Temas Especiales

08 de Mar de 2021

Café Estrella

‘Somos un país condenado al éxito’

Una cálida brisa sopla por las callejas del Casco Viejo. Rubén Blades intenta abrir uno de los ventanales que conducen al balcón de su a...

Una cálida brisa sopla por las callejas del Casco Viejo. Rubén Blades intenta abrir uno de los ventanales que conducen al balcón de su apartamento y a una espléndida vista del Teatro Nacional y de la playa a la que descienden las ruinas del antiguo Club de Clases y Tropas. La manija no cede a pesar de que la sujeta fuertemente con su mano derecha. Bromeando, comenta que una de sus pesadillas recurrentes consiste en que entra alguien a apuñalarlo -tal vez un Pedro Navaja en busca de un par de pesos, su colección de maracas o alguno de los innumerables reconocimientos que ha recibido- y que no puede escapar. ‘Parece una de tus películas’, aventura el bajista Roberto Delgado, el director de la orquesta con la que Blades se estará presentado esta noche en las escalinatas del Edificio de la Administración del Canal, en el marco del ‘Verano Cultural’ de la ACP.

El conserje se acerca con su silencio mestizo. Aprieta la manija con decisión, abre el ventanal y le franquea el paso al cantautor. El intérprete explica que nunca sale al balcón, casi como esgrimiendo una disculpa. No es que sea una de esos artistas ermitaños, un poeta encerrado en su torre de marfil (en este caso se trata de un espacioso apartamento de dos pisos). No, su espíritu jovial y desenfadado, que lo lleva a vacilar de forma indiscriminada a conocidos y extraños, evidencia sus orígenes de barrio, de alguien acostumbrado al contacto con la gente. Cada vez que lo ven asomar su cabeza -con una calva que sus cabellos despeinados por la brisa a dura penas pueden ocultar- los grupos de turistas que pululan por San Felipe comienzan a gritar al reconocerlo. Y es que el compositor de 63 años (cumplirá 64 a mediados de año) se ha convertido en otro atractivo más del Casco Antiguo, el barrio que lo vio nacer el 16 de julio de 1948.

AMOR Y CONTROL

‘Mis padres, Anoland y Rubén, y yo dormíamos en la misma cama. Ellos me criaron con mi abuela, mis hermanos, la gente de mi barrio y las maestras que tuve en el Instituto Justo Arosemena, la República de Francia y en el Nido de Águilas’, rememora el ganador de 10 premios Grammy, incluyendo los Grammy Latinos que ha recibido (el último fue el año pasado con ’Todos Vuelven Live’, álbum que recoge un concierto que ofreció en Puerto Rico, junto a la orquesta de los ’Seis del Solar’). Todavía recuerda el nombre de sus profesoras. También los artistas que se escuchaban en la radio de su hogar, que se mantenía prendida durante todo el día. Canciones de Tito Puente, Benny Moré, Frank Sinatra, Elvis Presley, intercaladas con programas de noticias y la ‘Tremenda Corte’.

La disciplina era estricta no solamente en su casa, sino en también en los hogares de sus vecinos. Su madre, Anoland Bellido de Luna, era una pianista cubana que conocía de memoria el guardarropa de sus hijos. Si alguno de ellos llegaba a casa con una camiseta desconocida, el interrogatorio no se hacía esperar.

-¿Y tu de dónde sacaste eso, chiquillo?

-Mamá, yo venía caminando por un tendedero y me lo encontré en el suelo...

Acto seguido, Anoland llevaba al hijo en cuestión al lugar donde supuestamente se tropezó con la prenda. Si había pegado una mentira, el niño sabía a que atenerse. ‘La primera tanda te la daba tu mamá. Después llegaba tu papá y te arreglaba también... Eran otros tiempos’, reconoce el músico, quien próximamente tendrá la oportunidad de trabajar con Gustavo Dudamel, director de la Orquesta Juvenil Simón Bolívar de Venezuela, cuando en Caracas se presente el musical Maestra Vida.

POLÍTICO ‘DECAF’

A pesar de que esquiva las preguntas relacionadas con la política nacional con la habilidad de alguien que ha ofrecido demasiadas entrevistas a lo largo de su carrera (como cantante, actor y político), manifiesta que ‘hay cosas que están ocurriendo frente a nuestras caras y que no podemos aceptar’.

El salsero considera que actualmente en muchos hogares panameños ha tenido ‘lugar una descomposición familiar tan grande que no hay forma de controlar a nadie, los muchachos andan a la deriva’. A esta generación extraviada le urge un guía, afirma, que los ayude a desarrollar todo su potencial.

Al compositor de Plástico, Tiburón y Pablo Pueblo le preocupa también el clima de polarización que reina en un país que considera tiene todo para convertirse en ‘una de las mejores sociedades del mundo’. Plantea que en todos los partidos políticos existen elementos que son capaces. Es por ello que en las elecciones pasadas apoyó a Balbina Herrera, candidata del Partido Revolucionario Democrático (PRD), una decisión de la que afirma no arrepentirse.

El problema, para él, radica en cómo ‘se hacen las cosas aquí en Panamá, con la toalla, el clientelismo, es algo que hay que resolver a largo plazo’. Propone que se eleve el debate político, para que así las discusiones no terminen siempre ‘con alguien diciéndole a otro: Tú lo que eres un negro de mierda, no tienes idea de lo que estas hablando...’

