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17 de May de 2022

Cultura

El último viaje del “Juana de Arco”

T La bandera tricolor francesa ondea sobre la proa, resguardada por dos torretas de 100 milímetros. Por encima del puesto de mando de la...

T La bandera tricolor francesa ondea sobre la proa, resguardada por dos torretas de 100 milímetros. Por encima del puesto de mando de la embarcación, un radar gira en medio de la plomiza atmósfera del mediodía, como si estuviera examinando el área. El silencio es casi absoluto, interrumpido apenas por la alarma de un montacargas en retroceso o un lejano sonido metálico originado en una de las construcciones que se realizan en el área.

Varios taxis transitan cerca de la entrada del puerto de Rodman. Los mismos llevan y traen hombres caucásicos vestidos con bermudas y camisas hawaianas: el típico atuendo de un turista que deambula por un país tropical. Cuando los ve acercarse, algunos cargando bolsas con mercancías recién adquiridas, un moreno regordete que trabaja en el muelle los recibe gritando: “¡Zidane!”. Inmunes al intento de jovialidad del hombre, los marinos continúan su camino bajo una llovizna que amengua paulatinamente. Después de una breve incursión en la ciudad, retornan a sus uniformes y deberes abordo del buque francés “ Jeanne D′Arc” (Juana de Arco, en español), que los espera anclado en las pacíficas aguas que bañan las riberas del Canal.

ESCUELA EN ALTA MAR

Construido entre los 1959 y 1961, el PH “Juana de Arco” entró en servicio activo en el año de 1964, iniciando así un recorrido de 1.8 millones de millas marinas (lo que equivale a nueve veces la distancia entre la Tierra y la Luna o darle la vuelta al mundo en 79 oportunidades), realizando aproximadamente 800 escalas alrededor del planeta. Durante casi medio siglo 6 mil 400 oficiales de la Armada Nacional de Francia se han formado en los estrechos pasillos de esta escuela flotante.

El pasado dos de diciembre este barco escuela comenzó su campaña de formación número 45, con 107 cadetes a bordo, los cuales tendrán la oportunidad de poner en práctica la teoría asimilada durante las clases, que se inician a las 8:00 a.m y finalizan a las 5:00 p.m. A los cadetes de la escuela de naval francesa se han unido otros provenientes de Brasil, Argentina, Chile y de varios países africanos. Junto a ellos también viaja el oficial de la marina panameña Leonel Alfredo Rodríguez Delgado, que acompañará a los cadetes y al resto de la tripulación, conformada por 586 marinos, en lo que será el último tránsito por el Canal de Panamá del “Juan de Arco”. Después de lo que será su paso número 19 por la vía interocéanica (lo que convierte al istmo en el país más visitado por la embarcación), el portahelicópteros hará escala en el puerto colombiano de Cartagena, donde desembarcará el oficial panameño.

“Para todos los marineros francesas, el ′Juana de Arco′ es un buque muy especial. Todos los oficiales de la marina estudiaron aquí. Es una experiencia única, ya que no son muchos los que tienen la oportunidad de viajar tanto tiempo y, sobretodo, tan lejos”, afirma el oficial de intendencia e instructor para cadetes Juan Bautista Góngora.

Para Muriel, una cadete originaria de la ciudad francesa de Burdeos, tecnologías como la internet ayudan a aliviar las prolongadas estadías en altamar, lejos de casa. Desde hace cuatro meses, la joven gala, una de las 20 mujeres que se encuentran a bordo del “Juana de Arco”, se prepara para algún día poder ser una mecánica de la marina francesa. Para ello recibe instrucción directa de parte de los aproximadamente 200 mecánicos que se encuentran a bordo.

SANTA GUERRERA

Al igual que Juana de Arco, la mártir francesa que fue quemada viva en el año 1431, el navío que lleva su nombre está capacitado para misiones tanto en tiempo de guerra como de paz. Ha llevado ayuda humanitaria a varios países que se han visto afectados por desastres naturales, como es el caso de Costa Rica, Guatemala y Honduras, después del paso destructor del Huracán Mitch en 1998; en territorio estadounidense, en el 2005, luego de que Katrina sumiera a la ciudad de Nueva Orleans en el caos. Con su equipo de 10 médicos y tres helicópteros, la nave estuvo presente después d el Tsunami que sembró la destrucción en Indonesia a finales del 2004. El oficial Góngora, nacido en Francia pero con descendencia española, se encontraba sirviendo a bordo del “Juan de Arco” cuando el capitán recibió órdenes cambiar de rumbo hacia a la zona del desastre. Fueron uno de los primeras buques en arribar al área. Góngora fue enviado junto algunos de sus compañeros a tierra firme para brindar asistencia y vacunar a los sobrevivientes, y con la misión de reconstruir algunas de las escuelas que fueron destruidas. “El escenario que encontramos fue horroroso. Había partes de la vegetación que habían sido quemadas por la sal, donde se podía ver hasta donde había parado la ola destructora. Yo esperaba encontrar a gente desesperada, pero me extrañé cuando los niños nos recibieron con sonrisas. Hasta el día de hoy no logro explicarme porque sonrían a pesar de lo ocurrido”, relata.

Además de las misiones humanitarias, el “Juan de Arco” ha participado en varias operaciones de patrullaje naval y de lucha contra el narcotráfico. En el 2008, la embarcación estuvo involucrada en la operación “Thalathine”, que concluyó con la liberación de 30 marineros de un velero francés que fueron secuestrados por piratas somalíes. En operaciones como éste, el buque saca partido de su dos torretas de 100 milímetros y sus seis rampas de misiles EXOCET, además de sus helicópteros Aloutte III que pueden ser armados con cañones de 20 milímetros.

ADIÓS AL MAR

El arribo del “Juana de Arco” a aguas panameñas forma parte de la última campaña de formación de cadetes que tendrá lugar abordo de este barco. Su capitán, Patrick Augier, un francés espigado y que pareciera estar siempre de buen humor, conduce a la nave hacia lo que será literalmente su destino final: el puerto de Brest, en Francia, donde fue construido. En esta localidad, a la que arribarán el 27 de mayo próximo, será retirado del servicio activo y desmantelado. “Es un hecho muy difícil para nosotros, dado que este buque forma parte del patrimonio de la marina y de toda Francia”, lamenta Augier, que en 1987 se gradúo de la escuela naval de su país.

Para Augier, quien posee un diploma en ingeniería atómica, el retorno a las costas francesas representará también el final de su carrera en altamar, ya que, como el mismo explica, después “del ′Juan de Arco′ no es posible capitanear otro navío. Es el fin”. Al parecer se trata de una tradición de la marina francesa, dada la condición especial del barco, que además de buque de guerra cumple las funciones de escuela naval. Aún así, Augier confía en que podrá permanecer varios años más sirviendo en la marina francesa, aunque probablemente sea en una oficina parisina y no al mando de un barco donde él y miles de sus compatriotas han podido forjarse como marinos y como hombres, en la libertad sin límites del océano.