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Macaracas despide a Elena Barría entre el dolor y las ruinas que dejó el terremoto
- 16/10/2026 08:30
Sumario: A pocos metros del lugar de la despedida permanecen las viviendas destruidas por el sismo de magnitud 7,5. Ocho días después de la tragedia, la comunidad da el último adiós a la primera víctima mortal confirmada del terremoto en Panamá
Bajo el intenso sol de la mañana de este viernes, el dolor se respira en Macaracas, provincia de Los Santos. Cerca de la capilla de la Virgen del Carmen del Rosario, una carpa instalada al aire libre sirve de escenario para despedir a Elena Barría, de 68 años, cuya muerte enluta a una comunidad golpeada por el terremoto del pasado 9 de octubre.
La tristeza tiene un escenario difícil de ignorar. Muy cerca del lugar donde familiares y allegados se reúnen para darle el último adiós, permanecen las viviendas que el potente movimiento telúrico dejó destruidas y colapsadas. Entre esas estructuras está la casa de Elena, el lugar donde comenzó la tragedia que terminó costándole la vida.
La despedida ocurre en medio de las huellas visibles del desastre. A pocos pasos, las paredes derrumbadas y las estructuras afectadas recuerdan la fuerza con la que el sismo sacudió esta zona de Azuero. Allí, donde antes transcurría la vida cotidiana de varias familias, ahora quedan los daños materiales y el dolor de quienes perdieron a un ser querido.
Una despedida entre las ruinas
Elena Barría sufrió graves lesiones cuando una pared de su vivienda colapsó durante el terremoto de magnitud 7,5, cuyo epicentro se ubicó en las cercanías de Pitaloza, en la provincia de Herrera.
Su hijo y varios vecinos acudieron en su auxilio y ayudaron a sacarla de entre los escombros. Después comenzó una carrera por conseguir atención médica para la mujer, que permaneció hospitalizada durante varios días.
Sin embargo, la lucha terminó el miércoles 14 de octubre, cuando falleció en la Ciudad de la Salud, en la capital. Su muerte la convirtió en la primera víctima mortal confirmada del terremoto que estremeció al país.
Ocho días después del sismo, su comunidad se reúne para despedirla. La carpa, el sol intenso y las casas colapsadas que rodean el lugar forman parte de una escena en la que la pérdida de una vida se mezcla con las heridas materiales que todavía marcan a Macaracas.
El rostro humano de la tragedia
El caso de Elena Barría recuerda que detrás de cada vivienda destruida hay una familia, una historia y una vida que cambió en cuestión de segundos.
En Macaracas, el terremoto no solo dejó estructuras afectadas. También dejó ausencias irreparables. La casa de Elena, tan cerca del lugar donde hoy la despiden, se convierte en un recordatorio doloroso de cómo aquel movimiento telúrico transformó la vida de su familia.