Panamá ya se había perdido en 1933

  • 25/11/2015 01:01
Esta tarde en la Biblioteca Nacional se presenta ‘El Panamá que se fue para siempre'.

Después de comprar una bolsa de café, Santiago Mckay llegaba a casa en calle 13 oeste, Catedral, agarraba el cenicero, la cajetilla de cigarrillos, los fósforos, un cuadernillo y una pluma. Hilaba frases sobre rincones de la ciudad con cierta nostalgia, pero con mucha picardía al describir a los protagonistas de cada crónica.

El olor a papel periódico estaba muy cerca de su hogar. A pocas cuadras estaba la anterior sede del periódico La Estrella de Panamá , donde el sonido de los linotipos hacía eco y el calor espesaba. En 1916 Mckay se había graduado como maestro del Instituto Nacional y publicó su primer libro de versos ‘Fuentes Sonoras'. Pero su nombre empezó a sonar cuando se sumergió en el periodismo.

Era una época en que los formatos del periódico se hacían manualmente. Mckay escribía crónicas deportivas y traducía la correspondencia de las agencias de noticias en inglés. Así lo recuerdan hoy sus hijos.

SALSIPUEDES

En las páginas de los diarios no aparecía su nombre, sino más bien su seudónimo, Fray Rodrigo —el motivo sigue siendo un misterio—, así también firmó unas crónicas con un sello muy personal bajo el título ‘El Panamá que se perdió', una de ellas, sobre la bajada de Salsipuedes.

Describía este lugar de la ciudad como una ‘...calle de piedras vivas, con aceras torcidas y llena de tiendas chinas que por lo regular eran obscuras y tenebrosas'.

‘Originalmente era un lugar colonizado por los chinos donde realizaban sus fiestas, rituales, ceremonias y costumbres. La calle se prestó para acuñar los vicios de entonces, no muy lejanos a los de las cantinas de hoy día, siendo también el nido para crímenes horribles que no se resolvían', describe Carlos Fong, curador del libro El Panamá que se fue para siempre , que recopila los escritos de Fray Rodrigo. ‘Después de la siete de la noche el que caminaba por esa calle, moría'. De hecho, Mckay hace referencia al mito de que los niños se perdían en la Calle 13 Este: ‘la carne joven y blanda, fue la selección macabra de banquetes y orgías'.

‘Hizo composiciones breves que parecían más bien una caricatura escrita', redactaría el historiador Jorge Conte Porras en su artículo ‘Santiago Mckay, periodista de excepción' en el diario El Universal , en 2001. ‘Leer a Fray Rodrigo era prepararse a reír a carcajadas'

‘ES BUENO EL CULANTRO PERO NO TANTO'

Así se titula otro de los textos de Fray Rodrigo, que se incluyó en Narraciones Panameñas de Berta María Cabezas, tomado también de su columna, que también llamó ‘Del Panamá que se perdió' y ‘La Ciudad que se perdió'.

El refrán popular le da un quiebre jocoso a la crónica, que de acuerdo con Fong tiene que ver con los tiempos de la dominación colombiana y la torpe seguridad que había en aquella época. ‘El militarismo imbécil y la inoperancia de la policía colombiana queda estampada en esta crónica', añade. ‘Es una pieza fundamental para entender cómo la ciudad estaba sometida por los militares'.

Por su parte, el escritor panameño residente en Madrid, Pedro Crenes, sugiere que el texto debería ser leído como un jirón de memoria, como un eco de lo que fuimos para poder seguir siendo. ‘Tiene la virtud de ser una narración a pie de calle, cercana, que apela a la complicidad del lector'.

‘Junto al escenario —más de una vez, el Café Coca-Cola, la cantina La Plata, el Teatro Variedades, el Bazar Francés o el Restaurante Panazone— sobresalían invariablemente sus protagonistas que podían calificarse de ‘los personajes de la ciudad”, aclaraba Conte Porras en el artículo a cinco años del centenario de Mckay. ‘Nuestra ciudad se ha expandido tanto geográficamente que es inútil intentar emular su estilo periodístico y sus evocaciones'.

LA NEGRA LIBORIA

Liboria Rodríguez es, por ejemplo, uno de los protagonistas del universo que retrataba Mckay. ‘Santiago la coloca entre los líderes femeninos comunitarios más importantes de la época en que el liberalismo se escribía, como él lo afirma, con L mayúscula', advierte Fong. ‘La negra Liboria es descrita por Santiago como una mujer leal, con coraje y firmeza; era capaz de decirles a los líderes políticos de la época sus errores cuando los cometían y no le temblaba la lengua para hacerlo incluso al mismísimo Belisario Porras y otros políticos'.

Santiago Mckay, nacido el 22 de diciembre 1896 —perteneciente a la segunda generación de la República—, recibió la Orden Vasco Núñez de Balboa luego de 50 años ejerciendo el periodismo. El hijo de uno de los próceres de la patria, Oscar Mckay, le dijo adiós al mundo el 1 de enero de 1971. Dos días después en La Estrella de Panamá se publica su texto ‘El emperador del silencio', crónica que había sido premiada en el Concurso Literario de la Revista Lotería en aquel año.

Esta noche, durante la presentación del libro El Panamá que se fue para siempre , Carlos Fong hará una lectura recreada de ‘La negra Liboria', en el momento en el que ella le forma un ‘tamborito' al entonces presidente Carlos A. Mendoza por querer adjuntar los carnavales a las celebraciones patrióticas.

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‘(Santiago Mckay) nos ha dejado una posibilidad para aprehender la realidad de lo que en esencia somos y que aún podemos rescatar desde la memoria'

CARLOS FONG

ESCRITOR

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SANTIAGO MCKAY

El amor por una ciudad y sus personajes

En el ejemplar que se presenta hoy a las 6:00 p.m. en la Biblioteca Nacional, Santiago Mckay, más que perderse en el idealismo de una urbe de antaño, nos cuenta la sustantividad de la segunda generación que pobló el istmo. Mckay revela —por mencionar un par de ejemplos— cómo nació el poema ‘Al Cerro Ancón', y pone en evidencia los secretos de los políticos de aquella época, que orbitban en las cantinas o bares de una metrópoli que se concentraba en Catedral.

‘Creo que nuestra mayor vulnerabilidad está en la indiferencia hacia el pasado y eso empobrece nuestro presente', dice Carlos Fong en el prólogo del libro El Panamá que se fue para siempre . ‘Lo que nos ha dejado Santiago D. Mckay en estas páginas va más allá de un racimo de recuerdos; nos ha dejado una posibilidad para aprehender la realidad de lo que en esencia somos y que aún podemos rescatar desde la memoria'. Ése es el principal argumento que el escritor da para aproximarnos a la obra del periodista detrás del seudónimo Fray Rodrigo.

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