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13 de Dec de 2019

Saúl Rolando Cortéz Chifundoopinion@laestrella.com.pa

Columnistas

Latinoamérica recrea su pasado

El modelo de desarrollo y consumo actual es el de las sociedades ricas. La utopía de las políticas neoliberales como sinónimo de crecimiento económico con beneficios a los más pobres, ya, en América Latina, nadie se las cree. Este sistema ha destrozado las democracias e inducido nocivos mecanismos de sujeción ideológica e intelectual. Asimismo, es ineludible hablar del endeudamiento económico que induce a los Gobiernos locales a adoptar políticas de austeridad en el gasto social, para debilitar la movilización social.

Lamentablemente, el tiempo y la historia han demostrado lo nefasto que ha resultado para los países latinoamericanos no acoger el proyecto bolivariano que propugnaba crear un bloque sólido de naciones, con el objeto de defensa contra las intenciones neocoloniales de EUA y las potencias europeas. Ello, seguramente, nos hubiera librado de todas las formas de violencia que las políticas neoliberales han infringido a los pueblos latinoamericanos.

El acoso violento que estas políticas de los bloques económicamente poderosos vierten sobre las naciones latinoamericanas, han propiciado el grito efervescente de los sectores populares. A propósito, los brazos armados vinculados a la derecha, con una postura complaciente, no muestran reparo en reprimir a los líderes y grupos sociales cohesionados. Como podemos ver, los hechos vigentes, propios de una historia presente, se conjugan para develar la verdad sin sustraerse de la dialéctica con el pasado, pues los movimientos insurgentes han obligado la reedición del Plan Cóndor. Los operativos de inteligencia o de las fuerzas armadas de los distintos países en efervescencia social, detienen, reprimen, desaparecen y asesinan a sus conciudadanos.

Este presente que nos acosa, obliga a hurgar en el espacio de experiencia (pasado) desde un enfoque comparativo o de analogía histórica. Otrora los años 70 y 80 este Plan Cóndor fue el mecanismo de terror orquestado por las dictaduras suramericanas, y liderado por EUA, para contrarrestar la izquierda y garantizar el control “yankee” en la región. No cabe duda, entonces, que el panorama histórico latinoamericano de hace cuarenta años o más, comienza a recrearse en este siglo XXI.

Por su parte, la ola de crímenes hacia los hermanos indígenas bolivianos con un matiz puramente racista y clasista, hace rememorar el genocidio colonial, cuando los europeos en nombre de Dios y del cristianismo, cometieron los más atroces crímenes, hasta casi exterminar nuestros pueblos autóctonos. No podemos decir que el desprecio a los indígenas y sus creencias ha vuelto, porque nunca se han ido. Claro está, que el racismo y la esclavitud como mecanismos de vejación social durante la colonia, dieron paso a la despectiva estratificación social vigente hasta nuestros días. Los intereses económicos de las élites, el racismo y el fanatismo religioso, otra vez, vienen a ser el vehículo político justificador de la crueldad y el exterminio de la cosmovisión indígena. La realidad boliviana lo refleja como espejo, la independencia religiosa (Estado laico) es constitucional; sin embargo, los embates discriminatorios de la derecha pisotean la Constitución, la democracia y la dignidad humana.

En suma, la convulsión social en América Latina se propaga como pólvora (desde Honduras hasta Argentina) todos en oposición a las políticas neoliberales y su letal engendro: las desigualdades sociales. Los grupos de poder desempolvan su lesivo recetario de otrora, recrean en base al terror los violentos mecanismos de represión que asolaron el liderazgo social latinoamericano, en el siglo pasado. Ahora, buscan desquebrajar cualquier movimiento progresista con tendencia a la integración social latinoamericana.

Docente