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13 de Apr de 2021

Política

La vía de la descolonización, cuarenta años después

Los procesos sociales en Nuestra América durante la década de los 70 del siglo XX, incluida Panamá como formación nacional, estuvieron c...

Los procesos sociales en Nuestra América durante la década de los 70 del siglo XX, incluida Panamá como formación nacional, estuvieron caracterizados en diversos grados de intensidad y realizaciones por las luchas populares encaminadas a la construcción de sociedades más justas como reacción y acción transformadoras, frente a las formas tradicionales del ejercicio del poder y administración pública al interior de los Estados latinoamericanos por parte de sectores y gobiernos conservadores vinculados, política e ideológicamente, a los centros hegemónicos exógenos, principalmente con Estados Unidos de América que definía las alianzas estratégicas en el marco de su política de contención del denominado comunismo internacional.

A pesar de este contexto histórico sesgado por intereses de dominación favorables a las oligarquías locales y al control hemisférico norteamericano, las rupturas institucionales se produjeron como consecuencia lógica del avance e impulso revolucionario que en la región tuvo el triunfo de la revolución cubana, en enero de 1959. Desde entonces, se sucedieron movimientos sociales irrefrenables en el terreno de la dinámica democrática formal, pero otros no tuvieron la misma suerte al ser derrotados en el campo militar, siempre con el apoyo e involucramiento del poder fáctico imperial.

LA CAUSA PANAMEÑA

Las circunstancias geopolíticas coincidentes con la Separación de Panamá de Colombia, en noviembre de 1903 y la consolidación de Estados Unidos de América como potencia en este hemisferio, definieron prontamente la supeditación del país a esquemas de seguridad regional estadounidense, a través del Canal de Panamá en tanto pivote instrumental de expansión y control, apoyado en el establecimiento ilegal de bases militares en la entonces Zona del Canal, con capacidad de disuasión e intervención como fue comprobado en incontables sucesos a largo de la historia entre América Latina y el Caribe con la Unión Americana.

En este contexto, la nación panameña también experimentó la agresión colonialista en contra de su independencia y dignidad como país. No obstante ello, y a pesar de la abrumadora presencia militar de Estados Unidos de América, distintas generaciones de panameños resistieron las humillaciones, y armados con argumentos históricos, jurídicos y políticos elaboraron con inteligencia y paciencia los términos y referencias de luchas en defensa de la soberanía nacional. Iniciando de esta manera una larga marcha y una diplomacia de reivindicación en todos los escenarios y foros internacionales.

De esta suerte, los sucesos del 9 de enero de 1964, constituyeron el epicentro de la descolonización y de la maduración de la conciencia colectiva de la nación panameña relacionada con la abrogación del Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903. Asimismo, la consiguiente ruptura de las relaciones diplomáticas entre Panamá y Estados Unidos marcó un hito en las relaciones interhemisféricas, al punto de erosionar las bases del dominio y hegemonía norteamericana en el Continente.

Fue precisamente este hecho singular el que sirvió de escenario estratégico para la nueva política exterior en materia de negociaciones entre ambos países, con la finalidad de eliminar con prontitud las causas de conflictos a propósito del Canal de Panamá, tal como se estableció en la Declaración Moreno-Bunker de 3 de abril de 1964, misma que reanuda las relaciones diplomáticas entre Panamá y Estados Unidos de América.

REUNIÓN DEL CONSEJO DE SEGURIDAD EN PANAMÁ

La nueva realidad política panameña, bajo el liderazgo del general Omar Torrijos Herrera, imprimió un sello distinto a las relaciones entre Panamá y Estados Unidos de América que habían prevalecido hasta 1968. Sin embargo, no todas las iniciativas diplomáticas y políticas emprendidas de cara a las negociaciones abrogacionistas de la Convención Ístmica del Canal Interoceánico de 18 de noviembre de 1903, partieron de cero al contrario, rescataron los aportes del llamado alpinismo generacional como acumulación importante y buena memoria.

Ciertamente la gestión negociadora del general Torrijos Herrera fue más allá de lo que el momento geopolítico indicaba. Y ello quedó claramente exhibido en todo su peregrinar nacional e internacionalmente. Lograr semejante hazaña diplomática sólo fue posible, dada su percepción de los tiempos y el sentido de la oportunidad; claro está con el concurso de profesionales panameños, algunos de los cuales tenían oficio diplomático relacionado con el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como el Doctor Jorge Illueca y el Licenciado Aquilino Boyd.

Pero veamos esto con pausa; es decir, en los tiempos inmediatamente anteriores a las gestiones para que el Consejo de Seguridad sesionara en Panamá, tiene lugar un hecho trascendental en las relaciones entre Panamá y Estados Unidos de América. Me refiero a la negativa de prorrogar el uso de la Base de Río Hato a las Fuerzas Armadas norteamericanas. Este acontecimiento afectó la bilateralidad como bien apuntara el entonces canciller Juan Antonio Tack. Luego el rechazo definitivo de los Tratados Robles-Johnson, mejor conocidos como Tres en Uno o perpetuidad en cifras, terminó de cuadrar la nueva estrategia negociadora de Panamá.

Entonces vino la reunión del Consejo de Seguridad autorizada el 2 de febrero de 1973, mediante la resolución 325 (1973) para examinar las medidas para el mantenimiento y fortalecimiento de la paz y la seguridad internacionales en América Latina, de conformidad con las disposiciones y principios de la Carta de las Naciones Unidas, del 15 al 21 de marzo de 1973.

En efecto, los propósitos de Panamá se cumplieron en gran medida, principalmente en lo concerniente a la internacionalización de la causa panameña, más allá del veto de Estados Unidos y la abstención de Gran Bretaña a la resolución presentada por Guinea, Panamá; Perú, Sudán, Yugoslavia y Kenia. Frente a lo cual el Canciller Juan Antonio Tack reaccionó señalando que ‘con nosotros se levantaron las trece manos de la dignidad mundial’, finalizando su discurso de clausura con la sentencia ‘Estados Unidos vetó el proyecto de resolución en apoyo a la causa panameña, pero el mundo entero vetó a los Estados Unidos’. Esta fue la sensación que perduró en la conciencia solidaria con Panamá, hasta la salida del último soldado del territorio y la entrega final del Canal a su legítimo dueño.

Finalmente, queda pendiente recuperar los aportes contenidos en los discursos del general Omar Torrijos Herrera respecto de la solidaridad, unidad e integración, cuyos alcances aparecen claramente en las memorias de estas sesiones del Consejo de Seguridad, celebradas en Panamá.

INVESTIGADOR DE FLACSO