El movimiento telúrico ocurrió a las 7:34 a.m., hora local, y tuvo una profundidad estimada de 76 kilómetros
- 23/08/2026 00:00
Rolando “Rolo” De Sedas es uno de los pocos artistas panameños que ha logrado conquistar al gran público con un personaje inconfundible: la Mami. Esta figura sonriente, de ojos seductores y pestañas imposibles, a veces ataviada con polleras, otras con vestimentas propias de la cultura Congo, ha marcado un hito en la cultura visual y popular panameña. La serie de “mis gorditas”, como él las llama, divertidas y sensuales, habita tanto en colecciones privadas como en grandes murales del Casco Viejo y hasta en la cadena de supermercados Rey.
Su iconografía ha capturado la imaginación popular como nadie, a excepción quizá del arte ecléctico, atrevido y vital de los emblemáticos, y ya casi desaparecidos, diablos rojos: esos autobuses extravagantes, ornamentados y pintados a mano, que circulaban por nuestras calles como arte popular sobre ruedas. Así como los diablos rojos, “las mamis” de De Sedas se han convertido en referencia obligada del arte urbano panameño, aunque algunos prefieren calificarlas de folclóricas o ingenuas.
Este artista forma parte de una tradición muralista y gráfica que en América Latina mezcla temas políticos y sociales con el arte pop, las costumbres locales y el folclor. Sus imágenes, simplificadas a la manera del arte urbano en Nueva York o París de la década de 1980, hacen que sus caras regordetas con rasgos exagerados y cuerpos voluptuosos en contextos naturales o rurales se identifiquen de forma inmediata con la comunidad, las raíces urbanas y las experiencias colectivas.
Desde el inicio, De Sedas se inclinó hacia el diseño gráfico, el dibujo espontáneo y sencillo, una predilección por las curvas y el equilibrio de las composiciones clásicas. Incorpora elementos de la naturaleza y formas femeninas inspiradas no en la estilización europea del siglo XIX, sino en la Venus paleolítica: un conjunto de figuras prehistóricas, pequeñas, redondeadas y cargadas de simbolismo.
La semana pasada una de sus obras se convirtió en una pantalla gigante y animada para la inauguración del Primer Congreso Estudiantil de Folklore en la Ciudad de las Artes. El Visitante conversó con De Sedas sobre su formación, proyectos artísticos y los orígenes de su icónica “Mami”.
¿Cómo fue tu infancia?
Soy el tercero de cuatro hermanos. Mario y yo, los menores, fuimos los pelaítos de la familia. Yo era gordito, poco amigo del deporte y pasaba mis tardes en la floristería de mi madre, Aida Judith Juárez de De Sedas, donde su creatividad me inspiró desde pequeño. Ella, la verdadera artista de la casa, me enseñó a amar la belleza y el color, aunque nunca quise trabajar con flores por ser un arte demasiado efímero.
En mi entorno familiar hubo figuras que marcaron mi visión del mundo. Mi padre y mis dos tíos paternos, Albert y Edgar. Albert, médico exitoso y fundador de El Níspero, fue un ejemplo a seguir. Edgar, por su parte, me hizo reflexionar sobre la vida y el arte.
Aparte de tu madre, ¿había inclinación artística en tu familia?
No directamente, pero mi entorno siempre estuvo impregnado de creatividad. La Floristería Judith, de mamá, fue durante 45 años un espacio cargado de color, textura y buen gusto. Estudié en el Colegio de La Salle y en el Colegio Cultural, pero mi verdadera vocación artística se forjó en los cursos de arte de Ganexa y en los juguetes creativos que recibía en Navidad.
¿Cuál fue tu formación académica?
Estudié Comunicación Social en la USMA y, paralelamente, Diseño Gráfico en Ganexa. Luego trabajé en publicidad, experiencia que sentí como una “prostitución cerebral” y que abandoné pronto. Un viaje a Egipto, inspirado por el arte milenario, me impulsó a buscar una obra que perdurara. Al regresar, me matriculé en Artes Visuales en la Universidad de Panamá, donde produje mi tesis sobre una “galería efímera” en Albrook Mall. El éxito de ese proyecto me permitió viajar a Barcelona para ampliar mis estudios.
¿Qué presentaste en tu graduación?
