando de esta forma lo que ya Cristóbal Colón había soñado en su diario al apuntar: ‘tenerlos (a los americanos) en la misma isla cautivos, porque con cincuenta hombres los tenían todos juzgados y les harán hacer todo lo que quisieran’.

Colón cumplió con sus deseos y se convirtió en el primer esclavista moderno y con este hecho, según Castro y Chomsky, murieron entre 90 y 100 millones de abyayalenses (americanos) durante los 300 años de presencia española en nuestro medio.

¿CUÁL DESCUBRIMIENTO?

Después de sus ‘independencias’, los países hispanoamericanos siguieron cultivando su pensamiento colonial y por ello celebraron con grandes fanfarrias esta invasión, y trataron de ocultar los actos más inhumanos practicados por los españoles contra los pueblos originarios y fue de esta manera, como en un principio, los escudaron bajo ciertas denominaciones piadosas que llenaron los textos de historia con designaciones como ‘descubrimiento’, ‘almirantes’, ‘adelantados’, ‘descubridores’, ‘civilizadores’, ‘cristianos’ y un rosario largo de términos engañosos e inofensivos.

A la fecha del desembarco de Colón se le llamó ‘El descubrimiento de América’. Posteriormente se le designó con el apelativo de ‘Día de la Raza’ y fue día de ‘Fiesta Nacional’ en todos los países que sufrieron el coloniaje.

Al acercarse el año 1992 se propuso en el seno de la Organización de las Naciones Unidas la proclamación de dicho año como el Año Internacional de los Pueblos Indígenas. Esta propuesta descompuso las ilusiones de España y otros países de proclamarlo como Año Internacional del Descubrimiento de América.

Finalmente se le llamó ‘Encuentro de dos Mundos’. Los pueblos originarios denominan este día como ‘el día de la resistencia indígena’.

EL CUESTIONAMIENTO

Durante más de 500 años se nos contó una historia cargada de mentiras, falsedades y engaños. El primero que sacó a relucir ‘la destrucción de las Indias’ que estaban realizando los españoles fue Bartolomé de las Casas.

Ramón Menéndez Pidal, Presidente de la Real Academia Española, le dedicó un libro de 410 páginas (El padre Las Casas. Su doble personalidad), para demostrar que todo lo que el prelado había escrito eran puras mentiras y calumnias.

Sin embargo, la lectura hecha de nuestra historia y desde nuestra óptica por Martí, Guzmán-Böckler y Galeano, por mencionar unos cuantos, y contando los dos textos de Montaigne ‘De los caníbales’ y ‘De los vehículos’, arrojan nuevas luces sobre nuestro pasado, ya que la versión oficial, la que fue construida por el ‘dominador’ y sus amanuenses, está cargada de invenciones y enseñaba que América había sido ‘descubierta’ por Cristóbal Colón, cuya llegada, según esa misma argucia, permitió a los habitantes de estas tierras adquirir una lengua y acceder a la ‘civilización’ y a conocer al ‘dios verdadero’.

Nunca nos contaron la verdad, en el sentido que lo de Colón había sido una invasión y que los invasores habían saqueado todos nuestros recursos y que en más de 300 años se habían llevado nuestro oro, plata, maderas preciosas y todo lo que pudieron llevarse a España. Por eso la historia oficial del descubrimiento de América no es más que un enorme encubrimiento.

‘El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar a sus hijos’, afirmó Martí.

Nuestros ancestros tuvieron que dejar sus tierras y vivir lejos de los cristianos, para no seguir siendo subyugados.

Ese éxodo hacia las montañas y los nichos de refugios, sirvieron para que nuestras culturas siguieran vivas con todos sus contenidos: los idiomas, las costumbres, las organizaciones sociales, las religiones, el respeto a la madre tierra y a todos los seres.

LOS INVISIBILIZADOS ESTÁN DE VUELTA

Desde que yo era niño hasta ahora, he estado escuchando de parte de los gobiernos y de sus ideólogos que el ‘indio’ debe integrarse, ‘asimilarse’, ‘aculturarse’, a todos los valores de la civilización occidental, cuestionados por sus propios hijos tal como lo han hecho en el pasado Marcuse y tal como hoy lo están haciendo Chomsky y Frei Betto.

El retrato del colonizado (como diría Albert Memmi), lo recibimos de los croniqueros. Al estudiar la historia de la invasión a Abya Yala, nos percatamos que el discurso del colonizador se basa en la carencia de los valores de los pueblos originarios. Sólo de vez en cuando hay algún destello, cuando es imposible ocultar la verdad, como por ejemplo, las hechas por Cortés en sus Cartas de Relación sobre la civilización de Tenochtitlán.

Darcy Ribeyro habló de pueblos emergentes como los sobrevivientes de una civilización que después de siglos de opresión vuelven, para comenzar esta vez a estructurarse como pueblos en sí, aspirando a sus autodeterminaciones.

Somos testigos de las luchas que a todo lo largo de Abya Yala protagonizan los pueblos originarios a favor de los bosques, de las fuentes de agua y, que a pesar de todo, invitan a los gobierno a dialogar.

A la invitación al diálogo, los gobiernos responden manu militari, incapaces de actuar democráticamente y dentro del marco de un Estado de Derecho.

Los pueblos originarios son hostigados, asesinados, criminalizados como ‘malos ciudadanos’, pese a que no están contra el progreso, aunque sí contra los mega proyectos que destruyen la naturaleza.

La relación asimétrica que nació hace 520 años con la llegada de Colón continúa, aunque esta vez la correlación de fuerzas entre dominadores-dominados está más equilibrada, por el protagonismo conjunto de los movimientos indígenas, campesinos, populares, sindicales de Abya Yala, a los que se les ha sumado una fuerte presencia femenina. En la hora de los hornos, los pueblos originarios de Abya Yala (América) vislumbran una sociedad fraterna, sin racismo y libres de todo mal.