27 de Feb de 2020

Rafael Zevallos

Columnistas

Resocializar y reinsertar, es la clave

A fin de mes estaré, en representación de Jesús Luz de Oportunidades, en la OEA, compartiendo con expertos de diferentes países de América

A fin de mes estaré, en representación de Jesús Luz de Oportunidades, en la OEA, compartiendo con expertos de diferentes países de América; intercambiando ideas y experiencias sobre el tema de los jóvenes en pandillas, las maras, el narcotráfico y la inseguridad en nuestros respectivos países.

No me considero un experto en la materia, pero cada una de las oportunidades que he tenido de aprender de experiencias como las de Río de Janeiro, Los Ángeles, Medellín, San Salvador, México y muchas otras, me han servido para entender el fenómeno mucho más a fondo y sobre todo aprender de las diferentes estrategias que se han aplicado en cada uno de estos países hermanos.

Si hay un común denominador en cada uno de ellos, es que todos nos confiesan que se arrepienten de haber apostado ciento por ciento a la represión como única estrategia en contra de la violencia en sus países. Coinciden en que, para lograr resultados reales, se necesita equiparar y encontrar un balance entre la inversión en estrategias represivas y el desarrollo de programas de prevención y de resocialización que de verdad brinden oportunidades de inserción social, educativa y laboral.

En Panamá no nos escapamos del problema y, lamentablemente, durante los últimos 20 años, hemos imitado exactamente el mismo error que cometieron nuestros vecinos del área. Descartar por completo cualquier tipo de esfuerzo preventivo, apostándole todo a la mano dura y a la represión. ¿Los resultados? Un incremento sistemático de los índices de inseguridad y de participación de jóvenes en pandillas, que lamentablemente se han triplicado en los últimos diez años.

Sin ánimos de ningún tipo de enfoque politiquero, debo reconocerle a este Gobierno y al ministro Aguilera la decisión de incluir la prevención y la resocialización por primera vez como una prioridad de Estado a través del Programa Barrios Seguros. Programa que obviamente ha arrancado con sus virtudes y defectos. Nadie puede pretender que trabajar con esta población sea fácil y mucho menos perfecto. Pero llevar hasta la fecha reclutados a casi cuatro mil integrantes de pandillas a nivel nacional, es un logro que no puedo dejar de destacar y que demuestra un evidente interés por parte de estos jóvenes de buscar y aprovechar oportunidades reales de cambio de vida.

A nosotros, como panameños, nos toca decidir. Enfocarnos en buscarle todo lo negativo al programa, atacándolo en todas sus debilidades o tropiezos que pueda llegar a presentar. O quitarnos, por el bien del país, nuestros sombreros políticos, poner nuestros intereses personales a un lado y aportar de una manera objetiva al mismo. Mal que bien, el programa ha alcanzado logros positivos en muchos de los sectores donde se está llevando a cabo y sería verdaderamente lamentable que, por los motivos equivocados, perdamos como país la oportunidad de sacar del mundo de la violencia a un importante número de jóvenes que han confiado en esta iniciativa y a quienes, como país, no les podemos fallar.

Cada uno de ellos representa la probabilidad de sacar a un delincuente de nuestras calles. No mandándolo a las cárceles, donde termina de graduarse con maestría en el delito. Sino reinsertándolo a la sociedad para convertirlo en un hombre de bien.

Llevo ocho años y tres Gobiernos tratando de aportar desde esta trinchera a la seguridad de mi país. Lo hice con el Gobierno del presidente Torrijos, al igual que con el pasado Gobierno del presidente Martinelli. Hoy, toca apoyar al presidente Varela y mañana, ya veremos. Para mí, dará igual, independientemente de quién sea o del partido al que pertenezca, el resultado beneficiará a Panamá y a mis hijos. Eso es lo que cuenta.

*DIRECTOR EJECUTIVO DE LA FUNDACIÓN JESÚS LUZ DE OPORTUNIDADES.