Mi obra se enfocó en la técnica: lo pop, las líneas, los volúmenes, las curvas y el trazo suelto. Predominaba la simetría, la luz, el equilibrio y una búsqueda de la belleza clásica. Las figuras, grandes y brillantes, se inspiraban en los arquetipos universales y en la estética del orden.
¿Cómo surge tu inspiración en la Venus de Willendorf?
Siempre he sentido una conexión con lo esotérico y lo místico. Mi trabajo gira en torno a la veneración por la Pachamama: la forma femenina que representa la fertilidad y la sensualidad. Mis gorditas evolucionan y se adaptan, reflejando la diversidad y el poder femenino.
¿Qué estudiaste en Barcelona?
En Barcelona, estudié un posgrado en Arte, Arquitectura Efímera y Artesanía en la Universidad Politécnica de Cataluña, y luego un doctorado en Arte para Espacios Públicos y Participación Ciudadana en la Universidad de Barcelona. Allí desarrollé el concepto de “ecosistemas artísticos”, uniendo regeneración de espacios, identidad y participación ciudadana. Para recoger las percepciones de los vecinos sobre el espacio, diseñamos herramientas llamadas “cajas cognitivas” que permiten recopilar información y construir proyectos colaborativos. Este enfoque, junto a una mezcla del land art y de la participación ciudadana, marcó el rumbo de mi trabajo de investigación.
¿Cuándo nace la primera Mami?
Surgió en una clase sobre identidad. Dibujé una figura femenina, curvilínea, con pollera, tembleques y pestañas abundantes. Su aceptación me confirmó que estaba creando algo especial. Barcelona, con su efervescencia creativa y su arte urbano, influyó profundamente en mi obra. Recuerdo el impacto que me causaron revistas como Wallpaper, donde su diseño gráfico exploraba caricaturas sofisticadas como antecedentes de las animaciones del presente.
¿Cómo usas la naturaleza en tu obra?
Mi visión es animista: la naturaleza tiene un carácter físico y espiritual que plasmo en mi trabajo. La influencia de mi madre, mi tío ecologista y mi padre, coleccionista de orquídeas, ha sido constante y vital. Siempre he sentido la naturaleza como parte esencial de mi universo creativo.
En tu obra hay elementos conceptuales, gráficos y una aversión al autoritarismo. ¿Cómo lo manejas?
Me cuesta convivir con estructuras rígidas y jerarquías. Soy más bien espontáneo, directo y libre. Llegó un momento en que dejé de buscar justificaciones y me enfoqué en evolucionar, encontrando mi voz y transformando mi obra en una acción social. Hoy sé quién soy y busco que mi arte sea una experiencia más allá de la contemplación, que mi trabajo se convierta en un legado.
Muchos te consideran un artista folclórico. ¿Cómo ves esa interpretación?
He trabajado sobre situaciones y grupos que conforman nuestras identidades, pero siempre desde una mirada externa, sin caer en el costumbrismo. Procuro que mi acercamiento sea fresco y al margen del folclorismo tradicional. Como un mensaje de respeto y de admiración celebratoria hacia la riqueza y diversidad cultural de Panamá y más allá. Quizás mi obra comenzó desde el arte pop, pero ha evolucionado hacia lo “universal” para tratar de superar etiquetas y fronteras.
Pasé por varias etapas, y hoy siento que mi trabajo de alguna forma también trasciende lo panameño. Tomé elementos de la cultura nacional y los integré, pero mi obra ha crecido hasta abarcar temas y conceptos comunes a otras comunidades globales. Ya no siento la necesidad de limitarme a una etiqueta. Estoy gestando varios proyectos, entre ellos varias exhibiciones individuales, una línea de ropa y, en especial, un libro de arte que es un compendio de mi universo creativo hasta el momento y que incluye mi interés por la educación y el medioambiente.
¿Cómo ves el arte hoy en Panamá?
Vivimos en una sociedad consumista y acelerada, sin una tradición artística consolidada ni suficiente apoyo estatal. Se han eliminado materias artísticas en las escuelas y, aunque el arte ha ganado visibilidad, aún estamos lejos de ser una sociedad contemporánea en sentido pleno. Hay un desfase entre lo que proyectamos internacionalmente y la realidad. Con humildad, busco aportar al desarrollo cultural de Panamá desde mi obra.
El autor es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).