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28 de May de 2022

Cultura

Cuba y los artistas del tabaco

Hay un poco más de 20 marcas o tipos de habanos en la industria cubana, reconocibles por su etiqueta

Ángel Martínez y sus compañeros toman las primeras hojas, las extienden y luego empiezan a armar los habanos. Cada uno es cubierto por una cobertura o capote, y se les coloca en una especie de molde de madera acanalado que les otorga la forma definitiva. Allí reposan como media hora y luego el torcedor toma cada rollo y lo envuelve en la última hoja, cuyo final se pega con una goma llamada ‘tragacanto’.

Esta última envoltura es cortada con una cuchilla llamada ‘chaveta’, gorda y semicircular, con un solo filo. También se corta el extremo con una especie de guillotina. Los habanos pasan, luego, por una especie de guillotina, mientras se someten a un primer control en una máquina ‘fumadora’, que analiza cómo pasa el aire dentro del habano. Un promedio que es considerado óptimo es aquel que se sitúa entre los 40 y 80 milibares, según cuenta Yordy, un obrero. Arriba o debajo de esa medida, son devueltos.

El ‘torcedor’ prepara grupos de 25 unidades que se envían a otro control de calidad donde se verifica hasta el diámetro. De allí se llevan a una sección para el análisis y separación por colores; son ocho y cada uno de ellos tiene otros ocho matices que permite una gran variedad de 64 opciones. En cada caja irán ejemplares semejantes.

Aquí también se les pone la anilla de papel que informa sobre la denominación. Estos anillos son una costumbre que data del siglo XIX, cuando los fumadores se quejaban que al fumar se les manchaban los guantes blancos. Ahora, representan la marca y casa productora. Hay un poco más de 20 marcas o tipos de habanos en la industria cubana, reconocibles por su etiqueta, pero también por la forma, dimensión, color y hasta el tipo de punta o remate.

La nómina a la que pertenece Ángel labora ocho horas diarias con un receso al medio día para el almuerzo. Es un trabajo arduo, sobre todo en estos tiempos que el mercado ha decrecido. Pinar del Río aporta el 70% de la producción cubana y es el principal suministrador de esta industria del torcido con destino a la exportación.

Osvaldo Encarnación, vicepresidente del Grupo Tabacuba, del Ministerio de Agricultura, dijo en octubre de 2009 que ese año la campaña de siembra tenía ‘características especiales porque la contracción del mercado redujo las exportaciones y nuestros ingresos, que estaban deprimidos ya por las afectaciones de los últimos huracanes’.

Entre los años 2009 y 2010 la exportación bajó de 28 mil 200 a 19 mil 800 quintales, pese a que la producción se acercó a 550 mil quintales, 100 mil más que en el periodo anterior. En el 2008, el valor de la exportación alcanzó 246 millones de dólares, en atención a cifras oficiales.

Los ‘vegueros’ de esta provincia prestan especial atención a la siembra ahora, con el propósito de cerrar con mil 300 caballerías plantadas de la hoja, de acuerdo a un análisis periodístico de José A. Senante. Para tal efecto, se ha optado por el sistema de semilleros tecnificados y la siembra de doble hilera cada cinco surcos. Según Ana López García, directora de mercadeo de Habanos, S.A., por su excelente calidad, ‘continúa siendo el más demandado también; a tal punto que, excluido Estados Unidos, estamos en más de 150 países o sea, más del 75% de la cuota del mercado internacional’.