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Inteligencia artificial en las universidades: entre la innovación y el pensamiento crítico
- 20/06/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️Una pregunta escrita en una plataforma de inteligencia artificial puede convertirse, en cuestión de segundos, en un ensayo, un resumen o una explicación detallada sobre casi cualquier tema. Lo que antes podía tomar horas de búsqueda entre libros, artículos científicos y páginas web ahora puede obtenerse con apenas unos clics.
La rapidez y facilidad que ofrecen estas herramientas han abierto nuevas posibilidades para la educación, pero también han despertado interrogantes sobre la forma en que se aprende en las universidades y el papel que seguirá desempeñando el pensamiento crítico en una era marcada por la inmediatez.
“Pienso que la inteligencia artificial es una gran herramienta porque me ayuda a resolver dudas, organizar ideas y ahorrar tiempo. Sin embargo, desde que empecé a utilizarla con frecuencia siento que he perdido parte de mi capacidad de análisis”, comenta María, estudiante universitaria.
Para ella, el uso frecuente de esta tecnología ha afectado su forma de pensar. “Antes dedicaba más tiempo a investigar, comparar fuentes y llegar a mis propias conclusiones, mientras que ahora muchas veces recurro a respuestas inmediatas”, explica. Su reflexión resume una inquietud que comienza a surgir en distintos espacios académicos: cómo aprovechar las ventajas de la tecnología sin dejar de desarrollar las habilidades que forman parte del aprendizaje.
Para el profesor Marcos Peña, de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), la inteligencia artificial representa una herramienta con un enorme potencial educativo.
“La inteligencia artificial puede utilizarse como un recurso pedagógico muy potente. Realmente contribuye mucho a la investigación y al desarrollo educativo de los estudiantes”, afirma. Sin embargo, considera que aún existe un desafío importante: aprender a utilizarla correctamente.
“Todavía no existe una cultura de inteligencia artificial para poder ser utilizada correctamente”, señala.
Según explica, muchos estudiantes recurren a estas plataformas para completar tareas académicas sin profundizar en los contenidos ni realizar investigaciones propias.
“Los estudiantes están utilizando la inteligencia artificial para hacer trabajos y entregarlos sin investigar ni entender realmente los conceptos necesarios para el aprendizaje. No todos, pero en su gran mayoría la están utilizando incorrectamente. Creen que puede sustituir la investigación y eso hace que realmente no estén aprendiendo lo que deberían aprender”, advierte.
Peña aclara que no todos los estudiantes hacen un uso inadecuado de estas herramientas. También observa casos en los que la IA funciona como un complemento dentro del proceso de investigación y elaboración de trabajos originales. No obstante, insiste en que hace falta una mayor formación sobre el uso responsable de esta tecnología.
A su juicio, prohibir la inteligencia artificial no es la respuesta.
“La inteligencia artificial forma parte de la evolución de la educación. Ya existe y nosotros, como profesores, debemos enseñar a nuestros estudiantes a utilizarla correctamente y no impedir que la utilicen”, sostiene.
“Hay que tener controles y hacer revisiones. Sin embargo, bajo ninguna circunstancia debemos impedir que los estudiantes utilicen la inteligencia artificial porque forma parte de la evolución educativa en el mundo”, enfatiza.
Mientras el debate suele centrarse en las aulas y en el rendimiento académico, desde la psicología la conversación se amplía hacia la manera en que las personas se relacionan con la tecnología y construyen conocimiento.
La psicóloga Leidy Martínez explica que los jóvenes han crecido en un entorno donde las herramientas digitales forman parte de su vida cotidiana, por lo que la incorporación de la inteligencia artificial representa, para muchos, un paso más dentro de esa evolución tecnológica.
“La inteligencia artificial puede ser una herramienta útil para aprender, organizar ideas o buscar orientación inicial; sin embargo, existe el riesgo de asumir que toda la información que proporciona es correcta o aplicable a cada situación”, explica.
Martínez compara este fenómeno con lo ocurrido años atrás cuando las personas comenzaron a buscar síntomas médicos en internet y, sin el debido contexto, llegaban a conclusiones equivocadas sobre su estado de salud.
Para la especialista, el punto central no es la herramienta en sí, sino la capacidad de las personas para cuestionar, contrastar y analizar la información que reciben.
“La tecnología no es buena ni mala en sí misma; lo relevante es aprender a utilizarla de manera consciente y flexible. La inteligencia artificial puede ofrecer validación y apoyo, pero también es importante desarrollar pensamiento crítico, ya que no siempre confronta nuestras ideas o creencias de la misma manera que lo haría una persona o un profesional capacitado”, indica.
La psicóloga advierte además que la facilidad para obtener respuestas inmediatas puede influir en la forma en que algunas personas enfrentan la incertidumbre.
“El desafío aparece cuando comenzamos a depender de esa inmediatez para resolver cualquier duda, emoción o problema”, señala.
Explica que habilidades como el análisis, la reflexión y la resolución de problemas se fortalecen mediante la práctica.
“La inteligencia artificial puede facilitar muchos procesos, pero el crecimiento personal sigue requiriendo algo que ninguna tecnología puede reemplazar por completo: la capacidad de pensar, cuestionar, adaptarse y aprender de nuestras propias experiencias”, añade.
Por ello, considera que el verdadero riesgo no radica en la existencia de la inteligencia artificial, sino en delegar completamente en ella tareas que requieren participación activa del estudiante.
“Es importante mantener espacios de aprendizaje y crecimiento fuera de las pantallas. Las conversaciones con otras personas, la lectura, las experiencias académicas, el trabajo en equipo y las relaciones humanas siguen siendo fundamentales para desarrollar habilidades sociales, emocionales y cognitivas que ninguna tecnología puede reemplazar por completo”, afirma.
“Utilicen la inteligencia artificial de forma consciente. Antes de pedir una respuesta, pueden preguntarse: ‘¿Ya intenté resolver esto por mi cuenta?’, ‘¿Qué pienso yo sobre este tema?’ o ‘¿Cómo llegué a esta conclusión?’. Estas preguntas ayudan a mantener un rol activo en el aprendizaje y fortalecen la confianza en las propias capacidades”, señala.
Pese a las preocupaciones, tanto Martínez como Peña coinciden en que la inteligencia artificial puede convertirse en una aliada importante para la educación cuando se utiliza de forma responsable.
“La inteligencia artificial tiene el potencial de convertirse en una gran aliada para las nuevas generaciones. El reto no es evitarla, sino aprender a utilizarla de manera responsable, equilibrada y crítica, para que potencie nuestras habilidades en lugar de reemplazarlas”, concluye Martínez.
En medio de un panorama educativo que continúa transformándose a gran velocidad, la discusión parece alejarse cada vez más de la pregunta sobre si la inteligencia artificial debe utilizarse o no. La cuestión que emerge ahora es otra: cómo aprender a convivir con una tecnología capaz de ofrecer respuestas inmediatas sin renunciar al proceso de pensar, cuestionar y comprender que da sentido al aprendizaje.