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11 de Apr de 2021

Política

La reforma curricular: una necesidad que no espera

Partiendo del trasfondo histórico que incluye la exposición continuada al racismo doctrinario, el niño afrodescendiente se enfrenta en s...

Partiendo del trasfondo histórico que incluye la exposición continuada al racismo doctrinario, el niño afrodescendiente se enfrenta en su escuela a una cultura dominante, sesgada, que ha idealizado el pasado indígena (maya, azteca, inca etc.) mientras marginaliza y degrada al indígena contemporáneo. Se enfrenta a una situación en la que se le ha sometido a la invisibilidad tanto en lo que se refiere a la presencia de su comunidad en la construcción de la nación, como en cuanto se refiere a todos los referentes.

El niño afrodescendiente está sometido aún al racismo doctrinario, con las siguientes manifestaciones que incluyen la exclusión institucionalizada de él y de sus padres de las oportunidades económicas de su sociedad; la invisibilización histórica de su comunidad nacional e internacionalmente; las visiones estereotipadas de su condición humana con los estigmas asociados a su carácter.

Esto ciertamente no es exclusivo de la persona negra, puesto que a lo largo y ancho del continente identificamos mestizos que se autoidentifican como blancos. El mestizo, al igual que el blanco criollo, es co-creador y a la vez víctima de la eurofilia (alienación por la cultura europea); de la etnofobia (rechazo a la diversidad) y de la endofobia (rechazo a su propia identidad). Pero esto no minimiza el hecho de que la situación perjudica directamente a la nación.

UN CURRÍCULO LIBERADOR

La reforma curricular necesaria no es, pues, para privilegiar a la población negra. La reforma curricular tendría la tarea de ayudar a reconstruirnos como nación. Se trata de superar la pregonada igualdad, para ir hacia la equidad. En otras palabras, se trata de un salto civilizatorio.

A la luz de lo dicho, proponemos una reforma curricular con seis objetivos centrales:

- Declarar la diversidad como riqueza. A pesar de la marginación y la discriminación, los pueblos y comunidades afrodescendientes al igual que los indígenas de América, han conservado y desarrollado elementos culturales enriquecedores. Quiera o no el sector dominante, estos pueblos y comunidades son parte de la nación, a cuya construcción han contribuido con trabajo y sangre. Va siendo hora de eliminar la falsa idea de que la diversidad cultural atenta contra la unidad de la nación. Por lo contrario, la diversidad cultural es una ventaja comparativa, con fuertes posibilidades de potenciar las artes, la ciencia, y el deporte. Basta con mencionar los conocimientos ancestrales en el campo de la medicina. Un currículo que toma en cuenta la diversidad crea una mayor unidad en torno al Estado nacional, por ser una propuesta inclusiva. La unidad de la nación debe superar la peregrina idea de una unidad fenotípica, y una uniformidad cultural, que no ha existido en nuestras naciones y no existirá jamás.

PROMOVER IDENTIDADES AUTOGENERADAS

Uno de los problemas que enfrentan las propuestas de sociedades diversas es la falta de autoconsciencia de las mismas agrupaciones. Siglos de negación, minusvaloración y de repudio a la diversidad étnica (etnofobia); ha llevado a muchos de estos pueblos y comunidades a caer en grados diversos de rechazo a sí mismos (endofobia). Pero los pueblos y comunidades tienen derecho de una identidad autogenerada. Cada grupo debe decidir cuáles van a ser los marcadores de su identidad, sean asumidos o autogeneradas y esa identificación deber ser respetada por todos.

PROMOVER UNA APROXIMACIÓN CRÍTICA E INCLUSIVA A LA HISTORIA

También es hora de reescribir la historia, superando la visión eurocentrista. Necesitamos oír la historia contada por los indígenas americanos, desde el punto de vista indígena. Ocupamos la versión histórica crítica de las comunidades negras. Es preciso conocer la historia de la tatarabuela indígena que parió la estirpe del mestizo. Necesitamos oír la voz mestiza que supere su endofobia. Se nos hace indispensable contar con el historiador, con el investigador que se ponga de este lado, del lado de los que fueron conquistados. Es decir, una educación para la diversidad debe evitar a toda cosa la mentalidad de gueto.

EDUCAR PARA LA COMPETENCIA INTERCULTURAL

El nuevo currículo debe permitir a todos los pueblos y comunidades una adecuada interrelación funcional. La escala de la convivencia tiene, por supuesto, a la tolerancia como un primer paso, pero es insuficiente. El que tiene el poder tolera al débil. El nuevo currículo tiene que lograr como producto más valioso el respeto mutuo entre los grupos diversos que componen el todo nacional. Y más allá del respeto, se requiere la comprensión mutua, vale decir, entender el por qué de las cosas. Mas la comprensión solo se puede lograr con el conocimiento. Si ese esfuerzo logra sus frutos habrá convivencia. Y si el camino desemboca en el aprecio mutuo, habrá comprensión plena.

Combatir sistemáticamente a los estigmas negativos, procurando su eliminación.

Sociedades alienadas como las nuestras, en las cuáles aún persisten las ideas deterministas que se levantan sobre bases eurofílicas según lo cual hay una cultura superior en todos los campos y sociedades como las nuestras, etnofóbicas, que rechaza la diversidad cultural y que niegan y etiquetan a las personas y grupos, destruyen el autoestima y la autoconfianza de la víctima, convenciéndolo de que es un ser incompleto, incapaz.

- Promover la inclusión. Los niños están expuestos al racismo residual enquistado en las instituciones. El currículo actual promueve y mantiene antivalores. Muchos terminan asumiendo esos estereotipos perversos y actúan de conformidad. Inclusión implica participación plena en términos de equidad. La participación no debería ser limitada por la familia fenotípica a la cual la persona pertenece, ni a los estereotipos culturales, sino un derecho universal.

REFLEXIÓN FINAL

Sintetizando y concluyendo, es imperativo el rediseño curricular. Un currículo liberador debe asumir una visión holística. No se trata de una propuesta subversiva que atenta contra la unidad nacional. No se trata de crear guetos intelectuales. Es más bien para ampliar la definición de lo nacional, promoviendo por esa vía la equidad. El nuevo currículo ha de empoderar a la gente, fomentando el respeto y la comprensión mutuas, y la competencia intercultural, levantando como bandera la unidad de la nación en diversidad.

CATEDRÁTICO-COSTA RICA