• 04/10/2026 00:00

Panamá ante el reloj demográfico: ni jóvenes desplazados ni mayores descartados

“No se trata de escoger entre generaciones, sino de hacerlas productivas juntas”. Durante décadas, el país disfrutó del llamado bono demográfico, al aumentar la población en edad de trabajar mientras disminuía proporcionalmente la infantil. Pero esta oportunidad no es indefinida. El reloj demográfico está corriendo y Panamá atraviesa una etapa decisiva de su transición demográfica, marcada por menor fecundidad, mayor esperanza de vida y un progresivo envejecimiento de la población.

Las proyecciones del INEC, basadas en el Censo de 2023 y extendidas hasta 2050, muestran que no solo crecerá la población, sino que cambiará profundamente su estructura por edades. Según UNFPA, su duración depende del rango de edad considerado y podría extenderse hasta 2068 si incluye a quienes tienen hasta 64 años. Esto revela que la edad cronológica no determina por sí sola la capacidad de participar en la economía y la sociedad.

Envejecer aportando, sin cerrarles el paso a los jóvenes

La longevidad es uno de los grandes logros de la humanidad. Muchas personas llegan hoy a los 60, 65, 70, 75 años y más en buenas condiciones de salud, continúan trabajando, emprendiendo, enseñando, investigando, cuidando familiares o aportando de diversas maneras a la sociedad. Aunque algunas necesitarán protección y cuidados, la edad no puede ser sinónimo de dependencia.

En ese sentido, la CEPAL destaca la contribución económica y social de las personas mayores y las oportunidades de la economía plateada. Al mismo tiempo, debemos evitar una falsa disyuntiva con los jóvenes: que los mayores permanezcan activos no significa necesariamente que les resten oportunidades. Una economía dinámica puede crear nuevas actividades, empresas y empleos.

El desafío es aprovechar el talento de todas las generaciones, promoviendo equipos intergeneracionales donde jóvenes y mayores trabajen juntos, aprendan unos de otros y complementen sus capacidades, sin jóvenes desplazados ni mayores descartados.

¿Qué pueden aportar los jóvenes?

La respuesta no consiste solamente en ofrecer a los jóvenes un título universitario. Necesitan competencias para una economía marcada por la transformación tecnológica, la inteligencia artificial y la automatización, y, sobre todo, disposición para aprender durante toda la vida.

Pero estas nuevas competencias no deben desplazar la experiencia acumulada. Un joven puede dominar una tecnología, mientras una persona experimentada conoce los procesos, las instituciones, los riesgos y las consecuencias de las decisiones.

Tecnología y experiencia no tienen por qué competir: pueden multiplicarse. El joven puede enseñar inteligencia artificial, mientras el mayor aporta criterio, experiencia y conocimiento práctico. Ambos tienen mucho que aprender del otro.

Del relevo generacional al aprendizaje intergeneracional

Este cambio exige superar el modelo tradicional de estudiar, trabajar y jubilarse. El mundo laboral demanda aprender, trabajar, reaprender y posiblemente cambiar de ocupación varias veces durante la vida.

Pero el aprendizaje debe ser intergeneracional. Los jóvenes también pueden aprender de los mayores: experiencia profesional, conocimiento institucional, capacidad de negociación, relaciones humanas y comprensión de procesos que requieren años para adquirirse. Por su parte, los mayores deben tener oportunidades para actualizar sus competencias y seguir aprendiendo.

Por eso, la respuesta no es sustituir una generación por otra, sino construir equipos intergeneracionales, donde experiencia, conocimiento y nuevas competencias se complementen y potencien.

Una nueva política de talento para Panamá

Si aceptamos esta perspectiva, el cambio demográfico debe convertirse en una oportunidad para revisar nuestras políticas de educación, empleo, salud y protección social.

Necesitamos invertir en primera infancia, educación y formación para toda la vida, vinculando la capacitación técnica y profesional con las nuevas demandas productivas. También debemos facilitar que las personas mayores que quieran y puedan continuar trabajando encuentren empleos flexibles, saludables y libres de discriminación por edad, y promover en las empresas el aprendizaje intergeneracional, mediante mentorías y transferencia de conocimientos. Al mismo tiempo, debemos fortalecer la salud durante todo el curso de vida y preparar los sistemas de pensiones, cuidados y protección social para una sociedad más longeva. La llamada economía plateada puede abrir, además, nuevos espacios para empresas, servicios, innovación y empleo.

Todo ello exige reconocer que la tecnología puede prolongar las capacidades productivas, siempre que existan capacitación permanente y condiciones laborales adecuadas.

No se trata de escoger generaciones

El verdadero desafío demográfico de Panamá no es decidir si deben trabajar los jóvenes o los mayores, sino construir una economía capaz de crear oportunidades para ambos.

Los jóvenes necesitan oportunidades para incorporarse, crecer y desarrollarse; las personas mayores, para continuar aportando cuando quieran y puedan hacerlo. Y todos necesitamos seguir aprendiendo. Esto exige superar una visión del trabajo basada en la edad y avanzar hacia otra centrada en capacidades, competencias, salud, experiencia y voluntad de contribuir.

El reloj demográfico no se puede detener, pero todavía podemos decidir cómo aprovechar el tiempo disponible. El joven de hoy será el mayor de mañana. Por eso, la pregunta no es quién desplaza a quién, sino cómo podemos aprender, trabajar y producir juntos durante más tiempo.

* El autor es médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
Lo Nuevo