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18 de Oct de 2019

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Franklin Castrellón

Columnistas

El periodista en las crisis: ¿neutral o aliado de la verdad?

Los periodistas no siempre han actuado en línea con la ética.

P anamá vive hoy una de las crisis más graves de su historia en materia de institucionalidad y corrupción. El Gobierno de Ricardo Martinelli profundizó la crisis que ya había comenzado en Gobiernos previos, pero bajo el actual la crisis institucional ha adquirido niveles alarmantes. Peor aún, nada en el horizonte sugiere que, bajo las circunstancias actuales, se pueda construir una sólida institucionalidad, piedra angular en la lucha contra la corrupción y la pobreza.

En semejante escenario, ¿cuál debe ser el rol del periodista? El análisis debe partir de la siguiente pregunta: ¿están honrando los periodistas su primer mandamiento deontológico que reza: ‘El periodista está al servicio de la sociedad, que reclama y tiene derecho a estar bien informada. Es su responsabilidad buscar la verdad de los hechos del interés de ella, y transmitirla a través de los medios a su disposición para satisfacer ese legítimo derecho?'.

Es emblemático el papel desempeñado en 1972 por cinco periodistas del Washington Post, liderados por Carl Bernstein y Bob Woodward, en la investigación que desveló la verdad en el caso Watergate del espionaje ilegal del Gobierno republicano contra sus adversarios demócratas. Apoyados por el entonces director adjunto del FBI, Mark Felt (Garganta Profunda), los periodistas del Post lograron desvelar la verdad que terminó forzando la renuncia del presidente Richard Nixon el 8 de agosto de 1974.

Pero antes, e inspirado en el principio de que el deber del periodista es ‘buscar la verdad y contarla', el director del Post, Ben Bradlee, tuvo que hacer grandes esfuerzos para convencer a la propietaria del diario, Katherine Graham, de que, por el honor del periodismo, era necesario publicar las investigaciones del escándalo Watergate. Su heroísmo pagó un precio: el Gobierno puso trabas a la renovación de la frecuencia de radio del Post, con el resultado de que sus acciones cayeron 25 %. ¡Pero triunfó la justicia y se sentó un sano precedente!

Los periodistas no siempre han actuado en línea con la ética. En el otro extremo está aquel periodismo huérfano de principios que, lejos de impulsar la solución de un problema, lo agudizan. En su ensayo, ‘Rol del periodismo en las crisis', el periodista colombiano Javier Restrepo describe el triste papel que desempeñaron periodistas de la Radio y Televisión RTLM, de Ruanda, al promover el genocidio de más de medio millón de tutsies por gobiernistas huties, basados en la falsa premisa de que, para sobrevivir, estos tendrían que acabar con los tutsies. Luego de un juicio histórico en el que abundaron las evidencias, la Corte Penal Internacional de Naciones Unidas condenó a los periodistas de RTLM y del periódico Kangura a penas de prisión, varios de cadena perpetua.

El rol del periodista en las crisis ha sido analizado también por Ryszard Kapuscinski, quien escribió para The New York Times, La Jornada y Frankfurter Allgemeine Zeitung y la revista Time. Kapuscinski pondera al periodismo que —tras desvelar la verdad— busca un objetivo superior. En contraposición, desdeña el periodismo incoloro que, ubicado en la ‘objetividad', resulta menos riesgoso y más productivo. Christiane Amanpour (CNN) lo resume en una frase: ‘Creo en buscar la verdad, no en ser neutral'.

En Panamá, salvo honrosas excepciones, el periodismo dista de cumplir su misión. En algunos medios, frecuentemente nos abruman con entrevistas a imputados por actos de corrupción y a sus abogados, que están más interesados en defender su ‘causa' que en la búsqueda de la verdad. En ese ejercicio, los ciudadanos reciben frecuentemente opiniones distorsionadas y/o sesgadas, que lanzan más sombras que luces sobre los procesos. La crisis que vive Panamá reclama el ejercicio de un periodismo comprometido con la lucha contra la corrupción, la búsqueda de la verdad y el rescate de la institucionalidad.

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