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24 de Oct de 2020

Cultura

¿Tiene futuro el género de la tamborera?

¿ Qué es lo que mantiene vivo a un género musical? La respuesta parece sencilla: que las notas musicales salgan de la partitura que las ...

¿ Qué es lo que mantiene vivo a un género musical? La respuesta parece sencilla: que las notas musicales salgan de la partitura que las contiene, que generen sonido y que lleguen a través del aire a los oídos del público. Pero esta solo es parte de la ecuación. Estos sonidos musicales deben ser del agrado de quienes los escuchan, para así despertar sentimientos y generar una demanda que interese a los compositores a crear más temas que a la vez serán escuchados por un público cada vez mayor.

Así se dio a conocer la tamborera en la década de 1930, un género creado por Ricardo Fábrega. El compositor se dio a la tarea de crear un ritmo nuevo mezclando el tamborito con el danzón cubano. Al emblemático sonido de la percusión típica, sobre todo, de la caja, se le sumaron instrumentos como el órgano, muy de moda en aquel momento, vientos, batería y bajo eléctrico. Las líricas resaltaban la vida en el campo, las tradiciones y la nacionalidad.

¿QUÉ ES LA TAMBORERA?

La tamborera, establece el folclorista y percusionista Ricaurte Villareal, ‘es un género musical popular que combina la rítmica de la danza caribeña y el tamborito panameño, con una estructura textual, instrumental y melódica’. Aunque proyecta dejos, ademanes y expresiones propias del lenguaje folclórico, se acompaña por instrumentos propios de la música popular. Suele confundirse con el tamborito, pues mantiene el acento rítmico que le proporciona la caja, sobre todo con el tambor norte, por su cadencia, pero a diferencia de este, ‘cuenta con una composición orquestal y estructura en sus letras’. El tamborito, en cambio, es un género folclórico cuyas composiciones nacen espontáneamente y son interpretadas por una voz principal (cantalante) que interpreta las estrofas (algunas veces improvisadas) seguida por un coro que repite un estribillo.

A diferencia de otros ritmos nacionales, este no nació en el campo sino en la ciudad, se difundió a través de la radio, los discos de acetato, llenó pistas de baile de salones elegantes y su alcance superó las fronteras. Villarreal indica que la tamborera ha sido ‘el único género musical panameño reconocido a nivel mundial y además premiado’.

Al trabajo de Fábrega se sumaron compositores como Gladys de La Lastra (Tengo, tengo; Panamá soberana), Carlos Eleta (La aparición) , José ‘Pepe’ Zamora (De frente Panamá), Víctor Cavalli (La Cocaleca) y muchos más. La tamborera se dio a conocer en la voz de Maragrita Escala, Dalys Cedeño y a través de Silvia De Grasse llegó a toda Latinoamérica. Más adelante sería acogida por las voces de infinidad de intérpretes nacionales. Las versiones instrumentales más conocidas fueron las de Avelino Muñoz y Lucho Azcárraga con su famoso órgano Hammond.

Su éxito fue tan contundente que el tema La guayabita (Arturo Hassan) fue interpretado y grabado por el trío Los Panchos, La Cocaleca fue tema central de las presentaciones de Benny Moré, Pérez Prado, Bobby Capó e incluso Chayanne. Se escuchó Dice que me quiere en la voz de la chilena Monabell y De frente Panamá fue convertido en una salsa que bailaron todos los fanáticos de Oscar De León, por citar algunos ejemplos.

Sin embargo, pareciera haber caído en el abandono. Si al día de hoy usted le pregunta a algún joven si ha escuchado alguna tamborera, lo más probable es que este le diga que no. La tamborera dejó de estar en boga en la década de los setenta. En el gusto popular calarían para entonces los Combos Nacionales y entrando a la década de los ochenta, la producción musical nacional disminuiría notablemente debido a la proliferación de música enlatada; nacía la era de las discotecas móviles.

Un intento para realzar el género fue la creación por parte de Carlos Della Togna (q.e.p.d.) del Festival de la Tamborera en honor a su creador Ricardo Fábrega, desde 1992. El concurso, en el que participaron compositores e intérpretes nacionales y que se inició en Santiago de Veraguas fue acogido por Televisora Nacional que organizaba una gala en el Teatro Nacional. Pero por falta del patrocinio necesario dejó de transmitirse en 2003. No logró despertar el interés suficiente como para que se reflejara en altos niveles de audiencia.

