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20 de Jan de 2021

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Enrique Jaramillo Levi

Columnistas

La Universidad Tecnológica de Panamá y la literatura

Y en este sentido, la labor cultural que viene desempeñando la Universidad Tecnológica de Panamá merece un aplauso público de pie.

Las humanidades son un conjunto de estudios que aluden precisamente a la multifacética conformación del humanismo, y por tanto a la comprensión del ser humano; y éste tiene facetas y manifestaciones que pueden y deben ser analizadas para comprender mejor su naturaleza intrínseca, su actuar y pensar; los comportamientos ante sí mismo y en sociedad. Como en tiempos de los griegos antiguos, la educación integral es el más óptimo ideal, incluso en universidades en donde priva la ciencia y la tecnología. Pero sobre todo ahí.

Conocernos es poder ser mejores, trascendernos en armonía y para el bien de la humanidad. La Universidad Tecnológica de Panamá, en este sentido, lo está haciendo, propicia esa educación integral y auspicia la diversidad de aficiones y conocimientos. Además de que durante el primer año de estudios los alumnos deben cursar diversas materias humanísticas, esa institución que forma ingenieros y técnicos tiene cuatro concursos literarios, uno de ellos de carácter internacional, el único de nuestro país: el Premio Centroamericano de Literatura ‘Rogelio Sinán' desde 1996; y se ha mantenido durante 21 años consecutivos; el otro certamen importante, con la misma antigüedad y vigencia, es el Premio Nacional de Cuento ‘José María Sánchez'.

También lleva la UTP 15 años auspiciando anualmente un Diplomado en Creación Literaria que ha producido frutos palpables en una cantidad respetable de nuevos autores, y desde 1996 publica tanto la revista cultural ‘Maga', como diversas obras literarias. Asimismo, su sitio web denominado ‘Directorio de Escritores Vivos de Panamá' reúne y mantiene actualizada desde hace 17 años información importante sobre varios centenares de escritores que crean literatura en nuestro país.

Por otra parte, cabe destacar que en la UTP se realizó hace varias semanas un magno Congreso en torno a diversos aspectos de la Poesía Panameña (en años anteriores llevó a cabo congresos similares en cuento y novela panameña). Con 17 expositores que analizaron la producción poética nacional y mediante la lectura de una variadísima gama de poesía nacional a lo largo de tres días, en la propia voz de 32 poetas de cinco generaciones, el evento fue un éxito rotundo. Aunque probablemente sean pocos los jóvenes que piensan y sienten la poesía como tal, ya que en términos generales su mundo es el de la tecnología, el de las redes sociales y el relajo, ahí estuvieron no pocos estudiantes. Resultó que al exponerlos al influjo aunque sólo sea momentáneo de la buena poesía, a su lectura en voz de los poetas, se propició que entendieran mejor esa vivencia profunda, artística y profundamente humana, lo cual se hizo más transparente cuando al final de cada sesión el público conversó con los poetas.

En este orden de ideas, señalo que el creador literario, como todos los artistas genuinos, es un adelantado de la peripecia humana, una antena de exacerbada sensibilidad y discernimiento, tanto intelectual como emocional. Por tanto, sus obras hacen comentarios importantes sobre la realidad, sobre la capacidad de expansión de la imaginación que les es propia y privilegiada. La buena literatura —poesía, novela, cuento— sensibiliza, ausculta, indaga, critica, interactúa con otras formas de ser y estar en el mundo, y eso es sano y necesario en cualquier sociedad.

El mundo de la creación literaria suele ser un ámbito subjetivo, fascinante sin duda, que a veces, con suerte y talento, logra romper esquemas de indiferencia e inmovilidad social y permear las conciencias y los corazones de lectores inteligentes y, sobre todo, sensibles. El cuento, y también la novela, dentro de este encuadre, ocupan un sitio de privilegio por su condición de concentración extrema y de, a la vez, apertura artística singular hacia mundos que van desde el más crudo realismo ligado a la cotidianidad, hasta los vuelos más osados en que lo fantástico se toma la plaza de sucesos y ambientes, no pocas veces a través de técnicas literarias especiales o de recursos propios de la poesía. Y esta apertura —resulta evidente— puede orientarse hacia adentro, por el lado de la subjetividad más íntima y acendrada, o enfocada al mundo exterior con su variedad de diarias vicisitudes. O por supuesto, mediante una combinación de ambas maneras de proceder en la narración de historias significativas.

Acercarnos entonces a la buena literatura —nacional y de otros ámbitos— es comprendernos mejor como seres humanos. Y en este sentido, la labor cultural que viene desempeñando la Universidad Tecnológica de Panamá merece un aplauso público de pie.

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