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19 de Oct de 2020

Cultura

Picasso en la tina del baño

Durante 17 años el lente de David Douglas Ducan documentó y testimonió la vida artística, familiar y política del pintor malagueño

Cuando el fotógrafo David Douglas Duncan visitó la casa de Pablo de Picasso tuvo la impresión de que entraría en contacto con el mundo íntimo de un personaje diferente e insólito, a juzgar por las imágenes que había visto anteriormente.

Así que Duncan franqueó la entrada del inmueble en Cannes, ubicado al sur de Francia, encontrándolo en una tina de baño. El artista le recriminó el no haber subido con la cámara. Por eso buscó su equipo y le tomó una fotografía.

La inusual instantánea comenzaría una relación de amistad que duraría cerca de 17 años, durante los cuales este experto gráfico norteamericano, reportó la Segunda Guerra Mundial y las siguientes conflagraciones en Corea y Vietnam. Asimismo, documentó y testimonió la vida artística, familiar y política del pintor malagueño, a quien atrapó en sus momentos de mayor intimidad.

El recuento de esta experiencia ses el tema de la exposición Picasso revelado por Duncan , que tiene como escenario el Palacio de Bellas Artes, en la ciudad de México. La muestra consta de unas 160 imágenes tomadas por la cámara del fotoperiodista, y alrededor de 115 obras del prolífico artista, que incluyen desde dibujos a lápiz sobre papel, pinturas en técnicas como pastel, litografías, linograbados, esculturas, cerámicas, platos, hasta su paleta.

ENTRE ARTISTAS

Este trabajo no hubiera sido posible de no existir entre Picasso y Duncan una relación de confianza y respeto mutuo, que surgió desde el instante que se conocieron. El ingenioso fotógrafo fue el depositario de los secretos menos conocidos del pintor, como el proceso de concebir sus obras en el contexto de los talleres. Logró plasmar, además, su vida familiar, sus juegos, el buen humor y hasta las preocupaciones ideológicas que le envolvían y que Duncan supo captar y dejar para la posteridad.

‘Mis cámaras lo estuvieron asediando literalmente cada minuto del día. Ninguna fotografía fue arreglada o fingida para darme gusto; ninguna mano se levantó oponiéndose a alguna de mis tomas. Cada imagen fue tomada con luz natural y bajo las condiciones precisas en las que el maestro trabaja y vive’, afirmó Duncan como explicación de ese proceso creativo con Picasso.

TÉCNICA Y GENIO

Duncan plasmó al artista plástico a través del procesamiento técnico de plata sobre gelatina. Picasso aparece solo, reunido con artistas o colegas, con sus hijos y hasta en la corrida de toros. Hay dos secuencias, una en que aparece durante dos días en el desarrollo de la pintura La cabeza , basada en una pequeña escultura de metal, ‘Cabeza de mujer’ (48 horas seguidas). La otra, es con ‘Los bañistas en la Garoupe’.

Lo que agrega belleza y complementa el resultado de lo plasmado por el fotógrafo es la colección de múltiples obras de Picasso que se exhiben y que demuestran la dimensión prolífica de su legado. En las paredes de la galería cuelgan nueve de los 26 grabados de la serie La tauromaquia , lograda luego de una jornada taurina en un pequeño poblado español. Ese día Duncan asistió y recuperó las imágenes del recorrido del pintor por las calles con su esposa, hijos y artistas como el poeta Jean Cocteau, entre otros.

Además, se aprecian platos en varios tipos de cerámica, normal y blanca; como aquellos que empleó en una comida de mariscos que lo inspiró a utilizar el esqueleto del pescado para diseñar un adorno en el fondo de esta vajilla sui generis . También recurrió a azulejos manufacturados con un barro especial, que tienen figuras de rostros.

De pie, aparecen cuatro esculturas en bronce que representan una cabra, una mona con cría, una cabeza con casco y un rostro con máscara.

El lente ha capturado las ágiles manos en la producción artesanal, o los dedos que se aferran al pincel mientras dan forma a la imaginación del creador incansable; su mirada inquieta al contemplar la obra, los hijos, a Jacqueline, su segunda esposa; una conversación con Ives Montand y Simone Signoret y otros, sobre la invasión de la URSS a Hungría; el momento en que juega con el sombrero de Gary Cooper o se pone un penacho indígena.

Esta exposición no deja dudas sobre la dimensión de estos dos hombres, que hicieron de la representación de la realidad, de los impulsos de los sentimientos o la fantasía, un producto para dejar huellas perennes de la evolución de la humanidad durante el siglo XX, de sus manifestaciones creativas. Tampoco podían faltar instantes que se deben recordar por su significado.