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25 de Feb de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Desarrollo sostenible en tiempo de globalización

Nuestros bosques primarios, de centurias de años de edad, están siendo sometidos a la fuerte presión de una tala que va en aumento, lo q...

Nuestros bosques primarios, de centurias de años de edad, están siendo sometidos a la fuerte presión de una tala que va en aumento, lo que trae grandes desequilibrios a los ecosistemas del país. Existe una preocupación mundial por la conservación de los bosques naturales y se hacen ingentes esfuerzos, en diferentes órdenes, por proteger esta riqueza heredada, patrimonio natural de la Nación y que bien pudiéramos considerar una de las últimas fronteras de la vida en nuestro país.

Panamá, país privilegiado por su posición geográfica y una rica biodiversidad, se ve hoy amenazado por la tala sistemática de sus bosques naturales. Del total de su territorio (75,517 Km2), se estima que unos dos millones han sido deforestados y con suelos degradados. Según datos estadísticos, en nuestra República se deforestan entre 17,000 - 50,000 ha/año; a ese ritmo de tala no habrán pasado 30 años para que nuestro país se convierta en un gran desierto, poniendo en serio peligro el principal activo nacional, el Canal de Panamá, que funciona con agua dulce de la cuenca hidrográfica del río Chagres y reduciendo, además, el caudal de otras cuencas, de las que se aprovecha el agua para consumo humano y labores agropecuarias e industriales, esto traerá graves consecuencias ecológicas en un futuro.

Muchas son las causas y razones que originan esta tragedia ambiental, que afecta a todos por igual y compromete la herencia natural de las presentes y futuras generaciones. Algunos señalan a los ganaderos (con el fenómeno de potrerización (tala, quema, siembra de pasto); a los campesinos y otros, a los cazadores furtivos que causan los incendios forestales; pero no es menos cierto que los dueños de concesiones madereras mal administradas también agudizan el problema.

La política de buscar chivos expiatorios o la fiebre en la sábana, en nada ayuda. Ha llegado el momento de hacer un alto, reflexionar sobre el problema y buscar soluciones viables y sostenibles; por ejemplo, en el caso de los ganaderos, a través de la extensión rural y la sociología agrícola, se puede procurar concienciar en el sentido de que con un sistema silvo-pastoril, asociando árboles y ganado, se pueden obtener muchas ventajas, incluyendo la revalorización de la finca.

En el caso de los campesinos, entre los cuales muchos usan métodos de subsistencia, a través de la educación hay que enseñarlos a cultivar la tierra y apoyarlos con los elementos mínimos de producción, para que tengan un sistema de desarrollo sostenible y una vida con mejores oportunidades.

Los que tienen la ‘dicha’ de explotar los bosques nativos a través de concesiones madereras, la ANAM debe exigirles más medidas de control. Un proyecto interesante sería que en los dos millones de hectáreas deforestadas y degradadas se implementen programas de reforestación comercial, de manera ordenada y sostenible. Así se generarían empleos en el nivel rural y lo más probable es que disminuiría la delincuencia en estas áreas.

Los incendios forestales ocasionados deliberadamente o por negligencia, las autoridades competentes tienen la obligación de aplicarles el rigor de la Ley.

Oportunamente, el Gobierno ha creado la Ley 24 de 1992 y la Ley 58 de 1999 de incentivo a las actividades reforestadoras, que, si son bien administradas, podrían ayudar a paliar esta problemática ambiental.

Es oportuno mencionar que la deforestación no solo se da en los ecosistemas terrestres, sino que se extiende peligrosamente a los recursos costero-marinos de los manglares, afectando la cría de camarones, los arrecifes de coral y otras especies marinas. Una voz de aliento para toda persona que siembra árboles, las presentes y futuras generaciones se los agradecerán.

Hay que considerar en el concierto de naciones; Panamá tiene una gran responsabilidad en cuanto a la conservación de la ecología. Por ejemplo, Darién ha sido elevada por la UNESCO a reserva de la biosfera y compartimos el PILA (Parque Internacional La Amistad) con Costa Rica. Además, recientemente el Parque Nacional Coiba se sumó a la categoría de reserva de la biosfera, es decir, se cuenta con tres reservas de la biosfera, una distinción excepcional que nos compromete como nación a ser más vigilantes de nuestros recursos naturales y que se haga posible un desarrollo sostenible equilibrado y más humano.

SEMBREMOS UN ÁRBOL POR PANAMÁ.

DOCENTE Y ESCRITOR.