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05 de Mar de 2021

Cultura

El “nele” del rock

Un hombre ya entrado en los treintas, con cabello negro que le cae en rizos sobre la frente toca un piano de pared de color marrón. Detr...

Un hombre ya entrado en los treintas, con cabello negro que le cae en rizos sobre la frente toca un piano de pared de color marrón. Detrás suyo un individuo de aspecto bonachón, larga cabellera y piel broncínea rasga una guitarra. Ambos interpretan una música capaz de transportar a quien la escucha a comarcas lejanas y pacíficas. Súbitamente, el sonido de la guitarra acústica cesa y se escucha una voz que canta en un lenguaje desconocido, rompiendo el trance en el que nos había sumergido el dúo en su vaivén musical.

“La música de Audri Yala es experimental. Suele cantar en lengua kuna, pero algunas canciones son en inglés y español. Es como una música del mundo”, comenta el productor Carlos Iván Zúñiga, ex integrante de la agrupación de rock local Xantos Jorges, acerca del trabajo del músico vestido con suéter de Nirvana, jeans y sandalias, quien es un invitado frecuente en el estudio de grabación ubicado en calle “J”, La Gloria, en el corregimiento de Bethania.

UN TOQUE DE EXOTISMO

Carlos Iván, quien heredó su nombre de su abuelo, un ex diputado y ex rector de la Universidad de Panamá, define la experiencia de grabar con Audri en términos gastronómicos: “Es como traer una pimienta rara, una vaina muy exótica, como estar cocinando algo y de repente decir ′vamos a echarle un poco de Audri a ésto””.

Artistas panameños como los Rabanes y Cienfue han tenido la oportunidad de conocer de primera mano esta experiencia gourmet/musical. En 2008, el compositor Camilo Navarro, mejor conocido en el medio artístico local como “Cienfue”, grabó junto a Audri un tema totalmente cantado en lengua kuna. Con el título de Ann Nade (Me fui), la canción narra la historia de un hombre que se ahogó persiguiendo el fantasma de su amada, un relato inspirado en el folclor indígena.

La colaboración con Cienfue no pasó desapercibida para otro figura del rock nacional: el cantante Emilio Regueira, de la agrupación Los Rabanes. Audri, quien nació y creció en la Comarca Kuna Yala, se mudó durante su adolescencia a la ciudad de Colón. Allá lo fue a buscar el vocalista del colectivo chitreano para solicitarle que grabara una canción con ellos. A pesar de estar en presencia de un artista ganador del Grammy Latino, Audri, cuyo verdadero nombre es Isaac Brenes, se mostró renuente a aceptar la invitación de Emilio, argumentando que “ése no era mi estilo, yo me mantengo más ′undeground′”.

Finalmente, Los Rabanes lograron convencer al hijo de Avelino Brenes, quien en vida fuera pastor y gobernador de la Comarca Kuna Yala, de que colaborara con el trío en la grabación de “Chicha fuerte”, un tema en el que Audri ′rapea′ en su lengua nativa. “Cuando era chico viví un tiempo en Pedregal, en un gueto. No sé quien me enseñó a “rapear”, pero “parqueando” con la gente agarré su ′trip′”, asevera el compositor, quien tuvo la oportunidad de tocar en vivo junto a los Rabanes durante el lanzamiento del “Demons On Fire”, que tuvo lugar el año pasado.

Aunque tradicionalmente para el pueblo kuna el término “chicha fuerte” es sinónimo de fiesta y alegría, la canción aborda temáticas más serias como los efectos de la contaminación ambiental y del narcotráfico en la comarca. “Hoy desperté, no sé que va a suceder...” canta Audri en “Chicha fuerte”, haciendo referencia al clima de incertidumbre que lentamente se va apoderando de su tierra natal a raíz de la actividad de los narcos y del cual es testigo debido a sus frecuentes viajes a través del archipiélago, como organizador de tours ecológicos.

UN KUNA EN SUNDANCE

El tema de las drogas fue abordado también en la película “El viento y el agua” (Burwa Dii Ebo), que fue proyectada en la versión del 2008 del Festival de Cine de Sundance, en EEUU. Esta producción nace de la colaboración entre un colectivo de artistas kunas, conocido con el nombre de Igar Yala, y la directora norteamericana Vero Bollow. El largometraje, en el cual Audri realizó labores de casting , logística y co-producción, cuenta la historia de un joven indígena que se muda a la capital y trata de acostumbrarse a la caótica vida urbana. “Es la historia del choque entre dos mundos, el occidental y el indígena. En su intento por sobrevivir, el joven se mete en el mundo de las drogas”, detalla el vocalista.

NACE UN “CHAMÁN”

Cuando Audri nació comenzaron a ocurrir fenómenos extraños en la residencia de su familia, ubicada en la isla de Narganá. Durante las noches, se escuchaban murmullos y ruidos en el piso de arriba. Sus preocupados padres tomaron la decisión de llamar a un “nele”. “Es como un vidente, sicólogo y curandero a la vez”, precisó el ex integrante de la banda de rock “Wagan”.

No le tomó mucho tiempo al “nele” llegar a un dictamen: el recién nacido poseía el “don”. No obstante, Audri se vio despojado de sus dotes potenciales como “chamán” cuando, años más tarde, una de sus hermanas lo sometió a un ritual, del que asegura que fue como “borrar su memoria”. “En la noche yo sentía que me tocaban. Una vez sentí que una mano se posó encima de mi pecho”, indica el compositor, convencido de que en sus melodías todavía subsiste algo de aquel contacto temprano con el mundo espiritual.

EL FOLCLORE CÓSMICO

En cierta ocasión, Zúñiga se encontraba de paso por Costa Rica cuando un indigente se le acercó y le preguntó si era músico. “Era un tipo con barba, todo místico. Me dijo que el futuro de la música era la fusión de todos los géneros en el folclore cósmico”, rememora. Al parecer esta conversación marcó al guitarrista, tal como se puede percibir en el trabajo que realizó junto a Audri en la grabación del EP “Demo Dule”, que fue lanzado entre 2005 y 2006. “Él ya tiene que aterrizar un disco. Lo que le falta es una persona que lo apoye económicamente”, puntualiza Zúñiga.

Es evidente que el artista indígena no hace música con el afán de hacer dinero. Más ésto no quiere decir que vaya a rechazar los 50 dólares que un turista que pasa por el Archipiélago de San Blas y escucha su trabajo le ofrece por un disco compacto con canciones suyas a medio terminar. “Hay gente que no entiende un carajo de lo que estoy cantando, pero después se interesan por la letra y me pregunta por su significado. Pudiera intentar ser más popular, pero prefiero estar más tranquilo, más ′chill out′”, expresa.

Mientras el álbum debut de Audri ve la luz, Zúñiga continúa trabajando con él en su estudio. Está convencido de que, si es correcta la concepción de que la “música es magia”, para personajes como Aduri, que han sido tocados desde niños por la mística de un pueblo ancestral, debería ser más fácil conjurar el hechizo. A lo mejor espera extraer algo de este talento natural, de este inusual condimento isleño y añadirlo a su receta de “folclore cósmico”.