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29 de May de 2020

Cultura

La cortesía

Algunos piensan que las normas de cortesía son complicadas y difíciles, por lo que prefieren optar por la vía aparentemente más cómoda y...

Algunos piensan que las normas de cortesía son complicadas y difíciles, por lo que prefieren optar por la vía aparentemente más cómoda y sencilla, lo que significa, groserías y mala educación. ¿Por qué pasa esto? Habitualmente, porque no les importa, pero la mayoría de las veces por ignorancia.

Quienes no saludan, no contestan los saludos o se conducen con soberbia y vanidad, no son ni superiores ni mejores, simplemente no tienen educación y esconden con esa actitud una pobre autoestima, una valorización propia totalmente en ‘rojo’. Y no me refiero a la educación de escuelas y universidades, sino a la educación ‘de cuna’, esa que nuestros padres y abuelos nos brindaban en la casa antes de ir al colegio.

Porque se pueden tener muchos créditos de los mejores recintos educativos, pero según mi propio dicho, ‘más vale la educación en la boca que los diplomas en la pared’. El Diccionario de la Real Academia dice que protocolo es ‘la regla ceremonial diplomática o palatina establecida por decreto o por costumbre’. En palabras más sencillas, es ‘el arte de hacer bien las cosas siguiendo patrones de conducta o normas establecidas’. Esto tiene que ver con todos los ámbitos en donde se actúa, desde saber cómo comportarse en un evento social hasta cómo redactar una invitación, cómo hablar en público o cómo desenvolverse en una cultura diferente, cómo pedir un favor y cómo agradecerlo , cómo saludar a los demás aunque no todos sean agradables, porque las buenas maneras no quedan demostradas solamente por quien las recibe, sino por quien las ofrece.

La relación entre el protocolo, la educación y las buenas costumbres comenzó a tener importancia con el inicio de las monarquías, cuando era muy delicado para la nobleza el trato ante el Rey y fue necesario establecer una diferencia social con el pueblo. Dichas costumbres fueron evolucionando hasta nuestros días y siguen en uso, pues aunque las reverencias, el uso de sombreros y los besos de mano pasaron de moda, la educación siempre estará vigente. Cada cultura tiene sus propias normas de conducta y desconocerlas puede producir una mala percepción en sus anfitriones o invitados.

Nuestra educación se evidencia por la manera como tratamos a los demás y como nos conducimos en la vida diaria. Tratar a todos con cortesía sin distingos de ninguna clase, dar los buenos días o contestarlos, pedir las cosas por favor y luego dar las gracias, son costumbres sencillas, básicas y necesarias. Son los pequeños detalles que hacen la diferencia.

No hacerlo, contrario a lo que muchos creen, lo convertirá en una persona sin educación... sin ‘clase’.