-¿Existe actualmente un clima de tensión en la sociedad panameña?

-Qué se busquen un psiquiatra...

Blades continúa eludiendo los temas de actualidad. Y es que la política, por más que lo apasione, no es un tema al cual le pueda dedicar mucho tiempo ahora mismo. ‘Yo estoy grabando 15 álbumes en este momento. ’Toy pa el Guinnes...’, enfatiza, mientras sorbe una taza de café descafeinado. Al parecer no le hace falta cafeína para llevar a cabo estos múltiples proyectos con artistas de la talla de Cheo Feliciano, Paco de Lucía y el conjunto brasileño Boca Livre.

Asegura que el secreto es una visión a largo plazo. ‘Somos un país que está condenado al éxito. Pero la gente acá tiene que dejar de pensar como lo han hecho hasta ahora, de quincena en quincena. Tenemos que hacer un consenso nacional sobre qué clase de país queremos dentro de 25, 50 años, y organizarnos alrededor de esa idea, no del bolsillo de cada cual. Si no nos va a pasar como le ha sucedido a nuestros boxeadores, que manejan grandes fortunas y terminan en una situación lamentable’, sentencia, consciente de que el crecimiento económico, si no es bien administrado, no resolverá las carencias de la población.

Cuando expone sus ideas sus ojos, que hacen juego con el color oliva de su camisa, parecen traspasar al interlocutor. A lo largo de la disertación, sus manos se mueven en todas direcciones, como buscando convencer, apuntalar cada planteamiento. O simplemente se rasca la barba entrecana que puebla su mentón...

Como ejemplo a seguir destaca el modelo apolítico de la ACP, que está sustentado en una meritocracia. ‘Tu no puedes llegar al Canal a nombrar las botellas de tu partido que botaron por ti o para poner al bruto de tu primo’, expone quien durante los cinco años que administró el Instituto Panameño de Turismo (hoy Autoridad de Turismo de Panamá) se alejó de los escenarios. Aunque actualmente asegura no pertenecer a ningún partido, no descarta retornar a la política en un futuro, siempre y cuando no tenga que asociarse con políticos que ‘no han aprendido a ser manos, sólo son dedos y cada uno agarra para donde le da la gana’. Y siempre y cuando esté dispuesto a sacar la guitarra de su casa por otros cinco años más...

PAULA, LUBA Y NUEVA YORK

-¿Qué significa Nueva York para usted?

-Cuando llegué allá, después del golpe militar del ’68, estuve dos año y medio comiendo mierda, durmiendo en el suelo, sin ropa, sin amigos, familia, nada... Al principio fue difícil, pero Nueva York para mi es el lugar en el que me desarrollé como adulto, no solo en términos de trabajo, sino también como hombre...

Antes de trabajar con figuras como Ray Baretto y Willie Colón (con este último grabó ’Metiendo mano’, ’Siembra’, ’Maestra Vida 1’, ’Maestra Vida 2’, ’Canciones del solar de los aburridos’ y de ’The Last Fight’), se desempeñó como repartidor de correos en el sello discográfico de la Fania. Con el tiempo tendría la oportunidad de conocer a íconos de la música como Miles Davis, Tito Puente, Paul Simon. Y también a la misteriosa Paula C., la musa a la que dedicaría uno de sus clásicos. ‘Fue mi primera relación con una mujer adulta, la primera persona con la que viví que no fuera mi padre, madre o alguien de mi familia’, evoca.

La Gran Manzana dejó huellas profunda en él. Es por ello que no sorprende que su actual esposa, la cantante de jazz Luba Mason, haya nacido en esta urbe. La pareja de artistas vendió una residencia que tenían en Los Angeles e invirtió el dinero en la adquisición de una propiedad en Nueva York. ‘Usualmente cuando los políticos salen del puesto compran. Yo tuve que vender unas vainas’, detalla quien este año se embarcará junto a Roberto Delgado y un colectivo de músicos panameños en una nueva gira internacional. El tour ‘Cantos y cuentos urbanos’ incluirá ciudades en Europa, donde confiesa que perdió momentáneamente la voz cuando retornó luego de haber cumplido sus cinco años como encargado de la cartera de turismo.

De su esposa Luba, que sonríe desde una fotografía ubicada en su escritorio, compartiendo espacio con un par de CDs y una escultura de un árbol (símbolo del partido Papá Egoró, con el que corrió para presidente en 1994), cuenta que un día le hizo una de ‘esas preguntas frega’as, pero que uno tiene que hacerlas’.

-¿Hey, Luba, cuando te mueras dónde quieres que te entierren?

-En Panamá, contigo...

‘Aya la ñeks’, es todo lo que atina a decir su colega Roberto Delgado, antes que a Blades se levante de la mesa, con ojos trémulos y súbitamente enrojecidos, para ir al baño. Retorna al cabo de unos minutos, ya recompuesto, se sienta y mira de reojo a Delgado, quien a su vez se levanta...

-¿Para dónde vas?

-Para el baño...

-Deja un cuara en un vasito que está ahí... Más si vas a usar el papel.

Nuevamente es el Rubén de siempre, el que a pesar de derrochar buen humor y simpatía, mantiene cierta intensidad latente, como demandando estar siempre en control de la situación. Un ‘frontman’ innato. Aún en el comedor o en el estudio de su casa.