La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Ciencia

Una panameña con los ojos en las estrellas

La clase sobre el Sistema solar que Madelanie Rojas recibió en la escuela, con 10 años de edad

Ella llega a paso firme. Sin importar lo que vista, el centro de atención se dirigirá a sus anteojos con aros negros que resguardan aquellos ojos que quién sabe cuántas estrellas habrán contado, las suficientes para reconocerla como la primera doctora panameña en astronomía.

Siempre quiso ser astrónoma, fue una llamarada que se encendió en su interior. Madelaine Mitchell Rojas García aún recuerda que a los diez años durante la explicación sobre el Sistema Solar de la maestra Marilyn Palmer, deseó ser astrónoma, entonces ella le explicó que tendría que salir de Panamá. Aquella niña respondió: -Sí maestra ¡cómo no!

Pasaron los años, la curiosidad se convirtió en disciplina que le sale por los poros. Desde la primera cita fue exacta, como el lenguaje de sus manos, las laboriosas dejan que sus delgados dedos indiquen lo que a continuación escribirá. De trato amable, al sonar su móvil pide disculpas, contesta, la comunicación de su cuerpo atiende a la persona sin distracción. Vuelve a escena, carraspeo una pregunta ¿Qué utilidad tiene la astrofísica y la astronomía?

“Es necesario hacer conciencia sobre las ciencias espaciales y para qué sirven, pues hay como una máscara de que es para extraterrestres, y no es así. La Tierra es un planeta como los demás en nuestro sistema o en otros sistemas, entonces tenemos que cambiar eso de mirar solo al frente, lo material, y tratar de extrapolar más allá”, detalla.

Lastimosamente, Panamá no cuenta con observatorios adecuados para hacer investigaciones acerca del universo. Sin embargo, Jorge Luis Rojas, aficionado a la astronomía, considera en el caso de Madelaine, se trata de una persona que no ha desmayado en dar a conocer a esta ciencia extraordinaria a la niñez y juventud, y citó la experiencia de verla como una de las organizadoras del Ier. Congreso de Ciencias Espaciales, realizado en mayo 2016, en Veraguas.

‘La Tierra es un planeta como los demás en nuestro sistema, tenemos que cambiar eso de mirar solo al frente, tratar de ir más allá'

MADELAINE ROJAS

DOCTORA EN ASTRONOMÍA

De lenguaje sencillo, baja el mundo espacial en una plática. Según la astrónoma, el ser humano todo lo compara, nuestro carro con el de los demás, nuestros hijos con los de otros, nuestro planeta con otros, hasta darnos cuenta qué somos ¿grandes o muy pequeños? “Cada persona llega a su propia conclusión de cómo entiende nuestro mundo, hacia dónde vamos. Necesitamos de las ciencias espaciales en su conjunto, no solo de la astronomía. Esa comparación nos permite no menospreciar carreras”, acota.

Estudió en Moscú, Rusia, a 11,015 kms. de distancia de Panamá. En aquel sitio nunca pensó le sería útil la travesura de escarbar en la biblioteca familiar donde encontró una enciclopedia Larousse, el pasaporte para aprender el alfabeto cirílico que rige en la lengua rusa. En casa de su abuelo había una pared de libros. Entre papeles abrió la puerta a nuevos mundos. “Era la primera vez que veía edificios gigantes, puertas gigantes, yo iba leyendo todo, aunque no sabía qué significaba, podía pronunciar”, comenta.

Los carriles fueron amplios en la nueva ciudad, y su madre, similar a un camión con la suficiente fuerza para empujarla a esos espacios de conocimientos que le otorgaron una especialidad en astronomía y astrofísica de la Universidad Estatal de San Petersburgo, en el periodo 2005-2014. Y pese a que la idealizó médica, al final la apoyó en su sueño. Sus hazañas movilizaron las energías necesarias para lograrlo, desde hacer cartas, tocar puertas.“Nos poníamos a ver la serie Sala de Emergencias, que le fascinaba a mi mamá, pero yo no soportaba la sangre”, recordó.

Era la primera vez que viajaba en avión. En esos días la plata no sobraba. La rebeldía de adolescente sentó las bases camino a su logro. ¡Y sí que fue rebelde! Cambió de escuelas primarias con frecuencia, pasó por los centros educativos Roberto Chiari, Bilingüe Vacamonte; sus estudios secundarios los completó en el Instituto América. Tenía un trayecto de viaje diario desde Vacamonte hasta Bethania y vuelta, con dificultades de transporte no lejanas a las de hoy. Debía levantarse a las cuatro de la mañana para salir a las cinco y empezar clases a las siete.

“Era difícil, pero fue una ganancia ir a ese colegio donde encontré al profesor de física, Elpidio Mora, quien me alentó a entender esa materia”, testifica.

Ya en Rusia, al principio obtuvo una beca parcial del Ifarhu, luego al final de la especialidad y durante el doctorado le ofrecieron un auxilio económico. En 2009, Senacyt le respaldó un trabajo de investigación. La Federación Rusa le otorgó una pequeña beca durante toda la carrera por ser estudiante sobresaliente. Además, recibió el apoyo mensual del Ingeniero José Sosa, este último respaldo fue crucial, ya eran dos oportunidades fallidas, así pudo viajar. Madelaine nunca olvidará el ruido de las llantas del auto Lada de su madre camino a cambiar el cheque antes de que cerraran el banco.

