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25 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

En blanco y negro

Una buena amiga me vaciló hace poco, muy elegantemente con la edad. Y eso que yo estoy jovencito — no estoy dizque en el cuero —. Es cie...

Una buena amiga me vaciló hace poco, muy elegantemente con la edad. Y eso que yo estoy jovencito — no estoy dizque en el cuero —. Es cierto que la alusión a la TV blanco y negro llevara a cualquier cristiano a pensar que soy más viejo que Matusalén o la Dama de Ampato. Aclaro que no tengo nada en contra de lo viejo ni de los viejitos.

Tampoco es que yo sea chapado a la antigua. Lo que sucede es que mi papá tenía un televisor Admiral del año de la pera (tubos y transistores) que pocos años después de la firma de los tratados (1977), aún más allá de 1980, funcionaba perfectamente bien. ¿Quién no recuerda a Yo quiero a Lucy, Los Intocables, Misión Imposible, Mannix, Star Trek, Gomer Pyle y tantos en blanco y negro? Todavía extraño esa belleza de aparato y su nítida resolución, tenía su encanto ver en él los clásicos del cine.

Mi padre era una persona muy rígida y muy estricta, no se podía ver TV todo el tiempo o aún cuando uno quisiera, había horarios definidos, como había horas para las lecturas, incluyendo la lectura de la Biblia y oír “obligatoriamente” una estación de radio que se llamaba La Voz del Istmo , en otro fabuloso artefacto marca Nivico que tenía un sellito que decía “Solid State”.

Ese vetusto aparato que Thomas Edison no soñaría tener y no había que darle vuelta con manivela, pero sí colocar la aguja con la mano, contaba con un tocadiscos en el que disfrutábamos de la música que se reproducía de unos discos negros de acetato.

¡Qué cd ni qué disco compacto, eso sí era una ponchera! Como ponchera era escuchar los éxitos de Alvin Lee & Company, Jimmy Hendrix, The Beatles, Grand Funk Railroad, The Who, Credence Clearwater Revival, Iron Butterfly y tantos otros del ayer, que había heredado y que el papel no alcanzaría para hacer la lista.

Eso sí, escondidos de mi padre hacíamos esas “actividades clandestinas”, cuando él llegaba ya se había cambiado a alabanzas cristianas, porque te ibas a ganar una soberana paliza si te descubría en el “pecado”, escuchando “esa música del infierno”.

Con respecto a la televisión de color, esta llegaría mucho después, cuando todos los vecinos hacía años ya tenían la magia del color..

-El autor es escritor y analista político.recursossinlimites@gmail.com