Temas Especiales

14 de Aug de 2020

René Quevedo

Columnistas

Guerra a la deserción escolar

La reciente masacre ocurrida en el Centro Penitenciario La Joyita, donde hubo 15 muertos y 14 heridos, atribuída a rivalidades dentro de la pandilla Bagdad en el área de Panamá Oeste, ha servido para demostrar que, a pesar de un crecimiento económico envidia de América Latina y multimillonarias inversiones en educación, infraestructuras y programas sociales, como sociedad no hemos sido capaces de prevenir la delincuencia ni resocializar a nuestros privados de libertad. Pero como dijo una vez Benjamín Franklin, “no fracasé, encontré 100 formas de hacerlo mal”. Debemos verlo entonces como parte de un proceso de aprendizaje.

Poca atención se está prestando al rápido agravamiento de la exclusión productiva de jóvenes humildes, caldo de cultivo “ideal” para la proliferación del delito y el acelerado ingreso de adolescentes a las pandillas.

En la última década, Panamá llevó a cabo la Ampliación del Canal, el tamaño de su economía aumentó en 76%, generó 576 mil empleos, los salarios se duplicaron, el Gobierno invirtió más de $15.5 millones en educación y el país hoy tiene el ingreso por habitante más alto de Latinoamérica. Paradójicamente, también tiene la sexta economía más desigual del mundo y la mayor conflictividad social per cápita de la Región.

Sin embargo, en el 2009 se graduó de Bachiller 1 de cada 2 estudiantes que comenzó el Primer Ciclo, en el 2018 fue 1 de 3. 14 mil adolescentes alumnos abandonan hoy la Educación Premedia y Media anualmente, y somos el país Latinoamericano con la mayor proporción de adolescentes que ve la educación como una pérdida de tiempo. No debería entonces sorprender que estemos atravesando la más grave crisis de desempleo juvenil y el más alto número de “Ninis” en 15 años, así como la peor explosión delictiva de la historia.

En el 2008, 1 de cada 17 panameños reportaba haber sido víctima de la delincuencia en los últimos 12 meses. En el 2016 y de acuerdo a un Informe de la Contraloría General de la República, fue 1 de cada 5, implicando que a pesar de que se redujeron los homicidios, la criminalidad se triplicó en 8 años durante los cuales el crecimiento económico promedió 6.3% anual. En el 2016 se cometieron 630,739 delitos, es decir, 1.2 por minuto, lo cual infiere que el delito no reportado superó el 90%. El deterioro de indicadores como el desempleo y deserción escolar en los últimos tres años sugerirían que probablemente estos índices han empeorado. De hecho, entre el 2007 y 2017, el porcentaje de adolescentes en nuestras cárceles subió de 23% a 37% de la población penitenciaria.

Paralelamente, en el 2009, Panamá obtuvo el lugar número 62 entre 65 países participantes en las Pruebas PISA. 10 años y más de $15.5 millones después, somos el número 71 de 79. Al margen de las comparaciones, las pruebas PISA 2019 para Panamá se resumen de la manera siguiente: 99% de nuestros adolescentes no sabe distinguir una opinión de una estadística, 2 de cada 3 no entiende lo que lee y 4 de cada 5 no sabe puede realizar operaciones matemáticas básicas. En la nueva economía del conocimiento, en la cual la tecnología está eliminando empleos repetitivos en forma masiva, estos resultados presagian un agravamiento de la exclusión productiva y laboral de estos jóvenes en el próximo futuro. Esto no es algo que “va a ocurrir”, ya está ocurriendo. Los jóvenes de 15 a 29 años, que obtenían 1 de cada 4 empleos hace 10 años, sólo lograron 1 de cada 12 nuevos empleos a partir del 2009 (entre el 2018 y 2019 fue 1 de 27). Esta tendencia incluye a la “Generación PISA 2009”, que hoy tiene 25 años de edad.

La tendencia más inquietante es la creciente proporción de “adolescentes Ninis” en nuestro país. En lo últimos 5 años, 23,032 jóvenes entraron a este tramo de edad, de los cuales 10,649 (46%) buscaron trabajo (de éstos, sólo la mitad lo encontró) y hay 8,050 MENOS estudiantes. En consecuencia, el número de Ninis entre los 15 y 19 años (25,872) superó su crecimiento poblacional (23,032) en 5 años, y se están generando 5 Ninis por cada empleo en ese segmento de edad.

El panorama para el empoderamiento económico e independencia financiera de estos jóvenes a mediano plazo es complicado. Aparte del inminente impacto sobre la delincuencia, urge reducir la deserción escolar en Educación Premedia y Media, así como desarrollar programas técnicos de rápida inserción laboral para que los jóvenes con Educación Media o inferior sean capaces de ganarse la vida.

Lo peor que podemos hacer, es no hacer nada.

Asesor Empresarial