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03 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La felicidad: objetivo del gobierno

‘ Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de ...

‘ Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de los males públicos y de la corrupción de los gobiernos, han decidido exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, con el fin de que esta declaración, constantemente presente para todos los miembros del cuerpo social, le recuerde permanentemente sus derechos y sus deberes; con el fin de que los actos del poder legislativo y los del poder ejecutivo, al poder ser comparados a cada instante con la meta de toda institución política, sean más respetados; con el fin de que las reclamaciones de los ciudadanos, fundadas desde ahora en principios simples e incontestables se dirijan siempre al mantenimiento de la constitución y a la felicidad de todos’.

Lo anterior es el preámbulo de DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE Y DEL CIUDADANO de 1789, la cual fue producto de la histórica Revolución Francesa, debido al cansancio de un pueblo frente a los abusadores del poder. El decapitado en esta ocasión fue LUIS XVI, pero recordemos que anterior a éste, estuvo LUIS XIV, y sus imborrables palabras en la historia cuando dijo: ‘El Estado soy yo’.

Cuando nos encontramos frente a un mal gobierno, que a pesar de sus actos de corrupción, demolición de las instituciones, concentración del poder, falta de transparencia y rendición de cuentas, transfuguismo, endeudamiento y remilitarización, muertos, lisiados y heridos, persecución hacia la oposición y periodistas, y a pesar de esto, según una encuestadora, marca 65% de aceptación, obligadamente me hago la pregunta: ¿Qué está pasando?

Lo que escuchó en las calles y en con versaciones es lo siguiente: ‘Roban pero hacen’. ¡Qué tan bajo hemos caído! ¿Cómo podemos ser tan tolerantes a la corrupción? ¿Acaso son Robin Hood? ¿No deberíamos ser una sociedad que tenga una administración de justicia que todo el que le roba al pueblo es castigado? ¿No se da cuenta el pueblo que solo ellos devuelven lo que les sobra? ¿A qué costo están haciendo estas obras? ¿Cuánto nos han endeudado? ¿Por qué si le roban a usted se queja, pero no lo hace cuando le roban al Estado?

Es cierto, estamos en un gobierno que ha hecho muchas obras, que ha encontrado en los problemas del pueblo una gran capacidad de hacer negocios, o simplemente le echan cemento a la miseria. Pero, como dice Milton Henríquez, ¿El cemento educa? ¿El cemento sana? ¿Las megaobras hacen feliz a la gente en todos los casos?

El objetivo de los gobiernos es resolverles los problemas a las personas, en los casos en que ellas no lo puedan hacer por sí mismas, y así lograr la felicidad. Robert Kennedy manifestó que el Producto Interno Bruto mide todo, menos aquello que vale realmente la pena. Los democristianos entendemos que la felicidad es cuando podemos satisfacer nuestras necesidades físico-materiales, pero también las intelectuales y espirituales.

El 81% de los británicos dice preferir a un Gobierno que los haga ‘más felices’ por encima de un gobierno que los haga ‘más ricos’. Desde 1972 el Rey de Bután estableció para su reino una nueva forma de medir el éxito con el índice de la felicidad.

En síntesis, el progreso de los pueblos trata mucho más de lo intangible que de lo tangible, pues más vale la felicidad, el conocimiento y el desarrollo mental.

Como aspirante a representar al pueblo, voy a luchar por una sociedad donde el pueblo realmente tenga mejor calidad de vida, donde así como reconocemos obras, también tengamos lo que realmente hace feliz, empezando por el espíritu, salud, libertad, justicia social, institucionalidad y lo más importante, la educación y la formación de buenos ciudadanos.

ABOGADO Y SUBSECRETARIO NACIONAL DEL PARTIDO POPULAR.