Su mundo de estrellas no siempre estuvo iluminado, pero la perseverancia fue su aliada cuando percibió barreras. No teme decir que tenía un nivel académico más bajo que los demás compañeros. Sin embargo, cuanto más le costaba, más estudiaba. Al punto que los profesores sabían que después de clases se iba a quedar para hacer preguntas. Lejos quedaron los días de tutora escolar, donde descubrió que le gustaba enseñar, a veces, sus compañeros le compraban la comida. Entonces, recibía una ayuda económica por ser atleta del colegio, eran otros días. Ahora, navegar en otras galaxias costaba, por ejemplo, para aprender el ruso tardó 3 años. Este salto de fronteras le permitió la experiencia de trabajar en el Laboratorio de Astrofísica Experimental del Instituto de Astronomía de la Universidad Estatal de San Petersburgo, y de regreso a Panamá, ocupar espacios de enseñanza superior. Hoy, desde la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología -Senacyt, coordina proyectos de ciencias espaciales desde la Dirección de Aprendizaje y Popularización. Es un mundo por comprender para muchos.

“Las personas cercanas, me dicen que no tengo los pies en el suelo, que soy así ¡en el aire!”, menciona la doctora.

En esa misma órbita están otros panameños, quienes se dedican a la astrofísica: Rodney Delgado, Armando González Godoy, Eduardo Xavier Amador, y recientemente Ulises Núñez. Entre ellos, ella es la única estrella.

Madelaine traza el inicio de su legado poco antes de sus 31 años de edad. Fue un 28 de agosto de 1985, cuando la comunidad Torrijos Carter se vio iluminada con esta estrellita. Desde los inicios provocó revolución. Su madre, quien la tuvo a los 18 años, se propuso trabajar para sacarla adelante. A los 5 años se mudaron a Vacamonte, nació su único hermano, gran parte de su convivencia era con sus abuelos, cuando sus progenitores se separaron.

Y como si fuese un planeta, el núcleo de Madelaine es su familia. En la segunda cita, Konstantin esperaba en el auto, pero le indiqué a la entrevistada que él era una fuente informativa, entonces le habló por teléfono con un ruso muy fluido.

¿Qué dijiste, me traduces? Sonríe al responder: Le dije, ven, te quieren hacer preguntas.

Mientras llegaban, ella me cuenta que en ruso el nombre de su hija Snezhana, significa princesa de nieve o tierna, y Stela, su segundo nombre, significa estrella en latín. A los minutos, se presenta Konstantin Korchuganov, con su clon en brazos. Y se conmueve la mirada de la astrónoma; llegaron quienes le ayudan a mantener la fuerza de gravedad. Esta analogía surge al escuchar a “Kostya” –como ella le llama-:

“Como pareja, estamos cerca. Y como tenemos diferente educación y vista del mundo, esa mezcla sale bien, porque pregunto, ¿Madelaine, cuánta gasolina tienes en tu auto o plata en tu bolso o tu teléfono está contigo? Ella no sabe. Todo es las estrellas, algo que las otras personas no hablamos.”

Son un complemento. Entre el batido de preguntas y respuestas carga a su bebé, que aún no camina. Esa tarde en el café percibo que invado su tiempo de familia. Me asegura que antes de ser madre pasaba largas horas en asuntos de trabajo, ahora trata de desconectarse. A las 6:00 a.m., pasea a su perrita Mía, la cual trajo de Rusia. Es un buldog francés que le regaló Konstantine al pedirle matrimonio. Luego de dar de comer a la bebé, se dirige al trabajo, y sale a las 15 horas, gracias al beneficio de la Ley 50 de 1995 que protege y fomenta la lactancia materna.

Madelaine dista características distintas a las jóvenes de su edad. Tiene un pensamiento crítico sobre las redes sociales, al considerar que es una herramienta a analizar. “Hace años que no tengo Facebook y hace poco tiempo instalé el whats app. A veces es necesario utilizarlas con discreción”.

Amena al trato, tiene toneladas de sencillez, y buen sentido del humor. Un recuerdo inolvidable es que al viajar a Rusia, una iglesia le regaló abrigos para soportar el frío. Era ese tipo de ropas que usan para dramas. Ella señala sin pena que parecía una integrante de la familia peluche de la serie televisiva de Derbez.

“¡Me lo puse, y así salí caminando hasta el auto, no quise que me buscaran! Yo quería ver la nieve. Es curioso cuando escuchas por primera vez ese currchis, de la nieve, nunca lo olvidaré”, recordó.

Su conversa es llevadera, capaz de invertir su rol de entrevistada. Una de las veces que la fotografiaron mis ojos, se oscureció la escena, me trasladé al cielo pacífico y estrellado de verano en La Chorrera. Pienso quizás por eso ella es calma, el lenguaje estelar contagia. Se quita los lentes al recordar que su madre, la señora Francia Italia, por aquello de la tradición familiar le quería colocar nombre de países; estaba fijado sería Austria Hungría; sin embargo, su padre sacó de una novela francesa el nombre con que la conocemos. Tal parece que su mundo está rodeado de sapiencias, y es que la doctora en astronomía ve el conocimiento como una puesta en común, hace recordar los principios de la educación popular que señalan el proceso de aprendizaje del individuo en la práctica, experiencias, el razonamiento y el contexto social:

“Conocimiento es cuando logras entender que necesitas saber algo por muchas razones y quieres entrar en ese mundo, y para mí, es compartirlo a los demás. Esa es la esencia. Si yo investigo algo y no lo traspaso, se olvida. Toca enseñar, meterse de lleno y entender de dónde salió, esa palabra por qué.”, afirma la astrónoma.

Serafín Blis, Coordinador de Planes y Proyectos en la Dirección de Aprendizaje de Senacyt, manifesta es un honor compartir con ella, presencia su entusiasmo al compartir conocimiento, sembrar semillas de curiosidad en los más pequeños, en quienes viven lejos. “Estamos en la misma frecuencia y soñamos proyectos. Es una grandiosa profesional y ser humano”, concluye sobre Madelaine Rojas.