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18 de Jan de 2021

Cultura

Una vida post-guerra

PANAMÁ. La literatura norteamericana goza de una gran vitalidad. Autores como Wallace, Franzen, Auster, Morrison (para nombrar a los más...

PANAMÁ. La literatura norteamericana goza de una gran vitalidad. Autores como Wallace, Franzen, Auster, Morrison (para nombrar a los más conocidos) nos han entregado narraciones que son verdaderas joyas de arte. Y hay también autores con apellidos latinos que han contribuido a narrarnos un país con una historia tan contradictoria como fascinante, tan inmensa como muchas veces incomprendida.

Pensemos en escritores como Óscar Hijuelos y Junot Díaz, que, con sus historias, enriquecen esa literatura con nuevas variaciones. Pero si la escritora Sigrid Núñez posee un apellido latino es porque como la protagonista de su primera novela, Una Pluma en el Aliento de Dios (1995), tiene un padre chino-panameño que, en los Estados Unidos, adoptó el apellido de su madre panameña (con quien no había crecido) a la hora de nacionalizarse norteamericano, después de haber sido un soldado estacionado en Alemania durante en la Segunda Guerra Mundial. No es una novela más de inmigrantes que enriquecen el llamado ‘polting pot’ norteamericano.

Tampoco se la puede designar simplemente como un Bildungsroman, a pesar que tiene los grandes rasgos de este género porque asistimos al crecimiento y al descubrimiento de la protagonista de su entorno. Y el suyo propio. La obra narra la historia de una familia, de un chica nacida en New York, de padres inmigrantes que, lejos de realizar su sueño americano, se desenvuelven entre la nostalgia y la infelicidad de una madre que creció bajo el régimen nacional-socialista, que habría querido que todos sus hijos hubiesen sido alemanes, y de un padre que nunca logró integrarse o ser parte ni de su propia familia.

Entre ellos no hay lenguaje común o puente que los comunique. En esta especie de familia disfuncional, y alienados del país de acogida, la protagonista encuentra en el ballet el ideal de la armonía y de la belleza, para descubrir por sí misma que ese ideal es un poder determinado donde llega a sugerir que los zapatos de la bailarina pueden ser asociados con una erección, o con los pies vendados de las mujeres chinas.

En efecto, son los hombres quienes inventaron el ballet y pusieron a las mujeres en sus zapatos de baile y le quitaron la comida de la boca y, con una cierta desilusión, termina afirmando que la belleza, la que había sido su ideal, tiene un gran enemigo: el tiempo. Una pluma en el Aliento de Dios ya anuncia a la excelente narradora que es Núñez, cuyas novelas, por sus temáticas y problemáticas, nos describen a un país en toda su complejidad humana y social, más allá de las simples reducciones ideológicas o los panegíricos de moda.