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10 de Jul de 2020

Cuentos y poesía

El Demonio y Donald Trump

Cuentos y Poesías del 7 de marzo de 2020

Había una vez un chico llamado Donald John Trump. Debía haber sido feliz: Tenía padres ricos que lo consentían en todo y tuvo la oportunidad de adquirir una educación decente (pero decidió no aprovecharla). Aun así, se quejaba: Lloriqueaba sin cesar porque, según él, no tenía todo lo que quería, ni todo lo que se merecía.

El Demonio y Donald Trump

Se quejaba tanto y en forma tan ruidosa e insistente que el Demonio lo oyó y decidió ir a verlo: Era un personaje muy apuesto, bien vestido y con una sonrisa encantadora. Lo único peculiar era que llevaba botas de cuero suave, con hendiduras para cada pezuña. “Donald”, le dijo el Demonio, “me parece que eres un joven que quiere y se merece mucho más de lo que posees”.

“Tienes toda la razón”, dijo Trump, “sin que importe quién seas tú. Este cuarto de pronto huele a azufre... ¡Qué raro! Sí, yo quiero más de lo que tengo y además, merezco todo lo que quisiera tener. Pero, ¿qué voy a hacer?”

“No lo lograrás tú solo”, dijo el Príncipe de las Tinieblas. “Pero yo puedo hacer que lo que quieras sea tuyo, por el resto de tu existencia terrenal”.

“Muy bien”, dijo Donald. “¡Hagamos un trato!”

“Primero”, dijo Mefistófeles, “negociemos un contrato. Un acuerdo normal, nada extraordinario. Dime lo que quieres, y lo obtendrás de una vez”.

“Es así como yo hago mis tratos”, dijo Trump.

Y entonces Satanás preparó un contrato, dándole a Trump riquezas infinitas, poderes absolutos y posesión de las mujeres de calidad que se le antojaran, por el resto de su vida. Trump, el negociador extraordinario, revisó el contrato con cuidado y solo encontró un problema.

“Algo más”, dijo. “Quiero tener el cabello rubio”.

“Hecho”, dijo el Demonio. “Ahora solo tienes que firmar aquí sobre esta línea. Ah... Tendrás que firmar con sangre –es un detalle nada más con el que la Compañía cierra sus tratos. Aquí tienes un alfiler. Solo tienes que pincharte el dedo y escribir tu rúbrica con sangre”.

“¿Rúbrica? ¿Quién es ella?”. El Demonio se lo explicó.

Y Trump firmó.

Durante mucho tiempo, todo parecía perfecto. Trump se hizo infinitamente rico, se adueñó de las mejores “supermodelos” del mundo y adquirió un poder absoluto. Pero se estaba poniendo viejo y el tiempo que le quedaba era poco. Un día, cuando ya avanzaba hacia sus 74, en el despacho oval de la Casa Blanca se sintió un fuerte olor a azufre, y momentos después apareció el personaje apuesto y bien vestido.

“Señor Príncipe de las Tinieblas”, dijo Trump. “¡Tanto tiempo sin verte! ¿Qué te trae por aquí?”.

“Tu tiempo es ya muy corto”, dijo Lucifer. “¿Estás preparado para cumplir tu parte del contrato?”.

“¿A qué te refieres?”, dijo el presidente. “¿Tengo yo una parte en el contrato? Pensé que tenía todo lo que quería porque... porque soy Donald John Trump. ¿No es eso lo que dice el contrato?”.

“No precisamente”, contestó el Demonio. “Quizás no lo leíste con mucho cuidado. Como tú lo sabes muy bien, señor negociador, todos los contratos exigen algo de ambas partes. En tu caso, al terminar el curso natural de tu vida –o sea, dentro de muy poco– tú serás mío, yo seré tu dueño y te llevaré para siempre a mi casa (que yo acostumbro llamar 'El Infierno'). ¿Me entiendes?”.

“¡Muéstramelo!”.

