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02 de Apr de 2020

Política

“El país necesita muchos más Chinchorros”

Carles estaba ahí, omnipresente, en una urna color oro, con una cruz blanca al frente

Rubén Darío ‘Chinchorro' Carles fue despedido en un servicio funeral que removió fibras íntimas y que, más que lamentos por su muerte, resultó en un tributo a su memoria, a su trabajo y al amor que profesó por el país. ‘Tuvo una moral puesta a prueba en circunstancias difíciles', articuló el monseñor José Domingo Ulloa en una homilía que arrancó los aplausos de todos cuantos vivieron con la transición de la dictadura a la democracia.

Carles estaba ahí, omnipresente, en una urna color oro, con una cruz blanca al frente. Había una foto suya al lado, con un corbatín rojo y un sombrero con un ‘Panamá' en la frente que lo hacía radiar. Igual que cuando fue contralor y con austeridad ordenó las finanzas públicas.

‘Si una entidad quería un pupitre, él iba personalmente a inspeccionar la compra', rememoró un seguidor suyo a las afueras de la Catedral Metropolitana, donde se ofició la misa. ‘El contralor de ahora y los que vienen tienen que emularlo', siguió.

Adentro, el tributo de Estado a ‘Chinchorro' hizo converger a la crema y nata política y de la sociedad civil del país que sólo las solemnidades logran mezclar: el presidente Juan Carlos Varela, la vicepresidenta Isabel de Saint Malo, los ministros y el presidente de la Asamblea.

También tres magistrados de la Corte, líderes de Apede, la Cámara de Comercio, Miguel Antonio Bernal y Bolívar Pedreschi. Incluso Ernesto Pérez Balladares. La mayoría ataviados con un corbatín.

‘Se nos ha ido un grande', coincidían. Uno a uno se turnaron la guardia al cofre con los restos cremados del excontralor: primero Modaldo Tuñón, Roberto Troncoso y Guillermo Quijano; luego los ministros Javier Terrientes, Luis Carles y Melitón Arrocha; y tras ellos, los jefes de los órganos del Estado.

Al fondo, la Banda Republicana sonaba y por momentos el coro Música Viva entonaba los cánticos corales de la despedida: ‘Requiem', del francés Gabriel Fauré, y ‘Ave Verum Corpus', de Mozart.

Querube, la viuda, se mantuvo de una sola pieza. Se sobresaltó cuando Ulloa pidió para el país ‘más Chinchorros'. ‘Si ha habido un funeral de Estado es por la integridad, la coherencia, la transparencia y la honestidad de Carles', continuó el líder católico.

Su plegaria se escuchaba hasta afuera del recinto religioso, que si bien estaba cerrado por restauraciones de cara a su ascenso a Basílica Mayor, abrió sus puertas. Los trabajadores de los edificios en restauración alrededor dejaron su faena y vieron los actos desde las ventanas.

Roberto Eisenmann retrató a un Carles conminado a salir del país durante la era de Omar Torrijos y la sucesiva, la de Manuel Antonio Noriega. El exilio de 1976 los unió, pese a que uno partió a Estados Unidos y el otro a Honduras. ‘Nuestra amistad se tornó en hermandad, por el sentimiento de haber sido arrancados de nuestra tierra', contó. Los expatriados se reunieron en Miami y volvieron en un sólo avión. ‘Chinchorro' entre ellos, consciente de que el regreso significaba jugarse la piel. Por eso, insistió Eisenmann, se trataba de un ‘verdadero patriota'.

Carles reposa desde ayer en el Santuario Nacional. Su cofre tiene una inscripción brillante, con su nombre y el tiempo en que sirvió al país, dos datos que lo inmortalizan. Como a los grandes.

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Roberto Eisenmann

‘ Rubén Darío Carles fue siempre dedicado a la agenda pública, y es el mayor símbolo de un funcionario. El sí entró limpio y salió limpio. Es un ejemplo monumental',

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