Este escenario no mejoró cuando el 17 de junio de 1999 falleciera, víctima de un accidente de tránsito, el profesor José, ‘Pepe’ Zamora, prolífico compositor del género y el 27 de septiembre de 2005, luego de una larga enfermedad, falleciera Gladys De la Lastra, quien compuso temas dedicados a exaltar la soberanía nacional y quien dedicara infinidad de composiciones a la iglesia católica.

En 2007, Dalys Cedeño, quien fuera cantante principal de la Orquesta Once de Octubre, grabó con esfuerzo propio un disco compacto y un DVD con tamboreras, temas que la acompañaron en sus 40 años de carrera artística. En ese momento dijo a los medios que lo hacía ‘porque el día de mañana me retiro del escenario o me muero y no queda algo de lo que fui’. Sobre la situación del género dijo estar muy triste pues ‘no hay cantantes de tamborera, el festival que había se suspendió y los que concursan no quieren seguir cantando’.

¿DECLIVE?

Para el productor musical Ricky Ramírez, se trata de algo generacional. ‘Es música autóctona que viene con nuestra historia y que se ha perdido entre nuestras generaciones’, dice. Según Ramírez esto se debe a varias causas, ‘no existen medios masivos que la difundan y mucho menos, que eduquen al respecto’.

Yigo Sugasti, líder del movimiento de cantautores, ‘Tocando Madera’ establece que el problema no se queda en la tamborera, ‘es un tema generalizado con todos los ritmos panameños. La mayoría se desconocen por una falta de educación básica’.

Pero si en lugar de preguntar por tamborera los ponemos a escuchar, habrá varios que reconozcan algunos estribillos como ‘Guararé, Guararé, Guararé’ o ‘Dice que me quiere, dice que me adora, pero no me quiere ná’ y hasta se animen a corearlas. Son piezas que se escuchan en cualquier celebración folclórica, que en una boda hacen que el abuelo se levante de la silla, los tíos bailen con las sobrinas y las hijas con sus papás. Aun así, pocos reconocen estas melodías por su nombre.

Para Cristobal ‘Toby Muñoz’, secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Música, Artistas y Similares, no hay espacios para estas manifestaciones y si los hay, estos no cuentan con la difusión de los medios. ‘Se dan festivales, pero estos quedan en el mero evento musical comercial, no se desarrolla el talento’, dice.

En este tema coincide Carmen Cecilia Carrasco, voz de los principales temas que Gladys De La Lastra compusiera para la Iglesia Católica y quien desarrollara junto con Laura E. Navas Sánchez como tesis de licenciatura ‘Las Relaciones Públicas como instrumento para la Preservación y Divulgación del Festival de la Tamborera Ricardo Fábrega en Santiago de Veraguas’ en 1995. ‘Es un género muy querido que aun se escucha en nuestros pueblos, donde no hay difusión. Lo que ocurre es que no tiene el relieve internacional que tuvo en los años de Silvia DeGrasse y Lucho Azcárraga, pero no por eso debemos pensar que ha desaparecido’.

Para la intérprete, si bien el género ‘ha perdido vigencia como ritmo comercial, no la ha perdido como muestra de nuestra expresión cultural’.

CONOCER PARA QUERER

Ricky Ramírez considera que debe haber un relevo generacional a través del cual nuevos expositores le den luz renovada al género, despertando el interés de la niñez y la juventud.

Pero no se puede querer lo que no se conoce. ‘Hay que educar de una manera creativa y crear amor por el género. La tamborera es un género hermoso, lleno de sentimiento, con letras alusivas a nuestra campiña, si los carnavales se han podido convertir en una tradición que van de generación en generación, nuestras tamboreras pueden experimentar el mismo fenómeno’, dice Ramírez. ‘Solo hay que sentarse a pensar cómo llegarle a las nuevas generaciones’.