“Aquí está el contrato que firmaste con letras rojas. ¿No te acuerdas?”.

“Bueno, quizás firmé y quizás estuve de acuerdo, pero he cambiado de idea. Prefiero ir a Mar-a-Lago. Me han dicho que tu casa es muy caliente y que no tiene aire acondicionado”.

“Un contrato es un contrato y este se hará cumplir. Vámonos”.

“Me niego a ir contigo. Llamaré a Bill Barr. Llamaré a Kellyanne Conway. No puedes hacerme esto”.

“Bill y Kellyanne no te podrán ayudar esta vez. Vamos. Si no cumples tu contrato, te llevaré a juicio y lo ganaré. Yo siempre gano”.

“Magnífico. Cuando alguien me hace un juicio, soy yo el que siempre gana. ¡Que la corte decida!”.

Y fue así como se presentaron al juicio. El Demonio había estipulado en el contrato que él escogería al juez y a los miembros del jurado. El juez sería Roger Taney. Los jurados nombrados fueron: Benedict Arnold, Aaron Burr, Richard Nixon, James Buchanan (estos dos últimos los principales candidatos, hasta hace poco, al título de Peor Presidente de EE.UU), Joseph R. McCarthy, John Wilkes Booth, James Earl Ray, Lee Harvey Oswald, George Wallace, J. Edgar Hoover,0 Margaret Mitchell (cuya novela extremadamente popular es degradada tanto por su racismo como por su anti-feminismo), y Phyllis Schlafly.

“No me parece que hayas logrado un jurado con paridad entre los géneros”, dijo Trump con un tonito sarcástico.

“Lo sé”, respondió el Demonio. “No encuentro a muchas mujeres que deseen colaborar conmigo. Ah... aquí viene mi abogado —Roy Cohn”.

“Y ¿dónde está mi Roy Cohn?”, gimió Trump. “No lo podrás emplear porque es mío”, dijo el Demonio. “¿Qué te parece Alan Dershowitz como tu abogado? Él no es mío... todavía”.

Dershowitz aceptó encantado. Pero no daba la talla de Roy Cohn, ni contaba con un jurado que simpatizara con él. El jurado elegido por Satanás votó unánimemente a su favor y este se acercó a Trump cacareando de alegría. “Eres mío, Don —ven”.

“¡Un momento!”, gritó Trump. “El contrato dice que tengo tiempo hasta el final de mi vida. ¡Soy joven, un hombre todavía lleno de brío!”.

“Eres un rubio de 73 años cumplidos, Don. Estás acabado. Demasiadas chuletas y bolas de helado a la hora de dormir. Bueno, te dejaré en paz hasta que termine el juicio presidencial –estoy seguro que lo disfrutarás– y después nos vamos. Por si te interesa, Mike Pence viene también con nosotros”.

“¡DEMONIOS! ¡Eso significa que la loca de Nancy ocupará la presidencia!”.

“Te felicito, rubito”, dijo Lucifer. “Por primera vez en tu vida, has dicho la verdad. Perdón, ya no eres rubito. Hasta luego”.

Robin Lakoff

Autora

Robin Lakoff

Brooklyn, 1942. Es una profesora de lingüística en la Universidad de California, Berkeley. Su libro 'Lenguaje y el Lugar de la Mujer' (1975) es con frecuencia acreditado por hacer del lenguaje y el género un gran debate en el campo de la lingüística y otras disciplinas. Su libro 'El Lenguaje de la Guerra' (2000) plantea un análisis lingüístico sobre hechos contemporáneos.

Traductor

Alcides Rodríguez

Alcides Rodríguez-Nieto es traductor certificado por la American Translators Association, de la cual ha sido miembro por tres décadas. En 1978 creó junto a su esposa Catherine In Other Words… Inc., una compañía que se especializa en traducciones del inglés al español y viceversa. Posee título de postgrado y ha recibido su formación académica en universidades de Estados Unidos y de América Latina. Vive en Oakland, California.