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15 de Oct de 2019

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Mireya Lasso

Columnistas

Papel moneda, ¿una especie en extinción?

‘Todo indica que esta tendencia, que parece recién empezar, es inevitable. Es solo cuestión de tiempo'

Los daneses prohíben el pago de compras en tiendas de ropa, gasolineras y restaurantes con billetes de 500 euros; los ingleses no aceptan billetes de ese monto y piensan eliminar billetes de 50 libras; los italianos prohíben pagos de 1000 euros en efectivo; la Unión Europea sugiere iguales medidas generales. En Estados Unidos proponen la eliminación de billetes de 100 dólares. En comercios de países donde el dólar es moneda de curso legal, es común el rechazo de billetes de alta denominación. Todo indica que esta tendencia, que parece recién empezar, es inevitable. Es solo cuestión de tiempo.

Son distintas razones prácticas aducidas para justificar los impedimentos al uso de dinero físico, desde el excesivo costo administrativo que demanda su impresión, manejo, custodia y transporte hasta el hecho de que los billetes resultan poco higiénicos. Además, el uso de tarjetas de crédito o de débito es cada día más generalizado, de suerte que el número de pagos que se efectúan en efectivo es en realidad muy reducido. Los daneses alegan que solo una cuarta parte de los pagos los hacen en efectivo.

Sin embargo, existen razones más poderosas para prohibir, especialmente, el uso del dinero físico de alta denominación y para dejar de seguir imprimiéndolo.

En Estados Unidos se han puntualizado observaciones que indican que siendo el papel moneda de 100 dólares muy liviano y fácil de transportar, se facilita el anonimato en operaciones ilegales: un millón de dólares en billetes de 100 dólares pesa un poco más de dos libras, mientras que esa misma cantidad de dinero en billetes de 20 dólares pesa cerca de medio quintal. Los defensores de la eliminación indican que por eso se harían más difíciles la evasión de impuestos, los delitos financieros, la corrupción, el financiamiento del terrorismo, y la falsificación de billetes altos. Se señala que sería un arma eficaz para que los gobiernos puedan fiscalizar efectivamente las transacciones sujetas a impuestos, para combatir la economía subterránea y el lavado de dinero, que se les haría más complicado a los lavadores.

Por otro lado, se aduce que incentivaría el desarrollo de nuevas tecnologías, como propone Ecuador, que apuesta al uso extendido de pagos electrónicos mediante teléfonos móviles que pueden recargarse en tiendas, sobre todo en áreas rurales donde escasean bancos.

Una medida drástica, como la prohibición del uso de billetes de 100 dólares o de 500 euros, no podría ser implementada de la noche a la mañana por la cantidad de dinero físico legítimo que circula dentro y fuera de los países que los respaldan. Se comenzaría por dejar de imprimir esos nuevos billetes para que los existentes vayan desapareciendo paulatinamente, como fue el caso de billetes hasta de 10 000 dólares que se dejaron de imprimir hace cuarenta años y los pocos que quedan siguen siendo de curso legal.

Hay también voces que se oponen a la medida aduciendo razones de diferentes índoles, comenzando por legisladores suizos que defienden ‘la libertad fundamental' de poder pagar anónimamente.

En Panamá el sistema no nos sería ajeno. Los desembolsos de la Red de Oportunidades, los 120 a los 70, la Beca Universal, los pagos de jubilaciones y pensiones del Seguro Social, el pago del peaje en los corredores, las tarjetas del sistema de transporte público y los pagos de muchos salarios de empresas privadas se efectúan mediante recargas o transferencias electrónicas. El pago de compras y servicios mediante tarjetas de crédito o débito cada día es más extendido en el comercio y en la industria. Muy pocos panameños tenemos billetes de 100 dólares en nuestras carteras o bolsillos.

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