02 de Oct de 2022

Columnistas

Los mecanismos de control de la oligarquía en Panamá

En una economía de “libre mercado” o capitalista (pocos ganan, muchos pierden) como la que tenemos en Panamá, el factor que define su esencia es el hecho de que en la competencia por el control del mercado, los más aptos y mejor capacitados en el “arte del despojo” logran salir a flote.

En una economía de “libre mercado” o capitalista (pocos ganan, muchos pierden) como la que tenemos en Panamá, el factor que define su esencia es el hecho de que en la competencia por el control del mercado, los más aptos y mejor capacitados en el “arte del despojo” logran salir a flote. Como el mercado funciona bajo la tutela de la anarquía y no bajo la supervisión, tarde o temprano crearan crisis sociales.

La tan cacareada “libre oferta y demanda” que pregonan los defensores del sistema no es otra cosa que “vender como me convenga” siempre y cuando exista la necesidad. Tiene mucho que ver con el afán de lucro de un círculo muy restringido en la cual asociaciones de “familias de abolengo” se han hecho millonarias con el beneplácito y protección de los gobiernos de turno que hemos tenido.

El clientelismo no lo inventaron los partidos tradicionales

Los partidos políticos en Panamá no son más que una extensión de los intereses de la oligarquía para hacer negocios millonarios con el Estado y crear leyes que les favorezcan. De tal manera, las leyes laborales y el ajuste de salario jamás intentará ir contra los intereses de estos grandes empresarios.

Es más, los partidos políticos y sus candidatos, siempre han sido financiados en sus campañas precisamente para asegurar el pacto de negocios que hay con las distintas “mafias o consorcios empresariales y comerciales".

Hoy día, esos mismos grupos oligárquicos enquistados en clubes cívicos, gremios comerciales, bancarios, organizaciones ciudadanas, de manera hipócrita señalan a los partidos como “mecas del clientelismo” cuando en realidad fueron ellos los padres de “dicha criatura”.

La injusticia social galopante

Si algo puso en evidencia la famosa “mesa del diálogo” que encaró a los movimientos sociales con el actual gobierno, es el hecho de que muchos “grupos económicos” multiplicaron sus ganancias abusando de las necesidades del pueblo (alimentos, medicamentos, arrendamientos, préstamos, etc…) y sus descomunales ganancias sobrepasaban el quinientos por ciento. Es decir, aquí en Panamá no existió un gobierno que pudiera poner un alto al apetito voraz y abusador de quienes controlaban el precio de las medicinas y la comida. Esta es la verdadera razón de la crisis social que estalló en mediana intensidad y que por primera vez unificó a varios gremios y organizaciones populares variopintas.

El gran temor de la oligarquía

El gran temor de la oligarquía en Panamá, que dicho sea de paso, no cree en nacionalidad ni en justicia social, ya que en ocasiones pasadas que registra nuestra historia ha pedido la intervención del ejército de Estados Unidos para sofocar “estallidos sociales”, en esta oportunidad pasó un gran susto, puesto que la protesta contra el alto costo de la vida se diseminó por todo el país. Esto explica el hecho de que ningún partido político que son apéndices de dicha oligarquía haya podido sacar un pronunciamiento a favor de la protesta y con propuestas concretas, puesto que los mismos han sido parte de la vorágine de corrupción durante décadas.

El falso discurso de la “paz social” y la democracia.

Cuando ocurre una protesta social de enorme proporción y difícil de controlar, a los gobiernos de turno pro-oligárquicos les quedan varias cartas por jugar. En primer lugar, está la represión por parte de la policía y el ejército usando el mayor lenguaje de intimidación como ocurrió en Colombia y Ecuador.

En Panamá el uso de la fuerza “oficial” no fue utilizada por el gobierno en primera instancia por el temor a un mayor escalada de la “protesta” y también por el costo que podría significar en materia electoral. Sin embargo, el reclamo que hacen los gremios empresariales y comerciales al gobierno para que “ponga orden” en las calles, apunta en esa dirección, es decir, el empleo de la fuerza “oficial”

Los medios de comunicación (televisión y prensa escrita) se unificaron en la “línea de los grupos oligárquicos” para dividir la protesta tratando de enfocar su falso discurso en la educación y la falta de clases en la formación de los estudiantes cuando en Panamá todos somos testigos que muchos programas que se ofertan en dichos canales solo promueven la vulgaridad, la violencia y la chabacanería en la juventud.

Nunca he visto a la Cámara de Comercio, la APEDE y otras organizaciones oligárquicas manifestarse por las escuelas ranchos o por las condiciones infrahumanas en las que miles de estudiantes tienen que ir a la escuela. Sin embargo, ahora resulta que ellos son los más preocupados por las pérdidas de clases. Estamos hablando de las mismas empresas que prefieren contratar mano de obra extranjera para no pagar el seguro social y vivir de los bajos salarios. No obstante, ahora resulta que les inquieta la formación académica para una futura mano de obra calificada.

Los medios televisivos han montado un espectáculo circense en sus programas de “debate” donde lo que menos impera es la objetividad que debe tener un entrevistador, pero si se pone de manifiesto el “odio de clase” contra los sectores populares. Los coordinadores de dichos programas que apuntan a la desinformación y la confrontación actúan como una especie de mercachifles asalariados del poder económico que los usan como títeres y papagayos para que difundan que “la violencia puede ser justificada” cuando cierras la calle. Y esto fue lo que vociferaron cuando un auto le pasó por encima a varios indígenas en Chiríquí.(Horconcitos). Para los que desconocen la historia del fascismo, esta es una expresión clara del mismo. Justificar la violencia para combatir al enemigo de clase.

Lo que menos puede hacer el movimiento popular es caer en la provocación de forma burda, como pretenden los medios de comunicación cuando arman un enfrentamiento entre padres de familia y docentes. Hoy día, el movimiento popular legítimo, que no claudica ni se vende al mejor postor, tiene la sartén por el mango siempre y cuando no ocurran las mismas traiciones de antaño y aparezcan los falsos besos de los “judas de siempre”.

Sociólogo y docente panameño