Panamá,25º

16 de Dec de 2019

Félix L. Figueroa T.

Columnistas

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‘Los panameños hemos dejado de ser tontos conformes; ahora, con base en la experiencia, somos más críticos [...]'

Los panameños estamos pensando en debates electorales que nos ayuden a decidir por quiénes debemos votar. Por tanto, necesitamos escuchar y analizar con afinado juicio crítico lo que también tienen que compartir todos los que aspiran a puestos de elección y con urgencia notoria, a los que ansían ocupar las curules.

El país requiere una asamblea renovada, integrada por los que apuestan por la reelección y los que quieren hacerse con una de esas posiciones. La situación actual exige tanto a unos como a otros que expongan puntualmente en cuál de las funciones establecidas en la Constitución (Título V / Capítulo 10, Artículo 159), se basaron o basarán para legislar positivamente para la nación. Ese es su trabajo, legislar y por ello el pueblo exige que antes de las elecciones, se aclare, por los que pretenden reelegirse, mediante explicaciones sumamente claras y sobre un sustento legal, el porqué de algunas gestiones rechazadas por los asociados como, por ejemplo, administración de dineros pertenecientes al erario manejados a través de las juntas comunales; tramitación de planillas cuyas posiciones fueron adjudicadas a funcionarios cuyos méritos son totalmente desconocidos por los contribuyentes, repartición de bonos, regalos navideños, distribución de enseres domésticos, además de negociaciones con otros poderes para aprobar propuestas formuladas por dichas entidades.

Es condición primordial que en esos debates, además de dar explicaciones más que convincentes, sobre su futuro trabajo, los aspirantes tengan la oportunidad de escuchar a los residentes de sus respectivos circuitos sobre el resultado del trabajo realizado durante los últimos cinco años y decidir si fue beneficioso o no, si cumplió con lo que se les prometió durante la campaña, desde el punto de vista legal, cómo debe legislarse para enfrentar no solo las situaciones apremiantes de los circuitos electorales, sino del país y comprometerse a llevar adelante un plan de trabajo bien estudiado, pero mejor definido que sea producto del consenso del circuito y mejor del país. Ya terminaron las improvisaciones cuyos resultados son altamente cuestionados.

Los panameños hemos dejado de ser tontos conformes; ahora, con base en la experiencia, somos más críticos, mejores pensantes, queremos saberlo todo. La opinión pública empezó a cambiar. Estamos madurando en nuestra concepción de Estado, en nuestra visión de país, en nuestra concepción de democracia. Ahora reclamamos una verdadera separación de poderes, somos menos descuidados, menos ingenuos; tenemos más fe y esperanza de vivir en una patria equilibrada sin cabida al amiguismo ni al clientelismo. Exigimos más y mejores oportunidades para quienes se han preparado para hacer un mejor desempeño de las mismas. Llegó el ahora de los jóvenes, como se ha reconocido públicamente.

Pero ojo, los votantes ordenamos que los moderadores sean objetivos, imparciales y no juzgadores de los candidatos y sus discursos. Para hacerlo contamos con personal idóneo, informado sobre ciencia política, socioeconomía, salud, educación, formulación de leyes, etc. Tarea nada fácil. La confrontación de ideas tiene como meta ilustrar, educar, ayudar en la toma de decisiones en el momento de votar.