19 de Oct de 2021

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Educación con ternura: siete principios de la disciplina efectiva

En una ocasión, los padres de Pedro Antonio, de dos años, me preguntaron cuándo debían iniciar la enseñanza de la disciplina a su hijo. ...

En una ocasión, los padres de Pedro Antonio, de dos años, me preguntaron cuándo debían iniciar la enseñanza de la disciplina a su hijo. Les conteste que ya tenían dos años de atraso en su formación disciplinaria. Me miraron consternados. Procedí a explicarles las ventajas de la disciplina temprana y el papel que juega esta en el establecimiento de ciertas rutinas en el desarrollo integral del niño (rutina en la alimentación, el sueño, etc).

Les explique que la disciplina es un proceso educativo por medio del cual se le enseñan valores y actitudes al niño para que eventualmente sea capaz de dirigir su conducta. La disciplina orienta al niño y su propósito no es el control o la obediencia incondicional, es facilitarle el desarrollo de destrezas de conducta para que logre autocontrol y autodisciplina, particularmente en los momentos en que no estamos presentes.

A continuación, les expliqué algunos de los principios fundamentales para el desarrollo de un plan de disciplina para Pedro Antonio:

Entender los objetivos de conducta del niño, sus emociones y los sentimientos que genera en sus padres. Un niño puede llorar por diferentes motivos. Llora para llamar la atención y ser atendido, llora cuando quiere hacer algo que no le es permitido, llora cuando desea compartir su malestar con sus padres y llora cuando se siente incapaz de hacer algo. Consecuentemente, los padres suelen sentirse abrumados, retados, heridos y desesperados. Cada motivo de conducta (llamar a atención, problema con el poder, conducta pasivo—agresiva, demostración de incapacidad) requiere un tratamiento distinto. Por ejemplo: ignoramos selectivamente la conducta dirigida a llamar la atención.

Ser tanto firmes como amables. La disciplina efectiva se basa en la firmeza del procedimiento que debe ser consistente, de manera que una conducta inaceptable será siempre evaluada como tal. El niño aprende a qué atenerse, porque sus conductas siempre derivan en la misma consecuencia. Y hacerlo con amabilidad y respeto al niño implica que si se es firme se puede evitar disciplinar con gritos, chantajes, coacciones, castigos y golpes. Además, si usted exige respeto consecuentemente debe demostrar respeto al niño y a sus emociones.

Evitar ser un ‘buen’ padre; es decir, evitar ser un padre complaciente que disciplina caprichosamente, de manera inconsistente o de acuerdo a lo que siente en el momento. Permita que el niño experimente algunas consecuencias de su conducta para que aprenda a asumir responsabilidad por sus propios actos. La disciplina inconsistente genera que el niño esté más atento a la reacción de sus padres que a su propia conducta y a los resultados de sus actos.

Alentar la independencia. Evite hacer por ellos lo que pueden hacer por sí mismos. Los niños mimados y los niños consentidos suelen ser muy dependientes, extremadamente apegados, muy exigentes, limitan la libertad de sus padres y requieren mucha supervisión y ayuda. No sienta lástima por sus hijos, antes bien ayúdelos a desarrollar autonomía, enséñeles a resolver problemas propios de su edad y gradualmente a tomar sus propias decisiones.

Evitar preocuparse por lo que otros piensan. Concéntrese en los valores y actitudes que son importantes para su familia y eduque a sus hijos en conformidad con tales principios sin prestar mucha atención a las opiniones de los demás. Las opiniones de otros personas si riñen con los principios, valores y actitudes que enseñamos a nuestros hijos puede estorban en vez de aportar algo.

Hablar menos, actuar más. Los niños se aprenden el repertorio de regaños de sus padres y , usualmente, obedecen cuando la consecuencia es evidente. De manera que las palabras que no se siguen de acciones no provocan obediencia, por ello, es necesario que los padres limiten sus intervenciones verbales y recurran más a las acciones. Los actos disciplinarios deben atenderse con prontitud y conversados después.

No rendirse. El proceso de enseñanza de la disciplina es arduo, escabroso y a veces lento, requiere de todo el apoyo de la familia, la unificación de criterios entre los padres y mucha consistencia, decisión y habilidad para conjugar los objetivos de la vida familiar con los requerimientos disciplinarios de los niños, por lo que no se vale rendirse. Además, el niño puede que no use todos los principios disciplinarios que usted ha tratado de inculcarle mientras esté en su círculo familiar, pero cuando los necesite por razones adaptativas, si usted se los enseñó allí estarán para ayudarle.

Estos son algunos de los principios que se aplican para desarrollar un programa de disciplina en los niños y si se siguen rigurosamente se cosecharán los frutos a mediado plazo, convirtiendo a su niños en modelo de comportamiento con autonomía, libertad y responsabilidad.

*Tomado del libro ‘Educación con ternura’.

*PSICÓLOGO.