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30 de Nov de 2020

Ciencia

Roberto Rojas, el “Don” de las chitras

Es considerado por algunos el mejor especialista en la identificación de los vectores de leishmaniasis en Panamá

A las cuatro de la mañana, Roberto Rojas sale de Chilibre en el autobús que lo acercará a la Avenida Justo Arosemena. Muchos ya conocen su trayectoria. Los más nuevos se preguntan qué papel cumple aquel abuelito de tez oscura que deambula –entre seis de la mañana y dos de la tarde– por los pasillos del Departamento de Parasitología del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (ICGES).

Su historia se inició 60 años antes, a quince días de haber contraído matrimonio. Rojas compartía vivienda con su madre y mujer en Santa Rosa, un caserío situado en las cercanías del río Chagres. Cursaba el Colegio de Artes y Oficios y sería radiotécnico dentro de poco. No pasaba de los veinte años.

Una mañana se le acercó un vecino del área, el bocatoreño Henry Van Horn, responsable de la estación del Gorgas en el área de Juan Mina. Pronto se iniciaría un proyecto en el Darién y necesitaban recolectores de mosquitos.

Rojas necesitaba el trabajo y no lo pensó mucho. Así se incorporó a una investigación liderada por el doctor Pedro Galindo, primer investigador panameño en formar parte de la institución y posteriormente su primer director nacional. Mientras se adentraba a la selva por primera vez, el joven no se imaginó que nunca llegaría a ser radiotécnico y que aquel sería el día número uno del único empleo de su vida.

DEL MOSQUITO A LA CHITRA

Siete meses estuvo alejado de su esposa –con un descanso de 10 días– antes de recibir la llamada que lo regresaría a Panamá de manera permanente. El doctor Marshall Hertig necesitaba quien lo ayudara en un proyecto que tenía con las ‘lutzomyias' o chitras.

‘Fue cuando comencé a especializarme en su identificación', evoca, sentado junto a un microscopio. Fue en esos años que conoció también a Alexander Graham Bell Fairchild –uno de dos nietos de Alexander Graham Bell, el inventor del teléfono– quien investigaba en la misma línea que Hertig.

En La Zumbadora de Cerro Azul recolectó las primeras especies y recibió su primera picada infectada de leishmania. ‘Las chitras pican más sabroso que los mosquitos', se ríe alzándose el pantalón y bajándose el calcetín para mostrar las cicatrices que le dejó el parásito.

El colonense se convirtió en aprendiz de dos panameños a su llegada, Néstor González y Ratibor Hartmann, quienes trabajaban bajo el amparo de los reconocidos científicos extranjeros en la identificación de chitras. Con dedicación y atención al detalle, Rojas aprendió a diferenciar la hembras de los machos y cada una de las más de 70 especies que circulan en el país.

‘Es un especialista ‘empírico' sobre la identificación taxonómica de los vectores de la leishmaniasis en Panamá', destaca el doctor Azael Saldaña, actual Jefe del Departamento de Investigación en Parasitología del ICGES. ‘El mejor que conocemos'.

A meses de cumplir 82 años, aún recibe llamadas de la Universidad de Panamá para entrenar a estudiantes de entomología. Chystrie Rigg, entomóloga del ICGES recuerda su primera gira de recolección con Rojas. ‘Nunca había escuchado de las lutzomyia, pero el señor Rojas me enseñó', admite. ‘Aún, cuando no las logro identificar, le pido que me ayude'.

Pero su pericia en la materia no solo ha permeado en el conocimiento de distintas generaciones de estudiosos locales, sino que ha traspasado fronteras. ‘La sobrina de Fidel Castro estuvo aquí por tres meses formándose en la identificación de chitras', esboza Rojas, aclarando que no es suficiente tiempo para aprender en detalle. ‘Aprendió lo básico', sostiene mientras alcanza un texto grueso que descansa sobre una repisa.

DIFERENCIAS MICROSCÓPICAS

Es una especie de ‘biblia de la chitra' con ilustraciones enumeradas para detallar cada estructura del animal. El especialista apunta hacia una figura en la que se vislumbran una especie de uñas. ‘Son unas ‘espinitas' que solo tienen los machos, pero cada especie de macho difiere en el número de espinas, o unas son más largas que otras'.

La hembra se diferencia por la ‘espermateca', un órgano del aparato reproductivo, que según Rojas se asemeja a un racimo de guineo. ‘Las hembras también tienen la proboscis', destaca al tiempo que señala hacia un dibujo del aparato bucal de succión.

Luego de diferenciar hembras de machos, se montan en placas para identificarlas por especie una por una en el microscopio. ‘Por cada gira recolectamos más de mil y hacemos giras cada dos o tres meses', precisa Rigg. ‘Una gira puede tomar hasta seis meses tratando de identificarlas'. La científica destaca que es fundamental identificar a cada una para saber cuáles son las principales especies transmitiendo la leishmaniasis en las comunidades que visitan.

Pero el color también influye a la hora de distinguir. ‘Unos tienen la cabecita oscura y otros un poquito más clara', explica Rojas. Por otra parte, se fija en la forma y la posición de las alas o si las recorren unas ‘venitas'. Incluso bromea sobre las diferencias entre picadas. ‘Yo creo que unas pican más duro que otras', insinúa.

Rojas sonríe y repone el libro en su repisa al tiempo que inserta una placa en el microscopio. ‘Esta es una lutzomyia panamensis', declara en pocos segundos, retirando la mirada del ocular. Es una de las ‘5 o 6 especies antropofílicas de chitra' en Panamá. Es decir, de las que pican al hombre.

DE REGRESO A CASA

Sin grandes quebrantos de salud, fuera de una leve catarata que le nubla la vista en un ojo, el ‘experto en chitras' considera que pronto se despedirá de los microscopios y las ‘lutzomyias' para cuidar de su esposa, quien ha perdido la visión y ya no se moviliza.

‘Me quiero retirar. Tal vez a principios del otro año para quedarme tranquilo en la casa con mi familia'. Con su mujer tuvo siete hijos, algunos de los que ayudan a cuidar de ella mientras él labora. ‘Por eso me voy temprano, para estar pendiente y que ellos puedan salir a hacer sus oficios'.

En eso saca un recorte de periódico amarillento –sin fecha, en inglés– con una foto suya en la que no pasa de los 30 años. Luego extrae una fotografía en la que aparece junto al director del Gorgas en aquél tiempo y dos señores más. ‘Éramos los tres más viejos, nos hicieron un agasajo en el Holiday Inn', detalla. ‘Este de aquí ya murió', menciona, apuntando a uno de ellos. Luego guarda la imagen en el bolsillo de su camisa verde pastel en la que se lee el nombre del instituto. Tiene varias de ellas en casa.

‘Nunca he pensado en cambiarme de trabajo, me gusta la compañía', subraya. ‘Le doy las gracias a los doctores encargados del departamento porque todavía me tienen aquí'. Y así se despide, para desaparecer entre los pasillos que por tantas décadas han sido testigos de su andar.