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17 de Oct de 2019

Política

La sensorialidad estética de la poesía para niños

La literatura, como un hecho esencial del arte, ofrece amplias posibilidades para que la infancia y la juventud cultiven el sentido estético. Esta...

La literatura, como un hecho esencial del arte, ofrece amplias posibilidades para que la infancia y la juventud cultiven el sentido estético. Estas amplias posibilidades encuentran, sin duda, un óptimo apoyo cuando es la poesía el asunto de interés.

La poesía es, para unos, la música del alma; para otros, la forma más viva y emocional del lenguaje y, para otros más, una circunstancia, un estar de los seres y las cosas en un momento dado. Como se la defina en cualquier tiempo o lugar, la poesía tiene la virtud de tocar la más insospechada intimidad espiritual.

La niñez es la parcela más pródiga para con la poesía, ‘es la etapa en la que todos los hombres son poetas', nos deja saber Frida Schultz de Mantovani. Asimismo, Luis Tejada, excoordinador del Proyecto Interamericano de Literatura Infantil, auspiciado por la OEA, (2014), indica que la poesía ‘es intuición de la realidad, interpretación emotiva de esa realidad y expresión de la misma.'

Tal intuición es una y única, por lo que la poesía es una sola en la niñez, en el estado adulto o en la vejez. Que esa vivencia o la expresión de tal intuición mueva al niño en su emoción, en forma distinta del adulto, es lo que hace que se hable de una poesía infantil o para niños. En tal sentido, debe entenderse como poesía infantil la que suele aflorar de la expresión del niño en modo espontáneo y poesía para niños, la que con o sin propósito ha sido creada para ellos o ellos se han apropiado de ella sin permiso.

Tales apreciaciones permiten comprobar que la poesía es una sola, autónoma, ‘libre, como el aire libre', que discurre como el arroyuelo y luego, rueda por el mundo como el río caudaloso que inunda todas las oquedades humanas. La poesía, que germina en los primeros brotes arrulladores de la madre, por medio de las rimas y nanas que calman el llanto, que extraen los gases y duermen al niño, ha sido en los albores de la Humanidad, la portadora del fuego ancestral de nuestra cultura afro-hispano-indígeno-panameña, de donde parte la raíz de nuestra identidad que, lastimosamente, no ha podido ocupar en la escuela el espacio adecuado que merece. Si bien, la teoría proclamada por los objetivos curriculares de nuestros programas, aún instalados en los años sesenta, estima que es fundamental la educación estética del niño, tal apreciación no pasa de ser una propuesta teórica, porque en el marco de la realidad escolarizada, nuestra escuela ofrece una gran pobreza literaria.

A instancias de la situación precaria de la literatura, en el medio escolar, se dan, paralelamente, posiciones conceptuales que postulan al género poético, como gestor de actitudes y competencias valiosas para alcanzarse en el proceso de crecimiento y desarrollo del niño. La venezolana Morita Carrillo (2013), a propósito de la poesía y la educación estética, indica que: ‘Sin lugar a dudas, la poesía es uno de los más valiosos auxiliares de la educación estética. La emoción comunicativa del verso habla a la necesidad expresiva del pequeño oyente, traduciéndose en él, el íntimo deseo de expresarse bellamente. ‘No hay que olvidar que el código comunicativo del niño se da a través de la imagen y, que si no alcanza a expresar elocuentemente lo que siente, se debe a su limitado lenguaje. La poesía, verdaderamente, interviene de forma trascendental en la formación del niño, porque abarca, entre otros factores, los siguientes:

Despierta profundas sugerencias en el espíritu del niño. Señala vías para el goce estético. Enriquece el caudal de imágenes en el juego y sus pensamientos. Refina su gusto y ayuda a estructurar su personalidad. Le estimula para que se exprese con propiedad y belleza. Le ayuda a descubrir, casi sin tener consciencia de lo que hace, que él siente.

Es cierto: aún nos quedan poetas en el mundo que, a pesar de la escuela, levantan su estar vigoroso y noble para trovar acerca de los hechos vivenciales del conglomerado y, lo que es mejor: todavía hay niños con el hambre desconocida de vivir los hechos poéticos del entorno, que pueden darle las competencias para que sean mejores panameños.