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02 de Mar de 2021

Cultura

¿Es su hijo inquieto o hiperactivo?

Mi hijo es hiperactivo”, es una frase que suele escucharse de madres cuyos hijos son muy inquietos y difíciles de manejar. El término se...

Mi hijo es hiperactivo”, es una frase que suele escucharse de madres cuyos hijos son muy inquietos y difíciles de manejar. El término se utiliza indistintamente para describir aquellos niños traviesos que parecen no cansarse nunca y también aquellos que son diagnosticados con algún problema conductual. Pero realmente, ¿cómo es un niño hiperactivo?

“Se trata de niños que desarrollan una intensa actividad motora, que se mueven continuamente, sin que toda esta actividad tenga un propósito”, indica la psicóloga Lesbia González.

Esta hiperactividad aumenta cuando están en presencia de otras personas, especialmente con las que no mantienen relaciones frecuentes. Por el contrario, disminuye la actividad cuando están solos. Los niños son especialmente problemáticos, poseen un espíritu destructivo, son insensibles a los castigos, inquietos y nerviosos. También son niños difíciles de educar, ya que pocas veces pueden mantener durante mucho tiempo la atención puesta en algo, con lo que suelen tener problemas de rendimiento escolar a pesar de tener un cociente intelectual normal.

Añade la especialista que son muy impulsivos y desobedientes, no suelen hacer lo que sus padres o maestros les indican, o incluso hacen lo contrario de lo que se les dice. Son muy tercos y obstinados, a la vez que tienen un umbral muy bajo de tolerancia a las frustraciones, con lo que insisten mucho hasta lograr lo que desean. Esto junto sus estados de ánimos bruscos e intensos, su temperamento impulsivo y fácilmente excitable, hace que creen frecuentes tensiones en casa o en el colegio. En general son niños incapaces de estarse quietos en los momentos que es necesario que lo estén.

Hay una marcada difrerencia entre un niño afectado con este desorden y un niño inquieto. “Un niño que se mueva mucho a la hora del recreo y en momentos de juego, es normal. A estos niños lo que les ocurre es que no se están quietos en clase o en otras tareas concretas”, afirma González.

Con demasiada frecuencia, establece la especialista, los niños difíciles son clasificados incorrectamente como niños que sufren el trastorno de hiperactividad y déficit de atención y, por otro lado, muchos niños que verdaderamente sí lo tienen permanecen sin diagnóstico. En cualquiera de los casos, a menudo se pasan por alto las dificultades relacionadas con el aprendizaje o los problemas de estado de ánimo.

La Academia Estadounidense de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) ha publicado pautas para dar mayor claridad a este asunto. El diagnóstico está basado en síntomas muy específicos que deben estar presentes en más de un escenario y, si se sospecha la presencia de ADHD, se le debe hacer una evaluación clínica al niño.

La evaluación puede abarcar:

• Cuestionarios para los padres y profesores (Connors, Burks)

• Evaluación psicológica del niño y de la familia, incluyendo un examen de coeficiente intelectual y una prueba psicológica

• Evaluación mental, nutricional, física, psicosocial y del desarrollo completa

La hiperactividad infantil es bastante frecuente, calculándose que afecta aproximadamente a un 3% de los niños menores de siete años y es más común en niños que en niñas (hay 4 niños por cada niña). Se ha argumentado que la hiperactividad podría ser causada por una disfunción cerebral mínima, una encefalitis letárgica en la cual queda afectada el área del comportamiento, de ahí la consecuente hipercinesia compensatoria; explosividad en la actividad voluntaria, impulsividad orgánica e incapacidad de estarse quietos. YA en 1937 se descubren los efectos terapéuticos de las anfetaminas en los niños hiperactivos. Basándose en la teoría anterior, les administraba medicaciones estimulantes del cerebro (como la benzedrina), observándose una notable mejoría de los síntomas.