A esto agrega Sugasti que ‘todos los ritmos panameños deben ser enseñados a la población dentro de su educación formal. Por otra parte los concursos que estimulen el uso de este ritmo podrían ayudar a su difusión. Otra manera es que los compositores panameños empiecen a componer tamboreras, así como canciones cuya base rítmica sea de fusión y que tengan dentro de sus mezclas este cadencioso ritmo urbano’, detalla el cantautor.

Muñoz, por su parte, opina que hay que impulsar mucho más el folclor. ‘Que la gente sienta y se apasione con su música’, la apoya Carrasco. ‘Hay que luchar para que nuestras nuevas generaciones no pierdan esa emoción y cabe insistir en los eventos culturales, las clases de folklore que incluyan esta manifestación citadina de la música autóctona’, dice.

Otro elemento que juega un papel importante en la ecuación es apoyar a través de incentivos legislativos no solo a la tamborera sino a todos los géneros de música nacional, pues se prefiere lo que viene de fuera dentro de un contexto de éxito, por encima del desarrollo y la mediatización de los ritmos y el nuevo repertorio de composiciones panameñas.

Se trata de un trabajo de múltiples vías. Para que el público aprenda a disfrutar de este género, el compositor también debe conocerlo. A modo de conclusión, dice Sugasti, ‘necesitamos educar a nuestra gente a escuchar con criterio formado la música que se hace en su país y de cualquier otra nacionalidad, tenemos que educar a nuestros compositores para que dominen los ritmos nacidos en nuestro Istmo y urge legislar para que haya un balance en la difusión mediática entre la música panameña y la foránea’.

MODA O TRADICIÓN NOSTÁLGICA

Escuchar temas como ‘Chiricanita’ y ‘Tengo mi gallo pinto’ un 3 de noviembre no será extraño. Tampoco lo será en una reunión de expatriados, es como comerse un tamal en Navidad. Pero ¿debe mantenerse este género solo con la nostalgia o podría ponerse de moda? ¿Puede volver a las listas de popularidad o se convertirá en una especie de adorno de vitrina?

Para el productor Ricky Ramírez este tipo de géneros ‘siempre forman parte de la cultura de un país y nunca mueren’, pero no se ponen de moda. Coincide con él el profesor Villarreal, ‘la tamborera no es un objeto de moda, es un patrimonio musical que nos pertenece a todos y todas, por lo tanto hay que promoverlo’.

Carrasco nos recuerda que la razón por la que se dio el ‘fenómeno’ de la tamborera, fue por tratar de llenar una necesidad, de mediados del siglo pasado, por disfrutar de los ritmos alegres y populares de los toldos panameños (pindines), pero dentro de los clubes sociales de las clases más acomodadas, que no participaban de esos bailes. En esos tiempos no existían un Osvaldo Ayala, unos hermanos Sandoval, o muchos otros que ya han conquistado, con su talento y profesionalismo, escenarios de los más exigentes y de todos los niveles culturales. Es decir, la tamborera ya no tendría que cumplir esa función’.

Toby Muñoz opina lo contrario. ‘Se puede poner de moda cualquier género, es cuestión de evolucionar, se evoluciona hacia otras dimensiones y lo que está rezagado va a salir a flote, la música folclórica no siempre se va a quedar allí, va a salir’.

El mejor de los ejemplos es precisamente la cumbia, nuestra música de acordeón. ‘El músico típico batalló mucho tiempo en el campo para poder llegar a la ciudad, adecuó su música, logró introducirse en el campo comercial y ha tenido un éxito extraordinario. Pero fue a punta de pulmón, han luchado permanentemente’, dice el director musical.

Por lo pronto, el próximo 27 de septiembre se celebrará por primera vez el Día de la Tamborera, en homenaje a Gladys De La Lastra, decretado por el consejo Municipal de Penonomé, para el cual se tienen programados para este año dos eventos: el viernes 27 de septiembre en el Gimnasio Municipal de Penonomé a las 7:00 p.m. se interpretarán las piezas de Gladys De La Lastra para recordar sus composiciones de todo género, mientras que el sábado 28, a la misma hora y lugar se celebrará el primer Festival de la Tamborera Gladys De La Lastra. Una nueva oportunidad para que este género cultive compositores, enamore al público, se difunda a través de los medios, represente al país y no se convierta en una pieza de museo.