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10 de Apr de 2020

Cultura

El teatro independiente vulnera la polarización política en Tailandia

El teatro independiente en Tailandia es uno de los pocos ámbitos donde la expresión y la creatividad desafían la polarización política ...

El teatro independiente en Tailandia es uno de los pocos ámbitos donde la expresión y la creatividad desafían la polarización política del país, sumido en una recurrente oleada de protestas antigubernamentales.

Con la libertad que otorga el desinterés de las autoridades por este teatro minoritario, el director tailandés Nophand Boonya parodia la manipulación política y periodística a través de su obra "Utopian Malady" (Mal utópico), que mezcla la crítica social con el humor cáustico.

Nophand, que también escribió la pieza, explica a Efe que su intención era reflejar el cinismo, la filantropía o la estupidez humana en el rico contexto político y mediático que ofrece la Tailandia de la corrupción, el hiperconsumo y las telenovelas.

"También escribo guiones para cine. Pero ahí no encuentro la creatividad, el talento y la libertad que hay en el teatro independiente, donde puedes ir más allá. En el cine o la televisión, los artistas se convierten en herramientas comerciales", reconoce el director.

"Utopian Malady", que se ha exhibido en el Teatro Pridi Banomyong de Bangkok en las tres primeras semanas de enero, relata el secuestro de tres escritores por una banda de encapuchados, que los obligan a ayudar al primer ministro a librarse de un escándalo.

La muerte de una joven por sobredosis de drogas en compañía del hijo del jefe del Gobierno sitúa a éste al borde de la dimisión. Los escritores, interpretados por Pattarasuda Anuman Rajadhon, Pawit Mahasarinand y Robin Schroeter, son torturados para que accedan a inventar una historia que limpie la imagen del primer ministro y su hijo ante la opinión pública.

La historia parodia la obsesión de muchos tailandeses por las pieles blancas, las telenovelas y la facilidad con que se manipula al público y la verdad a través de los medios de comunicación. "No son los políticos, lo que hacen o las ideas que nos repiten. Es cómo somos nosotros. Sabemos que los partidos políticos son una mierda, pero nos gusta esta mierda, porque los seguimos votando", asevera Nophand, que este año cumple 34 años.

Según el director, la gestación de "Utopian Malady" coincidió con la oleada de protestas antigubernamentales el pasado noviembre, lo que le ha servido como "reclamo publicitario", aunque insiste en que su motivación principal es la ética de las personas y no tanto la gresca política.

"Mi idea era escribir una obra con tres actores, una comedia de una hora con mucho diálogo, algo de baile, coreografía, y elegí la política como contexto", precisa el autor. "Todos buscan respuestas, pero al final el asunto no va ni siquiera sobre los personajes, los tres escritores.

El juego lo controla alguien más, y detrás de este alguien hay otra persona. La pregunta es: ¿quién controla todo?", argumenta Nophand. La obra de teatro refleja la ingenuidad de muchos tailandeses que creen ciegamente lo que les dicen sus líderes políticos y la versión de la realidad filtrada a través de los medios de comunicación.

En las protestas en Bangkok, los medios de comunicación han sido criticados y presionados por el líder de los antigubernamentales, Suthep Thaugsuban, quien ha iniciado una cruzada contra el sistema político, que considera corrupto.

Suthep, que quiere que un consejo no electo sustituya al Gobierno sin pasar por las urnas, representa a las clases medias y altas y al electorado sureño opuesto al ex primer ministro Thaksin Shinawatra y sus aliados, quienes han ganado todos los comicios desde 2001.

Tailandia arrastra esta crisis política desde el golpe de Estado de 2006 contra Thaksin, quien evita desde el exilio una condena por corrupción en su país. "El problema de Tailandia es que necesitamos respetar la opinión de los otros. Mucha gente acaba con amistades de toda la vida, porque son de otro color político", apunta Pawit, que da vida en la obra a un escritor cínico, dispuesto a todo para salvarse.

"La democracia es un sistema donde todos podamos convivir. No hace falta que durmamos juntos, aunque mis padres sí lo hacen y disienten en muchas cosas", afirma con ironía el actor y crítico teatral.