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14 de Oct de 2019

Política

El arte de la poesía al servicio de la educación estética

Con un docente que ha desterrado de su vida la lectura habitual, voluntaria, creativa y placentera

El género poético es un caudal navegable de recursos que están al servicio de la educación estética y lingüística del niño y que no han sido aprovechados adecuadamente en el ámbito escolar. Enfoques prejuiciados y extemporáneos acerca de la utilización de los bienes literarios aún son abanderados, incluso, por administradores de la educación de altos rangos y niveles jerárquicos de la Educación. Por otro lado, nos encontramos con el paradójico hecho de que un gran número de educadores no practica el hábito voluntario de la lectura. Tal situación hace de la literatura un eslabón sumamente frágil, porque el proceso educativo enfrenta sus tareas con ópticas pretéritas, sin recursos creativos y cónsonos con el niño y el joven de hoy.

Con un docente que ha desterrado de su vida la lectura habitual, voluntaria, creativa y placentera, se generan competencias negativas y frialdades sociales que levantarán ciudadanos desprovistos de una intimidad estética, sensitiva a los verdaderos problemas socioculturales de su entorno. Así como el cirujano pudiera dejar cicatrices de su intervención quirúrgica para toda la vida, el maestro dejará semillas fecundas en la medida en que su enseñanza sea un verdadero modelo de vida en los hijos de la comunidad donde dejó sus huellas.

Todavía tenemos que la poesía que se enseña en el aula le rinde excesivo tributo a una didáctica de la estética. El maestro selecciona poemas más por el ‘mensaje' o por el compromiso de cumplir con un concurso promovido por la institución educativa, que por la expresión literaria y sin analizar qué didáctica puede querer decir que informa, instruye; y el poema que vaya en esa dirección, ya ha sido superado por los libros de texto, diccionarios, discos compactos, aplicaciones y Wikipedia, que ya están instalados casi desde el vientre en el cerebro del niño y el joven.

Es necesario hacer énfasis en que toda literatura entraña docencia, que la docencia no sólo se ejerce en el aula y que tampoco es necesario ser pedagogo para ejercerla. Así tenemos que la docencia impartida por la literatura, no es estrictamente de carácter escolar; su acción se desenvuelve en los planos del sentimiento, de la inteligencia emocional, en los entresijos espirituales, donde permanece. Cuando la escuela recurra a los hechos literarios, deberá tener presente hacia dónde apunta la literatura.

Otro aspecto que deberá tomarse en cuenta es que el niño es eminentemente sensorial, sujeto a las imágenes que percibe del entorno y que, a su vez, constituyen vehículos portadores de respuestas a sus inquietudes, a esa multitud de ¿por qué?, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo? con que pretende comprender el mundo y hacerlo suyo.

El niño aprende usando sus sentidos, porque estos transmiten las impresiones de los hechos que le acontecen. Cada percepción sensorial es almacenada en su mente, sirviendo como base para su proceso de construir aprendizajes. A través de la vista, el niño atrapa aprendizajes relacionados con la forma, la posición, el tamaño y el color. Entonces, démosle en la educación inicial recursos que alimenten su vista: Poemas acerca del paisaje y los seres del entorno; poemas que describan fenómenos naturales, que alimenten la pupila de su sensibilidad gráfica.

Llevemos al aula poemas de corte sonoro, de ritmo y rima regular, poemas que contengan el triquitrín, dum-dum, rataplán-plan–plan, que harán posible que a través de su oído ingresen imágenes de tal sonoridad, para que él explore y juegue con las combinaciones lingüísticas que enriquecerán su dicción. Asimismo, démosle trabalenguas, rimas, glosolalias y tirabuzones en versos de arte menor, para que a través del juego de la oralidad, él alcance duraderos aprendizajes.

El potencial utilitario del oído debe ser aprovechado a través de pequeñas obras de teatro, o por medio de la dramatización de cuentos rimados o adaptaciones de pasajes bíblicos o de poemas patrióticos nacionales, surgidas de la inventiva del maestro y le aporte al niño la oportunidad construir conocimientos y les despierte imágenes positivas de la poética universal. El maestro debe ser honestamente sensible a la condición del niño. Se es buen maestro, según se conozca quién es el niño. Se es buen maestro según nos preparemos para ejercer ese rol.

DOCENTE UDELAS