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02 de Jun de 2020

Cultura

Hablemos de sexualidad

N adie sabe cuándo se escribió el Kamasutra, pero muchos saben de qué se trata. Cuando el Señor de las Cosas creó al hombre y a la mujer...

N adie sabe cuándo se escribió el Kamasutra, pero muchos saben de qué se trata. Cuando el Señor de las Cosas creó al hombre y a la mujer les dio mandamientos sobre la Virtud, la Riqueza y el Amor.

Las reglas quedaron resumidas en cien mil capítulos que rescató para la humanidad el portero del dios Shiva, que tenía la mala costumbre de escuchar lo que decían el dios y su esposa Parvati cuando el amor era asunto de las deidades y se hablaba en sánscrito pero se hacían las mismas cosas que se hacen ahora. Y dos mil años después el país donde se escribió el Kamasutra es escenario de un debate naturalmente apasionado sobre educación sexual a estudiantes, aunque (en India como en muchos países de América Latina) la oposición moral a este tipo de enseñanza tiene más ruido que nueces.

Tanto en India como en América Latina, lo primero que dicen los críticos es que sólo los padres tienen derecho a hablar con sus hijos sobre el sexo, sus misterios, sus males y sus maravillas. Pero la verdad es que pocos padres lo hacen.

Hoy en día los jóvenes aprenden lo que saben sobre el sexo por lo que oyen de sus pares y hacen con ellos. No son muchos los padres que se atreven a hablar sobre el tema porque no saben qué decir, y porque mencionarlo sería romper un tabú y aceptar que padres e hijos tienen una vida sexual. Otros se limitan a repetir lugares comunes aprendidos en el púlpito o en el confesionario, o a brindar fórmulas que no funcionaron cuando los padres mismos fueron jóvenes y hacían lo mismo que hacen los jóvenes ahora.

Para ellos, como para sus padres y los padres de sus padres, el sexo es algo incómodo y prohibido sobre lo que no hay que hablar. Uno se pregunta cómo aprendieron ellos. Pero entonces no había enfermedades como las que hay ahora.

Si les damos educación sexual a los muchachos van a querer experimentar, se van a volver promiscuos”, advierten los críticos. Pero los críticos no son muchachos ni saben lo que hacen los muchachos, ni parecen tener idea de la biología. Nadie puede impedir que un joven lleno de las hormonas que endulzan la pubertad experimente con su propio cuerpo ni con los de otros.

Hablar sobre sexo, en la escuela o en cualquier otra parte, no significa impulsar la actividad sexual, de la misma manera que hablar sobre la revolución mexicana no significa promover un movimiento armado en México.

Pero cada vez que se han propuesto proyectos de educación sexual en las escuelas de México, como en otras naciones de América Latina, han surgido grupos laicos y religiosos que piensan que la ignorancia es bendición.

En India hay templos como el de Khajuraho, patrimonio histórico de la humanidad, cuyos muros externos están adornados con esculturas de hombres y mujeres en las posiciones clásicas del amor sexual y aun en algunas que no se conocen ni imaginan.

El arte indio está lleno de imágenes y al uso del cuerpo para el disfrute de los sentidos. Tal vez en eso pensaban quienes produjeron una guía gráfica para el proyecto conjunto de la UNICEF y la Organización Nacional de India para el Control del Sida (Naco, por sus siglas en inglés).

Pero no contaban con la oposición de grupos de mujeres, de religiosos y de políticos dispuestos a lo que sea con tal de que se retire el libro de educación sexual, que no por casualidad se llama “Conocimiento es poder”.

La Asociación de Maestros de Secundaria del estado de Uttar Pradesh amenazó con quemar los libros porque “son demasiado gráficos” y muestran ilustraciones relativas al crecimiento y las relaciones en el contexto de las enfermedades venéreas y el sida, además de que tienen un capítulo sobre lo que se necesita saber para no contagiarse.